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01 mayo 2020

Flotando nada puede tocarnos

Veranos de soles blancos. Eso es lo que me inspiras, amiga.

Hoy es tu cumpleaños y en esta ocasión la realidad parece un poco más oscura de lo normal: puro nervio, taquicardia y mala onda. Los malos augurios y un vaso que parece medio vacío.

Pero ya me conoces, Sil. Yo siempre tiendo a la alegría y, aunque sea miope y no vea mucho, mi oído es fino y escucho con claridad al universo gritándonos que disfrutemos del camino.

Eres la persona más resiliente que he conocido nunca, y me da mucha rabia que en tu larga lista de personas a las que admirar nunca añadas tu nombre.

Estoy segura de que pronto saldremos de esta, volando a los mandos de nuestra cápsula interestelar.
Y volveremos a hacer concursos sobre quién está más morena, y me ganarás otra vez, como siempre.

Reiremos a carcajadas, nos acordaremos de esa Juanita pidiéndonos papas, te cantaré canciones ridículas y volveremos a abrazarnos en Valencia, en Málaga o en  cualquier planeta de mar helado. Juntaremos tus intensidades con las mías y construiremos una INTENSIDAD mu gorda que sólo comprenderemos nosotras. Me hablarás de libros que no he leído, de películas que ni me suenan y de música que no entiendo, y yo te enseñaré memes chorra como alarde de esa amplia cultura general que me caracteriza.


Pero hoy seguimos luchando contra la ansiedad, y por eso yo vengo a regalarte esta canción para ver si consigo sacarte una sonrisa, porque tú siempre me recuerdas al hombre que quería volar pero no sabía cómo.

Feliz cumpleaños, amiga mía. Eres una inquebrantable piedra preciosa en el hiperespacio.


05 diciembre 2018

Relojes.


Cuando yo tenía doce o trece años pasaba las tardes sentada en las escaleras del bloque de mi urbanización. Allí nos reuníamos todos los niños del barrio sin necesidad de whatsapp ni mensajes por facebook, simplemente íbamos bajando de forma escalonada cuando terminábamos de comer y de hacer los deberes.
Nos dedicábamos a charlar, contar historias de miedo y, si acaso, vaciar paquetes de pipas o devorar poloflashes Kelia de los de dos sabores, que eran los mejores. Disfrutábamos simplemente de nuestra compañía, y se podría decir que aquellas fueron las tardes más felices de mi vida.

En aquellas estábamos un viernes después del colegio cuando se me acercó un chico (llamémosle Adolfo, del bloque dos) y me dijo, muy serio: "Bea, ¿quieres que intercambiemos los relojes este finde?". Yo tenía un Casio súper molón que me había traído mi padre de sus viajes por los Mares del Sur, así que aquella pregunta no me chocó tanto y me pareció natural que el chico quisiera presumir con mi reloj delante de sus amigos de tenis. 


-Vale, - contesté yo, sonriente- pero el lunes me lo devuelves.


Todos los demás niños se giraron hacia nosotros con los ojos muy abiertos para no perderse detalle de nuestra conversación, cosa que yo no terminaba de comprender muy bien pero que me hizo feliz por ser el centro de atención aunque fuera por un ratito.

El intercambio se llevó a cabo, pasó la noche del viernes y el sábado por la mañana ya me había arrepentido. El reloj de Adolfo era grande, demasiado para mi muñeca minúscula y debilucha. Además era negro, feo y con unos botoncitos que se me enganchaban en la ropa y en el pelo cada vez que yo me movía, por lo que decidí guardarlo en un cajón hasta el lunes. Total, Adolfo no se iba a enterar.
Me puse a ver los dibujos animados y de pronto llamaron a la puerta y mi mejor amiga entró corriendo en mi habitación, saltando histérica. Le pregunté que a qué venía tanto alboroto y ella me respondió, mirándome como si fuese lo más evidente del mundo: "PUES QUE TIENES NOVIO".


- ¿Pero qué novio?,- respondí yo, divertida y extrañada. -si a mí no me gusta nadie. 
Ya lo tenía yo  todo cristalino por entonces. 

- ¿Pero no te ha dado Adolfo su reloj?".


Me quedé pasmada con esa cara de estupor idiota ante lo sorprendente que me caracteriza, 
y entonces algo hizo clic en mi mente y lo comprendí. El intercambio de relojes era en realidad una táctica ancestral de acercamiento romántico de la que yo no había sido consciente hasta ese momento, y de la que había participado sin querer tan sólo por ser maja.


Así que encima a Adolfo ni siquiera le gustaba mi reloj.

Estuve un rato pensando en cómo me enfrentaría al problema el lunes, cuando viese al chaval. ¿Le digo que nuestros mundos son muy diferentes y que nuestro amor nos haría desdichados? ¿Que quiero centrarme en mi carrera y sacar todo sobresalientes? ¿Que nuestras familias no verían bien nuestra historia?
Al final opté por decirle la verdad: que no sabía lo del intercambio y que me parecía fatal que no hubiese sido claro, porque encima yo no quería para nada su reloj.  O sea que además de romperle el corazón, le eché la bronca.

Y aunque ahora me entre la risa floja cuando me acuerdo y piense que fui un poco cabrona, la verdad es que no me arrepiento. Me sigue gustando muy poco que me mareen.


Y así me va. Ya nadie quiere intercambiarme nada.




PD: Adolfo, si me lees, espero que encontrases a una chica maravillosa que quisiera llevar tu horroroso reloj. No fui digna, de verdad.



19 enero 2018

Menos hostil.

Es difícil. Sé que vivimos en una época complicada económicamente para (casi) todos, en la que cada día nos bombardean con malas noticias y en la que la gente mala deambula impune por doquier.
El otro día lo hablaba con un amigo que se dedica a ayudar a las personas (simplificando mucho su trabajo, claro :P) y me dijo que la mayoría de los que van a su consulta tan sólo necesitan a alguien que les escuche. Que la gente en general se siente sola, perdida, asustada. Que no menosprecie el poder de un abrazo.

Y se me ha ocurrido que, en este 2018 en el que me he propuesto echar un cable en la medida de mis posibilidades a todo aquel que me necesite, podría usar este blog al que tengo medio abandonado para algo más que hablar de mí.

Por eso os dejo los comentarios de este post abiertos para escribirme contando lo que queráis. Si tenéis un problema y necesitáis consejo, si estáis pasando por un momento difícil y os gustaría que alguien os escuchase y apoyase, si tenéis miedo por lo que sea y no sabéis a quién recurrir. Si buscáis algo que no podéis encontrar. Si no sabéis cómo solucionar un problema. Si os sentís solos.
Yo no soy psiquiatra, psicóloga, doctora ni trabajadora social, pero puedo escuchar o dar mi opinión. Y seguro que algunos de mis lectores sí lo son, y también os pueden ayudar. No sé... si tenéis miedo de dejar vuestros datos, podéis comentarme en anónimo.  Además recordad que tengo la moderación de comentarios, así que nadie podrá publicar ningún texto ofensivo o agresivo o poco respetuoso.

Yo no os prometo la solución a vuestros problemas, (yo misma soy un verdadero desastre) pero al menos sí me comprometo a no dejaros pasar por lo que sea solos. No estáis solos. Yo, Beatriz Zubeldia, soy una mujer de 36 años que os lee con atención. Que jamás se os olvide que aunque parezca frío hablarle a una pantalla, los que os leen al otro lado son personas que alguna vez se han podido sentir de forma parecida a la vuestra.


Y a los que me leéis desde siempre, os pido respeto y cariño infinito. Que sé que no es necesario porque mis lectores son lo más, pero lo digo por si acaso. Empatía. Somos muchos, señores. Entre todos podemos hacer algo grande.
Convirtamos la blogsfera en un lugar un poquito menos hostil a base de abrazos virtuales, aunque sea temporalmente.

Un besazo.

30 enero 2017

Veinte años no es nada

Dentro de relativamente poco tiempo se cumplen veinte años desde que terminé el bachillerato. Te cagas. Si alguna vez me habéis visto como una chavalita jovial y pizpireta, dejémoslo en mujer pizpireta desde ya. 

Veinte. Veinte añazos en los que no sé qué narices he hecho con mi vida, si os soy sincera. 
Mis amigos de toda la vida, que son el grupito de frikis con los que me refugié durante mis años escolares, ya están hablando de que habrá una comida de antiguos alumnos en el colegio y que nos reuniremos todos. Que además irán los profesores y las monjas, y a mí me ha entrado un miedo horrible. No sé si calificarlo como miedo o angustia o preocupación... pero la cuestión es que no me apetece absolutamente nada acudir a tal evento.

Seguramente pensaréis que es porque me aterra llegar allí con mis taitantos añazos y sin novio ni expectativas de marido, sin casa propia donde caerme muerta, sin hijos, con un trabajo que me encanta pero que no me permite vivir más o menos bien sin andar agobiada cada mes, sin ahorros, pesando alrededor de 20kg más que en COU. Con un gato gordo como compañero de vida. Y sí, habéis acertado. Entre permitir que una panda de pijos imbéciles me juzgue o ser mordida por una cobra, tiro para cobra.

Pero si os digo la verdad, el verdadero motivo por el que no quiero ir a esa reunión del averno no es para evitar que se rían de mí, (hace tiempo que estoy curtida ante determinadas palabras); es porque yo no tengo nada que demostrarle a una panda de gente que me hizo la vida imposible durante 13 años. Gente que me tiraba piedras, que me insultaba, que me encerraba en los baños del colegio, que se burlaba de mí y me ponía motes -marciana, Beacop, Dumba, fea, no te toco ni con un palo-, que me hacía llorar por las noches pensando en lo que pasaría al día siguiente cuando tuviese que saltar al potro y me cayese. Gente que jamás me dio una oportunidad tan sólo por ser diferente, por mucho que yo me esforzara por encajar. Gente que me creó un complejo de inferioridad que aún arrastro cuando las cosas se ponen mal.

No siento ningún tipo de aprecio por el 95% de las caras que aparecen en mi orla de COU. Ni siquiera recuerdo sus nombres, y me parece mucho mejor así. Aquí en confianza os diré que en tardes tristes como ésta a veces me da por pensar que sigo en aquel colegio y que por eso no levanto cabeza.

Y no. No quiero pensar en ellos ni regalarles un minuto más de mi existencia porque encima la vida me restriega una y otra vez que no es verdad eso del karma, y no lo soporto. No importa si has sido un hijo de puta en el pasado si te lo montas bien. La mayoría de esas personas que me metía arañas en la mochila sabiendo que sufro aracnofobia ahora son doctores, abogados, empresarios, policías, propietarios de un pisazo en la urbanización de mis padres o similares. Tienen familias preciosas y vacaciones en agosto, y van a las reuniones de padres del colegio de sus hijos para defenderles cuando otros niños se meten con ellos. 

No, llamadme cobarde si queréis pero no quiero sentarme a comer a su lado, porque ellos probablemente no recuerden todo lo que yo sigo teniendo aquí dentro, muy bien guardadito. Admitámoslo: eso de comprarme un vestidazo  y unos tacones para la ocasión, ir a la pelu, contratar un gigoló buenorro para que me acompañe y llegar allí en plan triunfadora de la vida y que todo me salga genial sólo pasa en las pelis. La cruda realidad es que, si voy, serán muy amables conmigo y me dirán que qué guapa estoy y que qué hago para parecer tan joven, que claro, eso es porque no he sido madre.  Y yo sentiré como una mierda y me iré haciendo más y más pequeñita a cada segundo hasta desaparecer en alguna mota de polvo bajo el mantel.

Yo no necesito reunirme con nadie. Lo mejor de mis años de colegio son mis amigos los frikis, y a esos los he tenido siempre cerca desde entonces. 
Los demás, que coman todos juntos en los jardines del cole y beban vino y brinden por los viejos tiempos. Yo brindaré con un vodka, desde el bar, por los nuevos.


07 enero 2017

Regalos que me hizo la Navidad, 2016

Ha sido un mes y pico lleno de cosas buenas. Es curioso como, por muy malo que haya sido un año, la Navidad siempre me deja con buen sabor de boca... y eso que no soy creyente ni especialmente mística. Pero no sé,  hay algo mágico en el ambiente que no sabría definir que me hace terminar cada Diciembre con una sonrisa.

Mis gafas nuevas. La comida/merienda/cena de Navidad en la escuela con mis compis de curro, aderezada con el karaoke y el corre Sarah Coooonnor, te persigue el cybooorg. El concierto navideño del coro de Palma, berreando con Gabri desde la tercera fila (túmbala balalaikaaaa). Mi nuevo pelirrojismo anaranjado. La merienda hipercalórica con Patri y Adolfo y la posterior danza bajo la nieve falsa que olía a mistol. Vaiana. La tarde-noche con Nisi y sus amigos, y los vinos/tapas/risas/música. La cena en el restaurante hipster de la pachamanca y las algas falsas. La nochebuena con mi familia y ese sentimiento de seguridad al pertenecer a algo bonito. El Gintour, con esos bailes chorra y la cena chachins en el restaurante napolitano donde me sentí muy VIP. Las fotos haciendo el canelo con Jesús y mi grupito de siempre y esas conversaciones donde volvemos a nuestra infancia y acabamos llorando de la risa. El jamón. Volver a ver al marmoto aunque sólo fuera un ratito. La operación con éxito de mi amigo Sergi. La Nochevieja en bata con mi madre viendo a José Mota y comiendo turrón y las muertes en la liga pvp  del GW2 posteriores. Las conversaciones en los grupos de guasap con gente que quiero mucho aunque nos veamos poco. Mis fantásticos ahumados de ojos. Las luces de colores y el espectacular alumbrado navideño de Calle Larios, que más que una calle parecía la Discoteca Kiu. Las rutas de la sidra. El especial de Navidad de Sense8. Las tapas en el Raff. La felicitación preciosa de Casiopea. Haberle puesto cara a gente de bien con la que hablaba desde hacía meses.  Las tardes de peli-bata-gato. Los regalitos de Reyes. Mis vídeos de los viernes en las historias de Instagram, en los que lo más divertido es el making off y vuestros comentarios. El #30daymusicchallenge y el #30daymusicchallenge2.

Soy una oveja con suerte, al fin y al cabo. 





23 diciembre 2016

2016 Mashup

Un Enero extraño, tímido y asustado. Requisitos para ser una persona normal que no cumplo. Familia y amigos que me arropan. Me propongo el año del sí.
Febrero de nuevos amigos. De carreras con tutú. De San Valentín de cine en soledad y palomitas con el moquillo colgando. De revelaciones.
Marzo que empieza a clarear entre las nubes. Rencores reminiscentes cada día más débiles. Vuelta al trabajo duro, más acción y menos pensamiento. Clases particulares.
Abril imponente. Cumpleaños que hace olvidar todos los cumpleaños anteriores. Amigos, amigos, amigos. Amor diferente. Risas. Ibuprofeno. Otra vez señales con flores.
Mayo que trae el calor de nuevo. Paz. La promesa de la #operaciónNY2018. Say yay ay ay!.
Junio y la feria de la tapa. Gogós de playa y salmorejo. Bikini y mis lorzas al sol. Huelo a cambio. California dreamin. San Juan.
Julio y trabajo. Trabajo. Trabajo. Risas. Go, go, go. Sigue nadando.
Agosto y alguna desilusión, pero pequeña. Piel curtida contra gente helada. Kintsugi. El blog cumple diez años y estoy tan ocupada que ni lo celebro, pero está bien. Reuniones maravillosas en Granada. Feria.
Septiembre y el apogeo de Tinder. Adverbios. Cosas que quiero y que no quiero. Be myself again.
Octubre y gente que se va y que deja un vacío. Gente que llega. Vértigo repentino. Recuerdos que ya duelen poco. Nuevas friendzones que provocan risas miserables. Qué más da.
Noviembre y vuelta a la paz laboral. Comprender, de golpe, que todo puede pasar. Este año y los que están por llegar. La chica con todos los dones y Platania Conection.
Diciembre y corroborar que era cierto: in omnia paratus. Médicos. Hospitales. Preocupaciones. Unicornios que llegan y se van. Guasaps que salvan tardes y semanas y meses enteros. Amigos que vuelven a casa por Navidad. Reuniones bonitas. Cambios de look por fuera y por dentro. Miedos que se desvanecen y gafas nuevas. Años locos que terminan pero que no acaban para mí.

Gracias por todo, 2016. Por lo bueno, por lo menos bueno y por lo peor. Gracias por darme la oportunidad de vivir un año más, por las nuevas canas de mi flequillo y por haber podido aprender todo lo que he aprendido.

Y  a vosotros, amigos, os deseo unas felices fiestas y un 2017 cargado de cosas buenas. No sé qué nos depara el futuro... pero ya está aquí y, como bien dice Odin Duperyon,  más nos vale estar preparados :)




19 diciembre 2016

Bring him home.


Te vas a poner bien. Más que nada porque ya te he encendido la Vela de la Victoria, y ya tenemos el 80% hecho.

Pero tienes que poner un poquito de tu parte, ser valiente y luchar con ganas. Sólo un poquito más, va. Que todavía tienes muchos platos de los montes que comer. Y encima no me has visto de pelirroja aún. Y además ya le he hecho voodoo a ese enano cabrón y la próxima vez será la tuya.



A ver si con un milagro de Navidad conseguimos que dejes de ser un Grinch. 

04 julio 2016

Analfanautas.

Cada vez estamos más conectados con más gente de todo el mundo y, al mismo tiempo, más solos.
Internet es una maldición y una bendición: creemos que nos acerca a los demás cuando, en realidad, nos aísla.

Con tanta información que nos atonta y merma nuestra capacidad de raciocinio nos volvemos binarios y malgastamos las horas haciendo click, dando a me gusta, regalando RTs.  Y no me malinterpretéis: yo soy una adicta más. Me fascina lo rápido que se puede viajar cuando no se tiene dinero tan sólo escribiendo "Central Park" en el buscador google imágenes. Aprendo cosas cada día, actualizo mis conocimientos, me entero de todo. Sigo a periódicos digitales en Twitter, a las páginas de facebook de mis series estrella y a varios profesionales de diversos sectores de la actualidad que se ocupan de no hacerme parecer estúpida en los debates con amigos. Uso internet para mantener el contacto con amigos lejanos, al menos esa es la excusa oficial. Discuto por Twitter, me quejo y me indigno en 140 caracteres como los demás.
Pero cada vez estamos más solos, somos más intransigentes y nos cuesta más conectar de verdad, cara a cara, allí donde no tenemos botón de bloquear ni de mutear ni podemos cancelar compatibilidad cuando alguien nos cae mal. Tampoco podemos demostrar que estamos escuchando a la otra persona con un simple like, ni la vida dispone de notificaciones sonoras o vibración cuando nos estamos perdiendo un evento importante.
La vida está ahí, nos rodea, nos entibia la piel mientras nosotros nos hacemos selfies de espaldas al atardecer. Nos intenta llamar a voces mientras nuestro cuerpo nos avisa de que algo no funciona; a veces nos duele la cabeza, se nos enrojecen los ojos, nos volvemos un poco más taciturnos. Dejamos de ver. Miramos las cosas pero no las vemos a menos que sea a través de una pantalla.  Ya no sabemos disfrutar del sabor de la comida si no la compartimos por Instagram. El animal social deja de serlo.
Quedamos con alguien especial y sacamos el móvil cada tres minutos. Las conversaciones ya no importan, las miradas ya no cuentan, las sonrisas ya no valen nada si no forman parte de una perfecta pose. Ya nadie es especial. Ya no escuchamos voces, sino tweets.

Yo cada vez me siento más extraña en este círculo vicioso del que cuesta mucho salir. Y ahí estoy, enmedio de los pitidos del whatsapp, del "hablamos por skype", de los super likes o los bloquear de Tinder.  De esa mecánica en la que lo primero que miro cada mañana sea mi teléfono móvil (y lo último antes de acostarme), de los mails que me avisan de que tengo nuevos comentarios en el blog, de las aplicaciones que se supone que me hacen la vida más sencilla.
Echando de menos, sin embargo, el roce de una piel, las cosquillas en el estómago, las sonrisas cómplices. El detener el ritmo frenético de esta sociedad que nos impulsa a no vivir durante unos minutos y contemplar de verdad lo bonito que me rodea. Extrañando las voces de la gente que quiero y que veo poco, su olor. Añorando aquellos grandes momentos que se han grabado a fuego en mi memoria en los que, curiosamente, no había un whatsapp de por medio.
Preguntándome si todo esto de la Era de la Comunicación evolucionará más y más hasta hacerse imparable o si algún día volveremos a comunicarnos de nuevo.

Que lo mismo sueno muy anticuada para tener 35 años, pero creo que mi corazón es arcaico y no acepta la última versión del FlashPlayer.

10 junio 2016

Guapa de cara.

Desde que me quiero más, me quiere menos gente. 
Ya no ligo nada de nada, ni tengo mil mensajes de chicos pendientes de mí todo el rato como cuando tenía 25 años.

Desde que no escondo cómo soy realmente y dejo de ponerles filtros y censuras a mis fotos y a mi personalidad hay mucha más gente que se aleja de mí. Gente que, directamente, le da a no en Tinder cuando ve mi perfil y que sale de mi blog inmediatamente después de verme en una foto de cuerpo entero. Tampoco suelen quedarse los chicos que conozco en los chats, que vienen  a mi blog a ver si soy una mujer dócil y primorosa. Jamás se me acercan en los bares. Qué pena, con lo mona que es de cara.

Desde el día en que decidí dejar de tratar de gustar a todo el mundo me resulta mucho más difícil mantener mis relaciones, las de pareja y las de amistad. 

Desde que me niego a ceder cuando algo no me gusta, evito a las personas cobardes y pusilánimes y me quito de enmedio cuando algo me hace daño, estoy más sola. Ahora soy una borde, dicen. Es inevitable sentirme sola. 

Desde que dejé de entrar en tiendas donde mi talla era la mayor o, directamente, inexistente, tengo menos ropa a la moda y tengo que gastar mucho más dinero para vestir ropa que me siente bien.

Desde que dejé de contestar a todos los whatsapps, a todos los comentarios, a todas las llamadas de teléfono, a todos los cumplidos, a todas las quejas, a todos los consejos, a todos los reproches, etc, se me critica mucho más. Bruja. Zorra. Fea. Creída. Pava. Tonta del culo.

Desde que dejé de intentar adelgazar  inútilmente -nunca conseguí dejar de tener caderazas y culazo- y empecé a disfrutar de lo que me gusta engordo una media de 1kg al año, si no más. De seguir así, en 2030 seré un mamut.

Desde que aprendí a invertir mi tiempo libre en lo que me dá la gana, sin importarme lo extraña o friki que pueda parecer mi vida o si a alguien le parece bien o mal que me quede en casa, en bata, un viernes por la noche, me siento mucho más señora y menos en la onda que la mayoría.




Desde que me divorcié de castigarme a mí misma por mis errores, de sentir que nunca seré lo suficientemente buena para alguien y, simplemente, aprendí a aceptar que no soy perfecta, duermo mucho más tranquila por las noches. Lloro más a gusto. Abrazo mi histerismo.

Desde que encontré la solución para las rozaduras entre los muslos en verano, (el que quiera saber más, que me pregunte por privado) me importa mucho menos tener los muslos gruesos y nada de thigh gap.

Desde que ya no me da vergüenza ponerme un bikini y tirar para la playa, disfruto muchísimo más de mis veranos, me pongo más morena y tengo los huesos mucho más fuertes. Tengo estrías, tengo celulitis, tengo las rodillas feas. Y qué. Al carajo la osteoporosis.

Desde que me cuido más a mí misma y le doy menos importancia a las personas y las cosas que realmente no importan una mierda, me siento mucho más plena y creo que aprovecho mucho más mi vida. Invierto menos tiempo en lo que me pone triste y más en lo que me hace reír.

Como os decía, desde que me quiero más a mí misma, me quiere menos gente. 
Y ya me va bien.
Es un largo camino, el de aprender a valorarse a uno mismo. Estoy en mitad de una metamorfosis y el que me "quiera" menos gente ahora tan sólo es una muestra de que voy por buen camino.



Aquí una que se supone que está gorda que se ve buenorrísima. Lo de pava ya no lo niego.




26 abril 2016

Pero.


Ya llegué. Sabía que tarde o temprano pasaría, y parece que esta vez es el momento: estoy en medio de todo. En el "ni chicha, ni limoná". Ni pa ti ni pa mí.

Tengo 35 años: ya no soy una mujer joven, pero tampoco me siento una señorona muy mayor. En los sims ya habría dejado de ser un "adulto joven". Mi cara empieza a tener arrugas y, mi cabeza, canas. Mi mente sigue teniendo 20 años.


Peso lo justo como para no entrar en los vaqueros del Zara pero no lo suficiente como para mirar en tallas especiales. Las tiendas normales acaban en la 42, las especiales empiezan en la 44. Yo estoy ahí en el límite del bien y del mal con mi culazo y mi pechera que contrastan con mi cinturilla de avispa pava. Parece que no soy lo suficientemente delgada para unos, pero tampoco llego a gordibuena para otros. Me gusta mi cuerpo casi todos los días.

Para algunas personas estoy zumbada; para otras soy divertida. Ni cuerda ni loca, creo yo. He conseguido llegar a ese punto de locura necesario como para tomarme la vida con filosofía y no morir en el intento, pero sin llegar a estar para que me encierren. De momento. 

El pelo lo llevo ni corto ni largo: media melena, que les explico yo a mis guiris en las clases de descripciones físicas. Nunca hasta ahora lo había llevado así, ni por debajo de la barbilla ni por encima de los hombros. Tampoco había estado a caballo entre el castaño y el pelirrojo y ahí estoy ahora, en terreno de nadie.

No soporto los tacones ni caminar siempre con deportivas. Me he vuelto intransigente con las personas cerradas y cerriles. Las faldas las llevo por las rodillas y, el bolso, ni grande ni pequeño: que me quepa todo sin sentirme mula de carga. Sé lo justo de cocina como para no morir de hambre. He viajado lo suficiente como para ser consciente de que necesito viajar más. Cuando como algo dulce me apetece algo salado. He leído los libros justos como para sentirme ignorante, y he conocido demasiadas personas buenas que en algún momento del camino dejaron de serlo. 
Me sé la letra de muchas canciones que ya no hablan de mí; he perdido el gusto musical hasta el punto de escuchar cada día un estilo diferente y enamorarme de un cantante nuevo cada tarde.

Tengo algunas cosas muy claras, pero aún no sé lo que busco en la vida. Sé lo que no quiero, pero no lo que quiero. Camino siempre adelante pero sin tener claro hacia dónde. 
Soy feliz y no. Me siento afortunada casi siempre. 

Adoro escribir en el blog pero a veces detesto que me lean. 

Soy una mujer buena que se ha comportado mal y ha tomado malas decisiones alguna vez. No hay quien me entienda, pero eso me gusta.


No quiero estar sola. Pero.






25 abril 2016

35


  • Las tres tartas de cumpleaños.
  • Los 30 amigos que han venido desde Mallorca, Valencia, Madrid, Granada, Jaén y Málaga para estar conmigo en mi fiesta.
  • Muchas risas y varios disfraces.
  • El maravilloso hashtag #cumplerizos
  • La sorpresa de Gordipé.
  • El catwalk por la alfombra roja de luces.
  • It's not unusual.
  • El coctail multicolor especial rizoso.
  • Los regalos. 
  • Nueva York más cerca gracias a vosotros, que me conocéis bien y sabéis cómo hacerme feliz.
  • Las bromas con los bares gays, mis amigos guapos, Crepúsculo, 50 sombras de Grey, los interruptores de la luz del baño y los polvos de cortesía.
  • El photocall de Al Salir de Clase.
  • Mi día familiar eligiendo regalos cual ricachona por un día.
  • Las mil notificaciones en fb, tuiter e instagram de gente que se acuerda de mí y me lo llena todo de ovejas.
  • El sentirme querida de verdad.
  • La parrillada argentina.
  • El pedazo de vídeo promocional que nos marcamos Paulo y yo.
  • El haberme podido pillar el día libre aunque sea lunes, como los famosos.
  • Levantarme con 35 años y seguir viéndome igual de joven, hermosa y pava que siempre.
  • Comprender que quien te aprecia de verdad mueve cielo y tierra por ti si es necesario. Entristecerme un poco por lo de algunas personas, pero alegrarme millones por lo de otras. Tomar decisiones importantes.
  • Seguir rellenando el año con experiencias nuevas y locas.

Estos 35 se presentan bien. A ver qué pasa ahora.


03 abril 2016

De lo de morirse.

Los que me conocéis más sabéis que esta semana he pasado por una experiencia de esas que te dejan tocada y triste y que te hacen pensar y replantearte el sentido de la vida. Yo no soporto pensar en la muerte; quizá porque no soy religiosa o porque simplemente me agobia, pero intento recordar lo menos posible que algún día voy a estirar la pata. Sé que eso está ahí, que llegará, pero no lo tengo presente ni quiero pensarlo.

Por eso cada vez que me siento en uno de los sofás del cementerio me replanteo muchas cosas. ¿Qué pasará cuando yo me muera? ¿Quienes estarán aquí, llorándome? ¿Habré vivido muchos años? ¿Habré sido feliz? 

Y siempre llego a la misma conclusión: no quiero tristeza. Todos morimos. Es algo natural y necesario, inevitable, y aunque también sea inevitable lamentarnos y sentirnos tristes cuando alguien a quien queremos se va -por lo mucho que le echaremos de menos- creo que se puede replantear el asunto hacia una experiencia un poco menos negativa. En México por ejemplo los entierros son una fiesta. Los muertos ya no sienten, y nosotros, los que nos quedamos aquí, podemos recordar a esas personas que se fueron con pena o con el orgullo y la emoción de haber podido compartir parte de nuestras vidas a su lado. Con la alegría de haber sido un poco más dichosos por conocerles.



Sé que el día que me muera habrá gente que se pondrá triste. O por lo menos mi gato, si es que sigue vivo para entonces. Que lo mismo mañana me da un yuyu y me piro, qué queréis que os diga: la vida es así. 
Pero también os diré que yo he hecho lo que he querido todos los días de mi vida. Que he sido muy, muy feliz. Quizá molaría conocer a Hugh Jackman antes de diñarla y que me diese un meneo pero vaya, que tampoco es imprescindible. Salvo el asuntillo de ir a Nueva York no hay nada que a día de hoy piense que me queda por hacer para poder morir tranquila, y eso es muy grande, sabéis. Me da cierta tranquilidad que quizá hace unos años no tenía, y mola. 
Y por eso me he decidido a venir a daros algunas instrucciones por si acaso no llego a vieja y cualquier día entráis en el blog y os encontráis con que me he ido con Odin a tomar gintonics. Atended, porque estas serán mis últimas voluntades:

-No quiero más lágrimas de las necesarias. Que se os escurre alguna, bueno, vale. Es bonico, que tampoco es plan de que paséis olímpicamente del tema xD Pero que no quiero que os regodeéis en el dolor y en la tristeza. Yo ya no sentiré nada, o igual (porque no tengo muy claro qué hay más allá) estoy rodeada de dioses nórdicos buenorros y me lo estoy pasando pipa mientras vosotros estáis ahí con la llorera como tontos.

-No quiero que empecéis a dejar comentarios y a escribir posts emotivos donde decís lo mucho que me queríais y lo chachins que era yo. Mirad, majos, a mí las cosas bonitas me las decís ahora, primores. Que te den un Oscar después de muerto es una mierda pinchada en un palo. Si me queréih, decírmelons ahora que puedo arrechucharos y ponerme tiernita, y si no os da la gana porque sois unos rancios o porque os da corte o whatever, que os la pique un pez pero no seré yo la que lave vuestras conciencias cuando estire el rizo.

-Quiero que os vayáis de Gintour en mi honor. Eso sí que es un funeral digno de mis lanas. Quiero que os pongáis escotazo las churris, pantalón marca paquete los maromos. Que hagáis el payaso, que os pongáis ciegos, que bailéis todas las canciones chorra que me gustan (y hagáis twerking) que recordéis los grandes momentos de gintoures pasados y robéis corbatas a gente random. 

-Quiero que mi legado quede presente en vuestras vidas en forma de cosas moradas y de ovejas. Que cada vez que tengáis que elegir entre el bolso morado o el negro pilléis el morado, pegue o no, y que si viajáis a Irlanda y os chocáis con un rebañito hermoso, os acoréis de mí con cariño y pavismo. Igual que me encantaría si a partir de ahora empezáis a decir solfalses, primorses, oemehé o porcier. Quiero quedarme en este mundo en forma de pequeños detalles. Yo no quiero ser rica y famosa y que mi legado sea comparable al de Cervantes o Ylenia, no necesito tanto. Pero no sé... me haría ilu si en el futuro vuestro coche se llama Amparo, si os rizáis el pelo el 25 de abril o si os tomáis un bocatabacon con ansia en mi honor. Supongo que lo que me pondría triste no sería morirme físicamente, sino desaparecer de vuestra memoria como si no hubiese existido. Que soy una petarda pero existo y os quiero, jo.


-Quiero que este blog no muera nunca. Es decir, que si yo no puedo estar aquí para actualizar de vez en cuando contando mis chorradas, seáis vosotros los que vengáis a inundarlo con vuestras miserias y frikismos en los comentarios. Hagamos algo grande: el blog colaborativo más multitudinario de la historia, pero encima en los comentarios y no en los posts. Llenemos el blog de vídeos como te voy a dar un byte, Caballo homosexual de la montaña o la Cobra Taka Taka. Continuad mi sección de las 5 peores citas contando las vuestras.  Escribid posts-comentario titulados "sal con un gofre" o "sal con una chica que coma bacon". Haced lo que queráis de Una de Rizos..., pero no dejéis que caiga en el olvido mientras os sea posible.

-A mi familia y amigos les pediría que no me enterrasen ni me hiciesen misas innecesarias. Quiero flores moradas, eso sí. Pero misas y parafernalias, no. Y si podéis pisar el cementerio lo menos posible, mejor. Y con mis cenizas la verdad es que no sé... igual ni me entero, por eso tampoco es que me importe mucho qué hacéis con ellas. Podéis trollear un poco y llevarlas a la siguiente HoliRun  xDDD Pero en fin, que no quiero tampoco que tengáis lo que quede de mis lorzas serranas en un columbario y que tengáis que estar pagando por mi urnita forever. No me merece la pena. Yo quiero que me llevéis en el corazón y que no me olvidéis, pero físicamente ya no estaré aquí y es tontá.

-Quiero que se quede con mi colección de velas de la #balidomancia quien las sepa valorar como se merecen. Con mi cuenta de Netflix quien no sepa vivir sin series. Con mi Nico quien le sepa entender y querer de forma incondicional. 

-Y, sobre todo, quiero que seáis felices y que mi muerte no trastoque vuestros planes. HABER, que diría Gordi, que aquí nos vamos a ir muriendo todos y lo único que pasa es que me ha tocao a mí primens. 


See you on the other side.









16 febrero 2016

Amor y odio

En esta vida hay que ser muy buena persona. Y muy cabrón, también.

Hay que amar con cada poro de la piel, querer de verdad, disfrutar de los pequeños placeres a nuestro alcance, ilusionarnos como niños por las cosas, emocionarnos mucho con los abrazos de la gente que nos importa, intentar no hacer daño a nadie.

Pero también hay que odiar. Sentir rabia y dejar que la ira nos invada y nos lleve al lado oscuro de vez en cuando. Pegar tres gritos, llorar hasta que nos duelan los ojos. Hay que odiar para seguir adelante. Culpar a los demás porque a veces, lo prometo, tienen ellos la culpa. Hay que perdonar, sí, pero si alguien ha sido malo y egoísta contigo... odia, odia un tiempo aunque sea. No te confundas: ella es la asesina. Es más fácil odiar aquello que amaste alguna vez. Sé injusto o más bien justo contigo mismo. Aunque te acaben odiando a ti. Aunque veas la decepción en los ojos de quien creyó que tú no eras de ésas. Claro que soy de ésas.

Te mereces sentirlo todo con plenitud.  Nadie te va a poner a salvo de la tristeza porque eso es imposible, sabes. Sufrirás y llorarás y sentirás cómo se te rompe el corazón una y otra vez: es ley de vida. Pero es mucho más triste (te lo digo yo, que he estado ahí) dejar de sentir nada y convertirte en un robot que vaga por el mundo sin vivir porque prefiere protegerse aunque eso suponga perderse también lo bueno. Vivir es luz y oscuridad, y la rabia también nos hace más humanos y nos ayuda a valorar lo que consigue que todo esto merezca la pena.


Yo no quiero medias tintas. Y por eso amo y odio, a partes iguales. No me gustan los grises, los perfumes suaves ni las comidas insípidas. Soy la mujer que más ama y odia del planeta, dependiendo del momento o de la persona -o del vino- que tenga delante. 
Puede que también sea una de las personas más odiadas que conozco. Me han odiado, me odian y me odiarán. Pero no me importa porque quien me quiere hoy, me quiere mucho. Y a mí eso me compensa.


14 febrero 2016

San Valentin 2016: la Holirun


Porque los mejores momentos de la vida son los que te dejan despeinada, sucia, cansada o feliz... o todo a la vez  :P





04 enero 2016

Regalos que me hizo la Navidad, 2015

-El blog de las Quince Cosas, que cada año me pone de mejor humor y me hace conocer a personas interesantes y bonicas.

-Volver a ver a Jessi después de mil siglos y ahogar nuestras penas en batidos y zumos frente al mar. Lugar donde, todo sea dicho, a veces te llevas gratas sorpresas y reencuentros interesantes.
Porque nosotras vivimos aquí y vosotros no.

-La tarde pre-Gintour de ruta por las terrazas más pijas de Málaga con Pablo. Que no nos quedamos en ninguna porque estaban petadas de modernos, pero al menos ya las conozco por si me tocan los euromillones.
Esa tarde también fue mítica por la cara de mi amigo viéndome devorar un gofre, que parece ser que en su pequeña cabecita no cabía la posibilidad de que una mujer pudiese ser tan tragona xDDD Y PORQUE NO PONEN GOFRES CON BACON...

-Mi Nochebuena, con mis familiares favoritos y mis platos más prefes del mundo mundial: sopa, croquetas y jamón. Además esa noche andaba yo inspirada y se me ocurrió perpetrar un Antes/Después épico con mi tío y mi primo que os dejo a continuación. No se puede decir que no nos den bien de comer en esta familia :P



-El Gintour. Cada año nos superamos, ovejosos. Y no hablo de mi modelazo, que también. Esta vez tuvimos de todo: aventuras, acción, comedia, alcohol, sexo (bueno, sexo hubo dos: masculino y femenino), baile y corbatas misteriosas. Y resaca al día siguiente, pero esa es otra historia que será contada en otra ocasión.
Gracias a todos los asistentes porque así sí que se anima a una oveja. Aunque, por favor, no me volváis a dejar beber tanto nunca más, que la lío muy fuerte. Aún me siento mal por mis trastadas ebrias xDDDD
Mi modelazo para el Gintour. No me digáis que no era para ligar, eh. Pues nah.
Estas dos mujeres me hacen muy feliz.

-Las charlas y medio-discusiones sobre la vida y las miserias existenciales con mi colega Carlos. Espero que su Navidad haya sido igual de buena (o mejor, ejem) que la mía. ^_^


-La cena de Navidad y pre-cumpleaños de Alberto, donde reunimos a viejas glorias del colegio la Asunción y comprendimos que algunos envejecemos mejor que otros. Qué desilusión te llevas cuando descubres que el que estaba más buenorro del colegio se ha convertido en Arévalo...

Hay personas con carisma y luego estamos Alberto y yo.

-La Nochevieja en bata y ovejopatillas viendo a José Mota con mi madre, las dos moribundas y empastilladas.  Porque para mí, que odio salir en Fin de Año, el no tener que hacerlo esta vez me llenó de orgullo y satisfacción. Es una de las cosas buenas de ir mutando a señora: que puedes quedarte en casa sin necesidad de excusas cuando te dé la gana.


-La reunión del equipo de Pasión de Salsa la tarde del segundo día del año.  Me ha encantado volver a teneros en mi vida, salseros. 
Mis amigos se han propuesto arrancarme la pena y la tontería de cuajo y se lo están currando a base de payasismo. La prueba:

 Porcier, si el chaval de la barbita que pasa por detrás mirándonos con miedo lee esto y está soltero, que me llame o algo.


-La tarde/noche de juegos de mesa en Villa Hé, a pesar de que hubiese una conspiración encubierta destinada a evitarme ganar ninguna partida, dirigida por el Patxi. Es un placer reunirme con mis amigos de toda la vida de vez en cuando, pasen los años que pasen. Y además mi Jes me trajo regalitos de London ^_^



Y todavía me faltan los Reyes, aunque los regalos materiales sean probablemente lo menos importante de estos días. Porque lo mejor de mi Navidad ha sido sin duda alguna la gente que me rodea, y entre todos habéis conseguido que 2015 no me deje mal sabor en los labios. 

Hay que apreciar estos momentos, que son los que cuentan. Soy una maldita, hermosa y buenorra afortunada. 

12 noviembre 2015

Queridos Reyes Magos 2015


Este año he sido muy buena, pero vamos, como siempre. Podrán decir que soy despistada, torpe, pava, zumbada o lo que sea, pero mala, no.

Además tengo que deciros que acabo el año un poco pachucher, pero que no os quiero dar pena ni nada porque seguro que hay gente mucho peor que yo. Lo que quiero decir es que si algún año os he venido a pedir cosas al blog, esta vez igual las necesito un poquito más fuerte. Pero nah, sin presiones. Yo os suelto aquí mi lista y ya vosotros veis lo que se puede hacer, ¿ok?
Allá va:

-Quiero un vestidaco de ModCloth. O de donde sea, pero uno de esos que me sienten bien y me hagan tipazo y que encima sea cómodo y que me lo plante y me coma el mundo. Ando con la autoestima un poco pocha y me vendría muy bien verme guapérrima otra vez.

-Quiero un trabajo. Y a estas alturas no me pongo exigente, eh. De lo que sea, pero algo estable y que me permita tener una nómina todo el año, no sólo en verano.

También molaría si les buscáis un curro a mis colegas en paro, ya sabéis quienes son. Aquí o trabajamos todos o amanece más temprano.

-Quiero curarme de la espalda de una vez y poder hacer bicicleta y pilates para ponerme cañón y empezar la operación bikini 2016 cuanto antes. Escuchadme bien que os pongo de testigos: el verano que viene me van a rifar en la playa de Pedregalejo. En filita los voy a poner a todos.

-Quiero que mi familia tenga buena salud. 

-Quiero que mi Nico se ponga grande y fuerte y que sea muy feliz en su nueva etapa.

-Quiero que a mi madre le toque otro jamón. De bellota, a poder ser.

-Quiero poder ver más a mis amigos, a ver si les podéis aligerar la agenda (y ellos dejan de tener niños como churros)

-Quiero viajar. Y dentro de esta petición incluyo viajes románticos, viajes familiares, viajes juerguísticos a Valencia o Barcelona, viajes incluso yo sola conmigo misma... Lo que sea, ya veis, soy una facilona. Ya si os da por organizarme el viaje de mi vida por EEUU, mejor que mejor, claro.

-Quiero que 2016 sea un año mejor para todos, pero en especial para todos mis seres queridos que hayan pasado un mal año. Menuda mierda de 2015, chatos. 

-Quiero dejar de llorar como una lerda cuando estoy sola. Aunque las lloreras me duren sólo dos minutos.

-Quiero hacerme famosa en el mundo inmobiliario Sim.

-Quiero que Bertín Osborne me invite a su programa un miércoles y nos hagamos un Mariló en la cama los tres: Fabiola, él y yo. #gorrinismo #Marilópetarda #mevanlostríos

-Quiero aprenderme la canción Yo es que en Amores soy muy Ligera y petarlo en Youtube con mi perfomance, boa de plumas incluida.

-Quiero que Juanjo aprenda a ser feliz.

-Quiero que mis dos estudiantes particulares, Cris y Gabri, saquen muy buenas notas y dejen de necesitarme aunque eso me suponga menos pasta a mí. Se merecen lo mejor y además quiero que sean felices en Málaga.

-Quiero un Tinder para pavas.

-Quiero aprender cosas nuevas, sea estudiando o... yo que sé, ligándome a un intelectual bielorruso.

-Quiero que me guste Star Wars y dejar de ser una marginada de la sociedad friki.

-Quiero que me guste el atún, III.

-Quiero encontrar mi sitio en el mundo o aprender a vivir en el limbo forever.

-Quiero una serie nueva que me entusiasme tanto como Lost o como Breaking Bad. Porfa, porfa, que la nueva temporada de Penny Dreadful no la cague.

-Quiero que al final de 2016 no sepa qué pedir por Reyes, porque tengo todo lo que necesito.


06 noviembre 2015

Por qué Tinder es un pozo del mal

Tinder, esa app del demonio en la que todas mis amigas tienen perfil y de la que todo el mundo habla. Esa herramienta mágica que parece solucionar los problemas de toda persona solitaria y con ganas de calor humano. 
Esa aplicación que, para los que no la conozcan, te permite conocer personas cercanas a ti siguiendo tus criterios de búsqueda. 

Yo la conocí gracias a mi amiga Leti, que siempre estaba contándome lo guay que era y lo bien que funcionaba. Me imaginé aquello como una especie de IRC moderno, donde muchas personas se conectan para charlar y pasar el rato y donde podías encontrar gente con tus aficiones y sentirte menos solo. Leti me aseguraba que había de todo: gente guapa, gente fea, gente que iba a lo que iba y gente que sólo quería charlar. Y yo que soy una gata curiosa y ahora que vuelvo a estar en el mercado de la carne no quise perder la oportunidad de oler por mí misma de qué iba todo aquello...

MAL, BEA, MAL. Pero por entonces yo no lo sabía. 

Lo primero que tienes que hacer después de descargarte la aplicación es crearte el perfil. Tinder se fusiona con tu cuenta de Feisbu (la verdad es que no sé si puedes registrarte sin tener cuenta en FB) y por defecto pone como tu primera foto del perfil la que tengas actualmente en Feisbu. Y esto es importante, amigos, aunque parezca que no. Esa foto que tengas en la red social de Zuckerberg, donde tienes a tus amigos, a tu madre y a tu cuñao, marcará la imagen que vas a dar en una aplicación para ligar, que parece que hay que decirlo todo. 

Después eliges si quieres añadir más fotos, si quieres escribir una descripción de tu persona y listo, ya tienes perfil. Ahora pasamos a tus criterios de búsqueda: ¿a quién quieres conocer? Hombres, mujeres, rango de edad y a un rango de distancia de tantos kilómetros. Yo elegí hombres cercanos de un rango de edad razonable teniendo en cuenta que ya soy una señora de mediana edad, que tampoco era plan de ponernos exóticas así de primeras.


Ya estaba lista para empezar con el tema, así que le di a OK y ale, al lío: un chorreón de hombres aparecieron ante mis ojos. Al principio parece divertido porque te van saliendo en plan catálogo, como si estuvieses eligiendo sofá pal salón. 
Debajo de cada perfil (en el que la foto es lo más importante, no os vayáis a creer que nos movemos por terrenos intelectuales) te dan tres opciones: descartar, aceptar o super like. La diferencia entre aceptar o el super like es que cuando aceptas a alguien, esa persona nunca lo sabrá si no te acepta a ti también. Pero si le das a super like, Tinder le avisa y le dice: "oye, mira, que esta chica tan mona de rizos que parece lerdilla dice que le molas un huevo y que por favor le des a like a su perfil". Por eso hay que tener mucho cuidado y ser muy consciente de a quién le das tus super likes, que con los me gusta o los descartes te puedes equivocar, pero un super like es para siempre.


Como os decía, cuando le das a "me gusta" a una persona hay dos opciones: que no pase absolutamente nada y no vuelvas a saber de ella, o que de pronto Tinder te avise de que ha habido un "match", es decir, que esa persona también te ha visto y le has gustado. Entonces es cuando se abre la veda: Tinder abre el chat entre vosotros y ya podéis foll hablar.
Fácil, sencillo y para toda la familia.

Y debo decir que como sistema es cojonudo, sobre todo para las personas que van a lo que van y no se andan con chorradas. Pero yo, que soy Bambi y me fijo en todo, no sólo en la foto del perfil, pues... En fin, os explico para que me entendáis.

El primer hombre que me salió tenía de foto de perfil un yate. Su segunda foto era él en el yate, con un gorro de marinerito, bronceado naranja de bote y una botella de champán al lao. Inmediatamente me sentí perroflauta y a él lo descarté porque no me veía yo en Puerto Banús diciendo oshea.

El segundo que me salió fue mi ex. A tope y sin vaselina. Instadescarte.

El tercero fue un jefe que tuve.

Entonces fue cuando me propuse limar aún más mis criterios de búsqueda, porque esto no estaba saliendo como yo esperaba. Quité un par de años para abajo, un par de años para arriba, y me dije a mí misma que no le daría a like ni me fijaría en ningún hombre que no tuviese una bio graciosa. 

Y así fue como me salieron los primeros casados, los optimistas que tienen de foto de perfil a su novia, los que ponen la foto de su boda o de sus hijos, los que salen tocándole el culo a una tetona o los que conducen un cochazo con una pegatina de esas de "bebé a bordo". Que yo lo veo correctísimo, ojo, porque al menos con estos ya sabes lo que hay de primeras y las chicas que busquen darle una alegría al cuerpo sin compromisos sin duda se decantarán por ellos.  Pero para mí, como ya supondréis, estos chicos son un descarte seguro.

También me salieron los aventureros cuyas fotos sólo muestran deportes de riesgo, el Himalaya, selvas amazónicas y playas exóticas con olas enormes. Este tipo de chicos suele escribir en su perfil cosas como "be free" "be wild" o "sport for life", y seguro seguro que tienen alguna foto con un tigre de bengala abrazao. Otro descarte por mi parte, ya que para mí la verdadera aventura está en entrar en el Ikea y conseguir salir la misma tarde, no escalar. 

Luego están los guapos, que están buenorros y lo saben. Ni biografía ni nada, que aquí hemos venido a hablar de nuestro libro: abdominales. Fotos en calzones rollo modelo de Calvin Klein, por si quedaba alguna duda de que  tienen buen paquete and you know it. Muchas veces me pregunto qué leches harán estos muchachos en Tinder si podrían tener a la que quisieran chasqueando los dedos, pero luego recuerdo que es todo mentira y se me pasa la curiosidad. Otro descarte. 

Después tenemos a los millonarios, que es un grupo en sí mismo. Es curioso porque en el Tinder de Málaga hay una gran cantidad de hombres de Marbella, y todos son pijos, pijos, pijos. Obviamente con ellos no tengo nada que hacer porque nuestra conversación se acabaría cuando les dijese que yo me compro las bragas en el Carrefour.

Un colectivo tinderiano que me hace mucha gracia es el de los hombres de paso. Al poner en los criterios de búsqueda el rango de distancia al que tienen que estar y funcionar por gps, Tinder no te muestra a los hombres que vivan cerca de ti, sino a los que estén cerca de ti en ese momento. Por eso a veces también te pueden salir guiris que están turismo en tu ciudad o chicos que vienen una semana por trabajo y buscan chicas para salir y tomar algo y hacer turismo sexual. A estos chicos no los descarto a priori porque algunos son majos y me gusta conocer gente diferente, pero no me gustaría encariñarme de alguien que se va en tres días ni estoy en esa etapa social de quedar para un café y lo que surja, la verdad. 

Luego están los frikis. Pero frikis chungos, eh, no friki guay. Me refiero a los hombres que quieren parecer románticos y sensibles y ponen de perfil una foto morreándose con su perrito, del osito de peluche con el que duermen  o de un atardecer desde su ventana. Algunos tienen, incluso, frases de Coelho en su bio... que ya es un WTF en toda regla. Los chicos sensibles no son ya "buena gente y amigo de mis amigos", sino que yo he llegado a ver -y no os miento- "leal y amante de mis amigos". Puro amor. Yo de estos no me creo nada y además de ser cierto que les va el rollo osito conmigo no tienen nada que hacer, así que otro descarte.

Y por último están los divertidos, que son  los únicos a los que les doy like. De momento he hablado con muy pocos pero son los más normales porque parto de la base de que para tener sentido del humor hay que ser inteligente, y eso me mola. Podría deciros que el chico más normal que me he encontrado y al que meto en esta categoría tiene un burro llamado Bastardo, así que ya os hacéis una idea xDDD
Y bueno,  entre que los chicos normales y sin yates ni fotos de esposas no abundan y que los demás también tienen que darle al like en mi perfil, he tenido pocos matches hasta ahora y he hablado con poca gente.

Y con menos que hablaré, que me da a mí que mis aventuras por Tinder van a durar poco. Ni me he metido aquí buscando conocer a nadie realmente, ni creo que pudiese encontrar nada interesante rascando entre esta fauna. No sé si es por ti, Tinder, o es por mí, que soy especialita, pero no sirvo para este mundo frívolo de apariencias y postureo en el que o tienes una vida super interesante o tienes que mentir como una perra para ligar. La idea de quedar con un chico de estos me aterroriza, no sé por qué. Igual mi yo de 23 años hubiese quedado con todos y se habría echado unas risas, pero yo es que ya no estoy para estos trotes. Supongo que sigo siendo una romántica que sigue creyendo en relaciones que se forjan poco a poco, ahí con su esfuerzo, sus nervios, su emoción.
Así me va.


Y así es como tienen que quererme.




22 julio 2015

Dobleces.


Hay gente que piensa que me expongo demasiado en el blog. Bueno, en el blog y en la vida, en general. Que voy por ahí contando mis miserias y mis problemas a todo el mundo y que eso no puede traerme más que problemas, y es verdad. Lo reconozco: hago muy mal. Porque hay gente muy mala que se aprovecha de las debilidades de los demás, y con mi actitud no hago más que ponérselo fácil.

También creo que proyecto una imagen rara en los que me rodean y no me conocen del todo, y no sé cómo evitarlo (ni si puedo hacerlo). A veces tengo la sensación de que las personas con dobleces y lados oscuros buscan en mí eso mismo, dobleces y lados oscuros. Me ven con mi rollo Bambi y se escaman, me levantan la ceja, me tachan de hipócrita. Ya sabéis: se cree el ladrón... y yo a los ladrones no les gusto, claro.


Y a mí eso me da mucha pena. Porque a ver, yo no quiero caerle bien a todo el mundo ni mi intención es tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar... pero no es verdad que tenga un lado oscuro ni que sea una falsa, y por eso preferiría caerles mal por ser una pava antes que por mala. De verdad de la buena: hago tantas gilipolleces porque soy así de lerda. 

Que habrá mucha gente inteligente haciéndose la tonta por ahí, pero yo soy tonta de verdad y resulta que nadie me cree.


28 mayo 2015

Personas que no.

Hay personas que merecen la pena. Gente que hace que los demás (amigos, pareja, compañeros) muevan cielo y tierra por ellos, que provoca terremotos y sacude las mareas y revoluciona la vida de quien tienen al lado. Mujeres que vuelven locos a los hombres. Hombres que encienden vidas. 


Hay personas por las que lo haríamos todo porque sabemos que son lo más importante que nos ha pasado en la vida... y personas por las que no. 





Yo debo ser una de las personas por las que no.