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19 julio 2017

Amenaza.

Señores, que estoy. Ando perdida pero estoy viva, con mis rizos y mis cosas.

No sé cuándo podré volver a escribir porque entre el calor, que me derrite el cerebro y no tengo inspiración ninguna; el curro, que ahora estamos a tope en la escuela y demás, estoy que no paro en casa.

Pero volveré. Aunque no os importe mucho :P

28 abril 2017

Con los años.


Con los años, una aprende.

Aprende que las personas que hablan y hablan de lo mucho que saben de las cosas, no tienen ni idea. Como yo, ahora mismo.
Que debo hacer siempre lo que me dé la real gana.
Que las personas verdaderamente buenas no son conscientes de que lo son.
Que la inteligencia no se mide con títulos ni con lecturas.
Que el poder real reside en una conciencia tranquila.
Que se puede querer de muchas formas y hacer daño de muchas formas que, de lejos, se parecen a querer.
Que todos estamos perdidos.
Que una buena defensa nunca es un ataque, y que no hay ataques buenos.
Que lo más difícil y necesario para ser feliz es perdonarnos a nosotros mismos.
Que el sentido del humor lo hace todo más fácil.
Que lo complicado nunca suele ser lo mejor.
Que la humildad no nos hace más débiles.
Que me he equivocado mil veces y me equivocaré mil veces más.
Que lo bueno puede engordar, pero que si algo te hace sentir mal, no es bueno.
Que el respeto es mucho más valioso que la comprensión.
Que nadie es indispensable en tu vida, pero que estar completamente solo es muy triste.
Que quien insulta, manipula y ofende está asustado.
Que hay que pensar menos y hacer más el payaso.


Que probablemente todo esto sólo me sirva a mí y a nadie más... y ya me va bien.


18 agosto 2016

Kintsugi

Kintsugi significa literalmente, en japonés,  cicatriz dorada. También es el nombre que se le da al arte oriental de reparar objetos con oro, mejorando la pieza inicial y convirtiéndola en una obra de arte. 
El kintsugi forma parte de una preciosa filosofía vital que plantea que las roturas y reparaciones conforman también la historia de un objeto y que deben mostrarse en lugar de ocultarse, constatando así su transformación y evolución. 

Lo leí el otro día en un blog (no recuerdo en cuál, lo siento por no poner la referencia) y me fascinó. Me quedé impresionada porque mientras leía sobre el tema y contemplaba fotografías de jarrones y platos maravillosamente restaurados, no podía sino verme reflejada en ellas. Yo, que me he roto tantas veces. Que me pegado cada pedacito una y otra vez. Que me he remendado. Que tengo mil pespuntes por cada rinconcito de mi anatomía. Que me he cosido de nuevo el corazón al pecho. Que llevo pegotes de pegamento hasta en las orejas. Que me las he apañado no sé bien cómo para seguir siendo yo, con mis ilusiones iniciales y mi forma de ver la vida. 
Yo me siento un poco así, porque me gusta cómo soy (con mis imperfecciones y mis cicatrices) y porque por muchas experiencias pasadas y peso que haya sobre mis hombros, desde mi infinita resiliencia me niego a desmoronarme y a pensar que ya no volveré a sentir igual nunca más.  Cada vez que me caigo y me rompo, me recupero y vuelvo a empezar. Desde cero, aunque aún más dorada -sabia- que antes. 

Mi experiencia me ha enseñado que si hablamos de dolor hay dos tipos de personas: las que no pueden evitar cambiar con los golpes de la vida y se transforman en una versión más fría y gris y deslucida de sí mismas, y las que lucen cicatrices de oro y siguen queriéndolo todo.
Y cada vez que alguien me dice "lo siento mucho pero  es que yo estoy roto", a mí se me desprende un pedacito del pecho y tengo que irme corriendo; alejarme lo máximo posible de esa persona que trata de mermar mis ilusiones para poder pegármelo de nuevo y seguir adelante. Yo no quiero rotos y medias tintas: me merezco a alguien que quiera bañarse en oro y seguir funcionando conmigo. 








15 agosto 2016

The perks of being a señora

Si una mañana te levantas, te recoges el pelo en un moño desaliñao, te miras al espejo mientras te atusas la bata o el vestido de flores del chino y de pronto comprendes que te has convertido en una señora, no te entristezcas. 
Tampoco te apenes si ya se te ven las raíces de las canas, si cada vez te cuesta más cubrirte las arrugas con el maquillaje, si te duelen las piernas después de estar de pie media hora o si la mitad de tu armario ya no te entra.
No sufras si cualquier comida empieza a sentarte mal por las noches, si salir de juerga hasta el amanecer te apetece menos que ser mordida por un tiburón blanco, si de pronto cualquier zapato te resulta más bonito cuanto mayor sea su comodidad o si ya los piropos que te decían por la calle se están convirtiendo en "espere, que le ayudo". 

Algo está cambiando en tu vida y no sirve de nada intentar negarlo: la señoridad es fuerte en ti. Asumirlo y aceptarlo como parte de la evolución de la vida es -lo prometo- lo mejor que te podría pasar nunca. De verdad, eh, que ya sabéis que yo soy muy payasa y me río mucho pero que no digo nada por decir. 
No importa si tienes 25, 30 o 40 años: toda mujer sabe cuándo se ha transformado en una señora; aún así algunas ya nacen siéndolo y otras no llegan a serlo nunca. 
Pero si ese momento llega tienes dos opciones... deprimirte llorando por aquello que fue y que no volverá, o alegrarte por lo que está por venir ahora que tienes superpoderes nuevos. A partir de este momento podrás hacer exactamente lo que te dé la real gana, porque las señoras ya tienen una edad (espiritual) como para pasar del resto de la humanidad y buscar su felicidad. 
Ya no pasa nada por emborracharte a las cuatro de la tarde, por ser borde para algunos e imperfecta para la mayoría, por decir las verdades que antes te traían problemas, por comer lo que te gusta y te apetece, por dormir cuando tengas sueño sea la hora que sea, por elegir el mejor asiento, por quedarte en casa si no te apetece salir, por no ir siempre correcta y arreglada,  por estar sola, por llorar y reír con mucha fuerza y perder la compostura hasta que te duela la barriga, por no ser lo que otros consideran sexy, por decir tacos y ser histriónica, por coger lo que quieres, por resultar hortera y excesiva, por luchar por lo que te pertenece y es justo, por ser excéntrica o ser simple si te apetece (y por cambiar de opinión si te da por ahí), por llevarte una silla a la playa y abanicarte golpeándote las tetas, por cantar en voz alta, por pagar más por una habitación mejor y por obtener un mejor servicio, por mandar al carajo a quien te haga infeliz, por dejar de tener una conciencia innecesaria, por no invertir tu tiempo en tratar de hacer que te comprendan, por cambiar el sentimiento de culpabilidad por una voz que te dice "blablablabaconblablabla", por decir que no,  por verte guapa así, tal y como eres. 

Cuando eres una señora ya no importa nada de eso, y no porque te vuelvas invisible al resto del mundo de golpe y ya nadie te vaya a criticar nunca más, sino porque ya todos y todo te importan un pimiento y empiezas a ser lo más importante de tu vida. Algunos lo llaman la sabiduría de los años; yo lo llamo encontrar el equilibrio.


A mí nunca me molestó que me empezaran a llamar de usted. No recuerdo bien cuál fue la primera vez, pero no me supuso un trauma. No me da miedo cumplir años: me daría mucho más miedo que pasara el tiempo y yo no hubiera aprendido a sentirme dichosa por ser quien soy, la señora estilosa y pava que le canta coplillas a su gato en la que me estoy convirtiendo.


26 octubre 2015

Yo soy una chica con suerte...


Hoy podría venir a contaros mis penas. 
Podría mostrarme vulnerable y miserable y decir que me han dejado. Que he vivido una mentira. Que he tenido que volver a casa de mis padres (otra vez) y que cada año que pasa las rupturas son más tristes pero menos dolorosas, porque van haciendo callo.

Que os veo con vuestras relaciones perfectas en facebook, vuestras familias, vuestros viajes románticos a París, vuestras bodas, vuestros retoños, y que a veces me pregunto por qué conmigo nunca funciona nada de eso. Bueno, lo de los retoños da igual. :P

Podría dar material vario a los trolls y a los envidiosos que me leen  en la sombra para ponerme verde y burlarse de mí una vez más. 

Pero no vengo para eso. Porque a pesar de que todo lo anterior sea cierto, luego vengo aquí y os leo y se me pasa y se me escurre un sonrisón otra vez. 

Yo soy una tía con suerte. Tiene que ser buena suerte, sí, porque de toda la gente mala que hay por ahí, todos los psicópatas y los resentidos y los Grinch Sabelotodo de internet, yo he ido a toparme con  lo mejor de lo mejor. Llevo ya alrededor de 15 años conectándome a la red de redes y hasta el día de hoy eso me ha causado más alegrías que penas. Vale que alguna vez saliese algún imbécil a darme la tarde, pero os prometo que no fue nada importante y que al final lo que ha calado es el sentimiento de que, de alguna manera mágica y extraña, internet me ha hecho estar menos sola.

No es ningún espejismo, como dirán ahora los entendidos. No me aíslo de mi realidad cuando entro a Twitter a leer lo que escribís. No es tóxico para mí chatear con vosotros por Facebook. No me hacen ningún mal nuestras risas por Skype. Internet suma en mi vida, no resta. 
Que los abrazos virtuales también me calman. Que habrá mucho falso por ahí, pero sé que la mayoría de vuestros mensajes de ánimo son sinceros. Que los combos fav+RT me hacen sonreír. Que os siento conmigo. 

A todos los que estos días se han preocupado por mí en las redes sociales, (amigos, conocidos y desconocidos) muchas gracias. Bich, Lola, Fiebre, Bertis, Fle, Paula, Pe, Sil, Gordi, Janton, Ro, Eva, Yoyo, Omar, Bea, Antonio, Marta, Mara, etc etc y mil etc más -seguro que ya sabéis quienes sois-. Estoy chachins, de verdad. Y estaré mejor todavía cuando encuentre un curro que me permita ahorrar para viajar y poder ir a tomarme un gintonic con todos vosotros. 
Que nos vamos mereciendo una juerga.




Y ahora a bailar una poquita, a ver si me inspiro para empezar un ciclo de posts alegres y pavos como los de antaño.


27 noviembre 2012

Memoria.

Hay gente que tiene memoria olfativa o memoria musical; gente que se vuelve cuando alguien pasa por su lado dejando una estela de perfume que les resulta familiar, o que llora cuando suena una canción que le recuerda a alguien especial. 
Me fascina esto de la memoria, esa capacidad que tenemos de volver atrás y revivir mil historias lejanas como si hubiesen sucedido ayer. Lo curioso y caprichoso de nuestros recuerdos, que tan sólo guardan lo que les interesa de ese pasado que rememoramos. 

Yo tengo memoria gamer. Juegos que me hacen recordar momentos, personas, sentimientos pasados. Fases en las que revivo etapas de mi vida en las que era más feliz, o más triste, o simplemente diferente a la que soy ahora. 

Cuando alguien me habla del Spectrum no puedo más que acordarme de mi tío y del Fred, aquel juego que tenía en esa consola primigenia con la que jugábamos medio a escondidas de mi abuela justo antes de comer, los domingos. Recuerdo con qué cuidado manejaba mi tío los cartuchos, con cuánto cariño me enseñaba a jugar con el Spectrum y aquella paciencia que tenía que echarle (entonces tendría yo 5 o 6 años, entendedme) desde que metíamos el cartucho del juego hasta que éste terminaba de cargarse. 
Eran mañanas que olían a pan frito con azúcar. A risas flojas. A peleas medio en broma en el sofá. A chucherías.  A pirámides divididas por niveles repletos de momias, fantasmas y goterones de ácido. 

El Alex Kidd me hace viajar unos años adelante en el tiempo de mi infancia, a aquella época pre-adolescente en la que nos reuníamos en casa de mi amigo Jesús para merendar y jugar con la Master System II. Luego llegó la Super Nintendo, y con ella recuerdo las horas de Unirally, los piques por el salto perfecto, los karaokes, Modern Talking y el rol. El Donkey Kong, las clases de Filosofía, las notitas furtivas, las partidas de Tetris, Pang, Street Fighter y Bubble Bobble en las recreativas, las llamadas telefónicas durante horas que tanto cabreaban a mi madre, las primeras salidas nocturnas, la inocencia con la que todavía mirábamos al mundo. Los Toejam & Earl chocando esos cinco, ajenos a la destrucción de su planeta. La dulce Rosa. El Zelda.

Entonces llegué a la edad del pavo y, como en la vida real, estuve un tiempo buscando mi sitio en el mundo jugón y me costumbré a alquilar juegos para el fin de semana, con el fin de engancharme a alguno. Fue así como descubrí los Survival Horror y me sumergí en las calles grises de Silent Hill, maté zombis en los Resident Evil, subí hasta lo más alto de la Clock Tower, temblé de miedo con las niñas llorando de fondo en el Doom y me fui a dormir sintiéndome un poco más fuerte por haber destruído el mal con tanta eficacia. 

Y entonces llegó mi primer PC, y todo cambió. La edad del pavo quedó atrás, y con ella mis ansias de pelearme con el mundo y de destruir monstruos que me atormentaban. De esta forma me di cuenta de que necesitaba tranquilidad y estrujarme el coco, y me enganché a los juegos de estrategia en red y a las aventuras gráficas. De aquella etapa de mi vida recuerdo con cariño las tardes de Age of Empires II en el cíber de mi colega: partidas casi interminables en las que acabábamos con todos los recursos del mapa y con todas las cervezas de nuestras provisiones. O el Warcraft II y III. O los Broken Sword. O Indiana Jones dando caña con su látigo (ay omá, Indi). O a Lara Croft. O el Starcraft. Irme a la cama con "mi vida por Aiur" en la cabeza, repitiéndose una y otra vez entre sueños. Los primeros años de universidad. Los planes de futuro. Aquel cuento de la Lechera donde tenía mi futuro planeadísimo, milimétricamente controlado. El Sim City. Aquellas estrategias de batalla en las que, en teoría, nada podría fallar y me haría con el control del mapa de mi vida. El primer amor. Las sagas que le sucedieron. Los Sims o cómo tener mi primer apartamento (y llenarlo de perros y de sofás de color morado). Los viajes. Los primeros suspensos en Contabilidad y las primeras derrotas en el Quake.  El Diablo II. El Última Online o la maravillosa historia de cómo me mató un pollo cuando iba desnuda por el bosque. Los Final Fantasy.

Cuando empecé a trabajar y me mudé a Barcelona mi faceta gamer se vio altamente perjudicada por la falta de tiempo. Pero aún así siempre sacaba un rato para rebajar tensiones matando elfas rubias en el Lineage II o en el Wow. Los MMORPG llegaron a mi vida pisando fuerte, y así fue como yo me ponía el despertador a las siete para ir a matar rares antes que nadie, luciendo mis ojeras con orgullo en el curro. Aprendí el valor del esfuerzo y del sacrificio, y me gané mis primeros sueldos en la vida 2.0 y en la Real Life. Y de entonces guardo infinidad de buenos recuerdos, que son los que trato de retener por encima de todo lo demás: las risas con los de la guild Las Ratas de Agua, las muertes tontas en grupo, los asedios, las raids, los paseos por la Ciutadella, los amigos online, los kilómetros que no son tantos gracias a la red de redes, los bombones de cereza y licor de Rambla Cataluña.


Como os decía, tengo memoria gamer. Y estoy segura de que algún día, dentro de unos años, alguien me dirá que se ha enganchado al LoL o al Guild Wars 2 y yo sonreiré acordándome de esa etapa de mi vida en la que pateaba culos con mi Guardiana o inundaba el mapa de wards con Soraka mientras alguien me decía "omg noob report Soraka never help". Días de Steam raros y grises con futuro incierto, pero que también pasarán. Como todo.


Insert coin!




14 julio 2012

A mi yo de 1999.

Qué pasa, pava. Eh, no te enfurruñes que soy yo, o sea, tú.  Aunque un pelín más vieja, digo... mayor.
Te escribo porque te veo un poco perdida, y el anuncio ese del McDonalds me dio la idea. La creatividad nunca fue nuestro fuerte, eh  xD

Lo primero de todo y más importante: por favor, tira la plancha del pelo y deja ya de tratar de alisártelo y de cortártelo tanto. Tú aún no lo sabes, pero llegará el día en que tus rizos serán importantes y marcarán un antes y un después. Llegarás a amar tu pelo tal y como es, igual que al resto de tu cuerpo, y dejarás de usar esos nicks tan exóticos que te pones en el IRC para pasar a ser La Rizos en todas partes.

Deja de compararte con las demás. Sois diferentes. Sé realista y acepta que tú jamás serás una mujer delgada o alta, pero también sé consciente de que tus curvas son parte de tu encanto. Tranquila, gustarás. No te agobies si hasta ahora los chicos no se han fijado en ti: algún día estarás hasta el gofre de ellos  :P
Si no te sientes cómoda con tacones, no te los pongas. Te caerás y te harás daño. Si no te ves con pantalones estrechos, ponte faldas. No me seas choni y olvida los colores fluorescentes, que estás igual de guapa con algo más discretito.  Si te apetece comerte una tortilla de patatas, cómetela. No le des tanta importancia a la imagen que das: no se puede gustar a todo el mundo y hagas lo que hagas habrá gente que te criticará.  Y ya te enterarás de lo que significa choni, porcier.

No seas imbécil y valora a tus amigos. Pero a los de verdad, esos que te han acompañado desde los 5 años. Deberías saber que al final serán ellos los que permanezcan a tu lado, incluso aunque acabéis viviendo a miles de kilómetros de distancia. Aprenderás que ser diferente acaba siendo positivo, aunque ahora se rían de vosotros y os llamen frikis. No te avergüences de tus amigos ni de ti misma. Jamás.
Aún así, no te cierres a conocer gente nueva. Tienes suerte: a partir de ahora te rodearás siempre de personas maravillosas; cuida tus amistades porque te harán muy dichosa.


Cultiva tu afición por leer y escribir. Todavía no lo sabes, pero agradecerás haber atendido a tus clases de Literatura, Gramática y Lengua. Que no te dé vergüenza llorar con los libros, escribir poesía, emocionarte con los finales felices. Ingéniatelas para seguir escribiendo, aunque cambien el medio y la forma. 

Aprende a disfrutar de lo que te rodea. Sé que estás en la edad rebelde, en esa época en la que nada te parece bien y que te hace renegar de tu familia, de tu ciudad, de tu vida. Pero tu ciudad se te ha metido muy adentro aunque aún no te hayas dado cuenta, y llegará un día en que la echarás mucho de menos. Echarás de menos todas esas cosas de las que ahora te quejas, y aunque no te digo ésto para asustarte, abre los ojos y sonríe: estás donde y con quien siempre querrás estar.

Tú eres capaz de todo. Ahora mismo no lo sabes, pero en nada te vas a sacar el carnet de conducir y a la primera. Te lo prometo. Eres torpe para lo que quieres, Beíta. Que nadie te haga sentir que no puedes. Recuerda esta frase: "no me digas lo que NO puedo hacer". La volverás a escuchar un día viendo la tele y te reirás a carcajadas.

No te dejes llevar. No hagas cosas que no te apasionan. Si no te gusta filología, no la estudies. Si no tienes ni idea de qué carrera estudiar, no escojas estudiar una carrera. Ahora mismo parece la única opción, pero no lo será. Si en algún punto me hubiese gustado poder cambiar el pasado seguramente habría sido este, pero ya que no puedo al menos no pierdas el tiempo haciendo cosas que no te hagan feliz. 
Encuentra tu verdadera vocación. Trata de convertirla en el motor que guíe tu vida. 
Pero, sobre todo, no te agobies por lo que todavía no sabes. A día de hoy sigo sin tener ni idea de qué voy a ser de mayor, así que de momento no sufras y céntrate en aprender y madurar.

La salud es lo más importante. Si alguna vez te encuentras mal, ve al médico, coñe. Deja de ser una cagueta y empieza  a comprender que hay cosas primordiales que están por encima de miedos o vergüenzas. No te lamentes por las cosas que no hiciste: hazlas y te ahorrarás muchas preocupaciones y noches sin dormir. Y muévete más. Te recomiendo que te apuntes a clases de salsa cuanto antes: te gustará.

Y ya para terminar, que seguro que estás deseando acabar de leer esto para irte a la playa con tus amigos, permíteme un último consejo: disfruta. No va a ser todo maravilloso en tu vida (no voy a mentirte) pero vivirás experiencias muy bonitas que recordarás para siempre. Intenta exprimirlas al máximo y grabarlas a fuego en tu memoria porque serán lo único que te aliente en los peores momentos. Comprenderás que en eso consiste la vida: en subir y bajar y disfrutar del viaje... y el tuyo acaba de empezar.


Estoy segura de que se me olvidan cosas porque este despiste que tenemos nos durará para siempre, pero ya te volveré a escribir en unos añitos y nos pondremos al día. 
Un besazo, Rizos.




P.D: Prueba los gofres y la comida china. De nada.


31 octubre 2007

Cerrando telones

Hoy acaba otra etapa de mi vida, de esas que te marcan y que se quedan muy adentro para siempre.

Mientras esta mañana empaquetaba todos los juegos y material de animación en enormes cajas de cartón repletas de dibujos con edding y fotos nuestras, me puse a recordar mi primer día en el hotel. Estaba asustada, nerviosa, con las rodillas temblonas y la sonrisa histérica. Paseaba por las instalaciones del hotel detrás del subdirector tratando de concentrarme en sus explicaciones acerca del funcionamiento de todo, pero una parte de mi mente se distraía sin remedio en preguntarme si serviría para la animación, yo que me veo tan pequeñita ante el mundo.



Aquellos primeros días estuvieron llenos de anécdotas y meteduras de pata, y no paraba de escuchar a los camareros y recepcionistas hablándome del antiguo equipo de animación, la pareja de jóvenes que hacían nuestro trabajo el año pasado.

Hoy, colgando los disfraces en el vestuario, me pregunté si el año que viene los camareros les hablarán de mí a los nuevos animadores, si lo harán con cariño y con la misma sonrisa con la que yo les recordaré a partir de ahora.

Siento una mezcla de alegría, alivio, melancolía, ilusión, miedo y tristeza... todo hecho un cóctail nervioso en mi estómago y en mi pecho. Sé que me va a costar mucho alejarme de donde (por fin) sé que está mi sitio... pero también sé que es provisional. Que algún día volveré a la animación, aunque no sea de animadora. Y que quizá no sea mañana, ni el mes que viene, ni siquiera el próximo año... pero que volveré.

Porque me gusta, porque me llena, porque creo que soy buena en mi trabajo y porque nunca nada sustituirá esa sensación que me inunda por dentro cuando termino de bailar o presentar y escucho los aplausos.





Ahora a abrir otras puertas... deseadme suerte, por favor. Una vez más.




06 julio 2007

Salta

A veces la vida nos sitúa haciendo equilibrios sobre una cuerda floja, caminando con cuidado sobre un océano de incertidumbre que se revuelve y se agita bajo nuestros pies.
Yo ahora mismo me encuentro balanceándome y sin saber muy bien cómo hacer para no caerme, tratando de decidir si debo seguir hasta el final o si debo volver atrás aún que estoy a tiempo.

Todos los aspectos de mi vida ahora mismo necesitan un cambio, lo piden a gritos. Después de convivir conmigo misma 26 años he aprendido que mi carácter y personalidad necesitan renovarse, cambiar, evolucionar, y que lo estático y monótono me mustia como a las flores. Y hoy por hoy tengo hojas ya amarillentas que piden nuevas ventanas y nuevas brisas...

La cuestión es que ésta vez afronto los cambios con ganas, con ilusión; y sé que serán para mejor porque me siento segura y fuerte. Mi vida laboral parece irse estabilizando poco a poco, y aunque ahora pegue el salto sé que lo que venga será mejor por narices. Mi yo emocional sabe lo que quiere y, sobre todo, lo que no está dispuesto a aguantar (incluso por amor), y ha aprendido que querer a veces no es suficiente...

Es época de cambios y transiciones, al fin y al cabo. Me queda un mes escaso para decidir hacia dónde brinco o dónde me agarro para no caerme, pero mientras tanto me preocuparé sólo en disfrutar del verano. Que ya me tocaba.

15 junio 2007

Ayer y hoy.

Me encanta mirar atrás y recordar con una sonrisa los momentos que ya son historia, que se quedaron plasmados en algún lugar de mi memoria y que de vez en cuando siguen latiendo en mi mente nostálgica. Esto de ponerme a recordar es un arma de doble filo, puesto que a menudo todas esas vivencias bonitas y alegres que conservo van unidas a otras menos alegres... y casi todas las veces que echo la vista al pasado acabo rememorando episodios de un ayer que no debería aparecerse en mi hoy.

Pero ahí sigo, en plan masoquista, poniéndome tonta con los acordes de una canción que dibuja en el aire playas y brisas dulces de veranos pasados. Oliendo otra vez el aroma de las risas de mi adolescencia, escuchando los susurros de las primeras victorias y de aquellas primeras y fulminantes derrotas.

Y a veces (sobre todo cuando me pongo a contemplar el mar desde mi terraza, al atardecer) me parece que sigo siendo la misma chiquilla de ayer, aquella Bea de sonrisa tímida y ojos brillantes que se escondía tras bromas y pantalones anchos para no ser vulnerable. Es entonces cuando vuelvo a acordarme de ti, que me rompiste el alma cuando yo tenía solo diecisiete años. O de ti, que me la rompiste con 25. O de ti, que me acompañaste durante casi dos años maravillosos y que tuviste que desaparecer de mi vida por culpa de mi torpeza y estupidez. Es sólo una alucionación momentánea; en pocos minutos vuelvo a ser la Bea de hoy que tiene miedo sólo de llegar a fin de mes con números positivos en la cuenta corriente. La Rizos que se come con patatas el mundo cada día.

Pero hay mucha gente que aún sigue siendo importante para mí por una razón o por otra, y que a pesar de ser tan sólo pedacitos de mi pasado siguen estando ahí adentro, como imperdibles que voy colocando en lo más hondo de mi ser para recordar siempre lo que fui... que es, en definitiva, lo que me convirtió en lo que soy ahora.



Hoy he cambiado la tarifa de mi teléfono móvil por culpa (o gracias a) de alguien especial que forma parte de mi hoy. Nuevo número-ahorro, tarifa especial "mi gente": llamarle por fin me costará sólo 5 céntimos el minuto. La operadora, amable, me ha recordado que el cambio de tarifa no afecta a "mi número favorito", número que me ha repetido con su voz enlatada para preguntarme a continuación si deseo seguir conservándolo.

Y ahí lo he dejado, inamovible, a pesar de que sé que nunca jamás lo volveré a marcar.

24 mayo 2007

Etapas

La empresa de animación para la que trabajo me ha ofrecido un piso cerca de mi hotel, para no tener que desplazarme a diario desde tan lejos. Me quedaré allí de sábado a miércoles y no tengo ordenador, así que tendré menos tiempo para usar el pc y como consecuencia actualizaré menos este blog.
Pero que sepáis que estoy bien, que no me he olvidado de nadie y que seguiré pasándome por vuestras webs/blogs cuando me sea posible... También actualizaré, aunque será de vez en cuando y quizá no pueda extenderme demasiado.

Pasad un verano de escándalo y no olvidéis de contármelo todo vía msn, vía mail, por teléfono o por medio de simples comentarios, que no os quiero perder de vista ;)

¡¡¡Besotes para todos y cuidaos mucho!!!

04 marzo 2007

White Russian < Sjöelen

Bueno. Lo veía venir, de hecho los últimos meses han sido como una desintoxicación lenta pero efectiva, como si hubiese estado separando ( tironcito a tironcito) el belcro de lo que antes consistía mi quehacer cotidiano y adaptándome a las nuevas tareas y responsabilidades diarias. Ya los días de salsa y de juergas quedaron atrás; las tardes de White Russian en el barecito de la playa tendrán que esperar a mis días libres o mis vacaciones y mis amigos tendrán que buscarse a otra que les lleve al cine en Martín.

Ahora que por fin he firmado el contrato, ese que siempre he soñado y que constituye la recompensa de mis 25 años de vida, el belcro se ha despegado del todo y lo que era mi vida dejó de serlo.
Me esperan muchos meses (ojalá sean muchísimos) de dedicación total a mi trabajo, de pocas horas de sueño, de turnos tripartidos y de gran actividad física. También serán meses de grandes satisfacciones personales, enormes sonrisas propias y ajenas y la sensación de vivir mi propia vida, la que siempre quise para mí. La Animación Turística no es, como muchos piensan, "pasar el día al sol bebiendo cerveza y disfrazarte por la noche para hacer el tonto en el hotel". Es, como leí ayer en un excelente artículo, crear sonrisas e ilusiones... hacer al cliente un poco más feliz. Y, modestia aparte, no creo que existan otros trabajos igual de hermosos.

Así que cruzad los dedos y deseadme suerte... aunque espero no necesitarla.

Bienvenida, vida nueva.

21 octubre 2006

Cause you stand here with me...

Si queréis escuchar lo mismo que yo escucho mientras escribo ésto, tomad nota: Creed-Stand here with me








Puess... sí, llegó el momento. Todos sabéis ya que me voy y que seguramente escribiría un texto de despedida en mi blog. Y yo también lo sabía, (je) pero me costaba ponerme, eh... Porque es como decir "ale, ya está, es la hora". Y uffff... es difícil.

Pero ya, ya está. Me voy. No sé si en 10 o en 15 días, es lo de menos, pero el caso es que por fin me mudo a Londres sin billete de vuelta. Por si alguien no me conoce, soy malagueña y adoro mi tierra, así que como comprenderéis me va a costar mucho abandonar las biznagas, mi paseo marítimo y mi gente.
Aún así, mi viaje es un cambio positivo. Necesito dar ese giro en mi vida y sé que será lo mejor que podría hacer ahora, porque he estado algo perdida estos años y quizá en Londres encuentre muchas respuestas que necesito. Por eso no quiero ponerme triste ni lloriquear como hago siempre... ¡no me lo permitáis!

Espero que a Omar no le moleste que le copie la idea de crearme un blog para escribir desde el extranjero... Me gustó la idea que tuvo con el suyo cuando se fue al lejano norte, así que he decidido fundar el mío propio para así poneros al día de mis andanzas anglosajonas. Gracias por la idea, petardo ^_^. Es un buen modo de ahorrarme e-mails en serie, y además podré ir poniendo fotos y demás chorreces de esas con las que tanto se ríe Ainhoa. Os agradecería enormemente que os pasáseis a echar un vistazo y saludar de vez en cuando; no sabéis lo bien que sientan un par de frases amigas cuando estás perdido en una ciudad tan grande y desconocida.

En realidad, ahora que lo pienso, tengo muuuuucha gente a la que darle las gracias por muchas razones, y me gustaría hacerlo ahora que aún no me he ido y que pueden leer ésto. Porque soy realista, y sé que la distancia y el tiempo son capaces de matar una amistad por muy fuerte que sea. Sé que cuando regrese, sea cuando sea, muchas personas que hoy por hoy complementan mis charlas cotidianas se habrán quedado por ahí, perdidas en el recuerdo. Es una lástima y hablo de corazón... pero sucederá. Por eso quiero dejar claro ahora que todavía estáis aquí que sois muy importantes para mí, aunque no os lo diga a menudo.

No obstante... mejor que escribir una lista interminable de gente que me ha ayudado alguna vez, voy a daros las gracias precisamente por todo lo que habéis hecho.
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Gracias a ti, que me haces reir cada día con tus celos de crío, tu manera de hacerme la competencia blogera y por tu sentido del humor algo peculiar. No creo que nadie más fuese capaz de discutir conmigo sobre el sexo de los automóviles o sobre mis teorías acerca de las rubias. Contigo aprendí lo que es la humildad, la sencillez humana, el perdón, la amistad. Estuviste ahí incondicionalmente, a pesar de todo, y eres una de las pocas personas que se han atrevido a decir que me echará de menos. Vale que seas un maniático, un hipocondríaco, un paranoico y un hombre con un gusto musical horrible, pero gracias por cuidadarme tanto. No te lo dije, pero de verdad que te lo agradezco. Todo.
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A ti también tengo mucho que agradecerte, pero sobre todo, lo más importante... gracias por seguirme queriendo, después de todo. Siento mucho haberte provocado esa "ceguera" de la que aún hoy sigues hablando. Que sepas que te echaré de menos, aunque sólo sea por no volver a ver las fotos de tus tortillas. Y bueno, ya te lo dije en tu blog, pero quiero que sepas que si alguna vez te dije algo que no esperabas fue sólo porque te aprecio y quise ayudarte. Cuenta conmigo para lo que sea, ¿ok?
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Gracias por este verano, por enseñarme lo que es querer de verdad a alguien. Vale que tu forma de querer sea diferente a la mía, pero gracias. Contigo he aprendido a guiarme un poco más por el corazón y menos por la cabeza, que me hacía falta. He pasado un verano maravilloso y he conocido otra forma de ver la vida que me ha enseñado mucho. Gracias por mostrarme una parte de ese mundo verde en el que vives... Muchísima suerte, porque tú también comienzas ahora otra etapa en la que tendrás que echarle valor y tirar palante... Ojalá dentro de un tiempo podamos sentarnos a tomar café y me cuentes lo feliz que eres. Y si es en inglés, mejor que mejor ;)
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Gracias por tu cariño incondicional, rubio. Es curioso el modo en el que te conocí, y mucho más curiosa es la forma en la que te convertiste en uno de los mejores amigos que he tenido nunca. Creo que en mis 25 años de vida tan sólo dos personas no me han fallado nunca, y tú eres una de ellas. Sería impensable haber salido adelante el pasado invierno sin verte a mi lado, aunque no te lo creas. Porque mientras te reías de mí con esa mirada burlona y me sacabas a bailar entre Guayacanes y bachatas, me demostraste lo que es sentirse cómplice de alguien. Perdóname por no haberte dicho nunca lo mucho que te quiero
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Gracias a ti por tu movimiento de hombro bailando bachata xD Nah, ya en serio... tengo que agradecerte gran parte de las carcajadas sinceras de este verano. Parece que llegaste en el momento justo en el que necesitaba un poco de aire fresco, y con tu peculiar forma de ver el mundo resultaste la brisa que mejor me sentó. No cambies nunca, a pesar de todo. Es precisamente por ser el último Don Quijote que te aprecio... ojalá nunca pierdas ese espíritu idealista y soñador, porque te hace único y especial.
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Gracias por enseñarme el color del aliento, por mostrarme un pedacito de ese mundo que con tanto empeño tratas de guardarte muy adentro. Contigo me llevo un regusto agridulce en los labios, y bien sabes el por qué. Pero te debo mucho, aunque no lo creas. Gracias por todas esas frases que dijiste, pero sobre todo por las que sé que nunca llegaste a decir... Perdóname si alguna vez rompí alguna extraña promesa sin palabras; nunca se me dio bien racionalizar sentimientos. Espero que te vaya todo genial, porque te lo mereces. Si alguna vez termino ese libro del que te hablé, prometo que serás el primero en recibir una copia.
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Pelirroja peligrosa, gracias. Haciendo memoria, creo que eres la única mujer además de mi madre que me aprecia xDDD. Perdóname por ser tan pasota a veces y por no demostrarte lo mucho que te aprecio. Ojalá te vaya todo estupendamente y encuentres tu rinconcito en este mundo tan cínico que tantas veces te ha fallado. Falta gente buena e inocente como tú, ¿sabes? No cambies nunca, guapa. Muchas gracias por todo, te echaré de menos... ¡aunque espero que vengas a verme!
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Morenazo, rubiaza, pitufa, monumento... Te he llamado ya de tantas formas que ahora no sé con cuál quedarme xD ¿Sabes que te considero mi mejor amigo? Seguro que no te esperabas ésto, porque creo que entre tú y yo eres siempre tú el que demuestra más cariño. Y lo sé, soy una insensible asquerosa, y te doy el derecho de meterte conmigo lo que quieras. Pero es que siempre has estado ahí, durante todos estos años. Parece mentira, ¿verdad? Quién me iba a a decir, como dicen por ahí, que por internet, (en una estúpida página de opiniones), iba a conocer al chico más encantador del mundo. Un chaval sincero, humilde, con un corazón enorme que casi no le cabe en el pecho. Y lo mejor de todo... un chico que me quiere y me aprecia de verdad, porque me lo ha demostrado en muchas ocasiones. Incluso cuando yo iba y venía en esas rachas de extraña soledad que me dan a veces... Me bastaba con llegar y saludarle y zas, ahí estaba él, de nuevo con sus bromas llenas de cariño y sus sonrisas desinteresadas. De ti podría estar hablando durante horas, y es que no tengo palabras para darte las gracias. Pero bueno, voy a resumir, que no es plan de hacer el post más largo de la historia xD Gracias por ese día en el que por fin pude verificar que eres real; significó mucho para mí el verte. Gracias por cada palabra, por cada sonrisa, por cada minuto. Gracias porque a pesar de que no me hayas escrito una opinión que se llame Amiga Bea (sigo celosa, grrr) me has demostrado que me consideras tu amiga... Gracias por compartir conmigo casi tres años de tu vida. Gracias porque eres una de las personas que más me conoce y, aún así, me aprecias y me defiendes siempre. Gracias, te echaré muchísimo de menos :*****
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Gracias a vosotros, que formáis parte de mis más felices recuerdos de infancia y adolescencia. Sé que sin vosotros los primeros años de mi vida habrían sido mucho más grises y tristes, así que os lo agradezco en el alma. Gracias por esas horas de Donkey Kong, por esas conversaciones en el super-recreo, por tantas horas compartidas entre clases y misas de los martes, por el Oh Beatas y el Yu Ar Mai Jart, por las merendolas en casa de Isa, por los triángulos amorosos y el "asco de amor" de Chus, por los cines y las primeras juergas, por los bolos, por el ciber, por Lady Madule del Cabello Azabache y Sir Plaine, por el karaoke, por todos esos años. Por todo. Espero que vengáis a verme a London, mamones/as, que algunos de vosotros incluso estáis muy cerquita...
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Gracias a vosotros, que de alguna forma me habéis hecho las noches veraniegas más llevaderas. A algunos os conozco más y a otros menos, pero gracias por esas horas matando raids y creando competencia en el mercado de Giran. Que os vaya muy bien ahora que cada cual ha tirado por su lado... ojalá volvamos a encontrarnos algún día, en Santander o en Aden.
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Gracias por esa noche tan especial, guapísimo. Sé que no estás pasando por tu mejor momento, y espero que la vida te sonría muy pronto porque te lo mereces. La sonrisa te hace grande, ¿sabes? Y además te sienta fenomenal, bombón ;) Me alegro horrores de haberte conocido; ojalá sigamos conociéndonos porque me gustaría tener a alguien como tú a mi lado, aunque sólo sea para hablarme durante horas xD Un besote y que sepas que me tienes para lo que sea, de corazón.
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A vosotras dos... muchas gracias. Porque aunque lo nuestro ya no tenga remedio y el "a ver si quedamos" ya se haya convertido en algo retórico, habéis sido dos grandes apoyos en algunos momentos chungos que pasé y me habéis ayudado mucho. Todos hemos cambiado un montón, y supongo que es ley de vida que cada cual tire por su camino propio llegado el momento... Tan sólo me gustaría que supiéseis que aunque nunca os lo dijese os echaré de menos. Y que os deseo lo mejor, a las dos.
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Morena... qué te voy a decir que tú no sepas. Bah, no sé ni para qué te digo nada, si en el momento menos pensado te plantas en Londres con tu maleta de colores y tu mirada brillante a dar la lata xD Gracias y ya está, que luego me pongo pastel y me regañas :P Te quiero mucho, aunque últimamente vengas a Málaga sólo a ligar y pases de llamarme xDDD.
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Gracias a ti por haberme mostrado a qué sabe el canguro ^_^ Nah, ya en serio... tú has sido la única persona capaz de envalentonarme para hacerme un tatuaje, y eso es mucho decir xDDD Ya en serio de nuevo... Gracias por enseñarme a ser mejor persona, con tu sencillez y esa forma de ser tan... limpia. Ojalá todo te vaya bonito y que vengas a verme otra vez en la próxima feria, esté yo entonces donde esté.
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Gracias por nuestra conversación de ayer, significó mucho para mí. Y ya, ya paro, no quiero que te sientas incómodo ahora que eres fuerte y chulo :P Cuídate mucho, ¿vale? ;)
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Gracias a todos y cada uno de mis contactos del msn, incluso a los eliminados y a los no admitidos. Alleby, sí, a tí también.
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Gracias a vosotros, que me habéis hecho los años de facultad más llevaderos y divertidos. Siempre tendré un huquecito en mi memoria para esos reliaos en la Baranda, ese calendario y ese estupendo viaje que nos pegamos... Aunque, sobre todo, guardaré siempre muy adentro aquellos días de biblioteca en los que, a pesar de estudiar muy poco, me hicísteis sentirme cómplice. Gracias a ti, greñoso... a ti, francesita guapa... a ti, tigre.... a ti, chacho... a ti, compañero de habitación que me echa a las siete de la mañana xD... A todos.
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Gracias a vosotros, que ya ni siquiera estaréis leyendo ésto. Fuísteis mi primer grupo de juergas y travesuras, los primeros que me hicieron cantar Melón Diésel a viva voz en un bareto a las tres de la mañana. Junto a vosotros empecé a quererme a mí misma cuando más lo necesitaba, me enseñásteis a ponerle mi propia letra a las canciones y a disfrutar de una simple tarde en compañía. Sed muy felices, sea donde sea que os lleve el destino.
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Bueno... sólo me queda agradecer a todas esas personas que no nombro por espacio y tiempo el haberme dedicado una sonrisa, un beso, una mirada cariñosa o simplemente por haber seguido este blog. Gracias, gracias, gracias. Date por aludid@.
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Y a ti, de quien no me despido porque espero que esto sea un simple comienzo... bienvenido a mi vida. Gracias por existir y cruzarte conmigo :*
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You always reached out to me and helped me believe...

Tengo que confesar que el brócoli no me gustará nunca... Así que si alguna vez os apetece viajar y conocer Inglaterra y os da por venir a verme, por favor, traed jamón. Y ya en serio...todos tenéis una casa en Londres. Espero que os quede claro.

Y bueeeeno... creo que no me dejo nada. Tan sólo comentar que mi nuevo blog se llamará www.rizosenlondres.blogspot.com, y que me encantará encontraros por allí de vez en cuando.

Al final estoy siendo una sentimental idiota, otra vez. Supongo que hay cosas que no cambian a pesar del tiempo, a pesar de todo. Espero que dentro de un tiempo, cuando vuelva, las cosas no hayan cambiado demasiado por aquí. Cuidadme a mi gente, cuidad de esa parte de mí que os dejo aquí. Cuidadme a mi familia, al Cholo, a Martín, a Iraide. Y, sobre todo, no me olvidéis... por favor.



Cause you stand here with me now





22 agosto 2006

Nunca vas a saber cómo me siento...

Ya quedan pocos días de verano, como en la canción de Amaral. Anoche hacía fresco en mi paseo marítimo, y otros años por estas fechas habría empezado a maldecir la vuelta a la facultad, los próximos exámenes, la rapidez con la que el tiempo se lleva las vacaciones...
Este año, en cambio, septiembre se me acerca muy diferente. Septiembre será la vuelta de tuerca; el mes que marque el final de una etapa y el comienzo de otra. Mi vida dará un giro de 360 grados de una forma inminente y deseada...
Pero ahora tengo un poquitín de miedo, claro. Y tristeza. Es una mezcla extraña de sentimientos lo que me revuelve el estómago y hace que me tiemblen las rodillas. Por una parte, ilusión, nervios, efuroria. Por otra, melancolía.
Y es que aún no me he marchado y ya echo de menos muchas cosas.

Echaré de menos, sobre todo, mi mar. Nunca habré estado alejada de él tanto tiempo, y para mí es como si me arrancasen un pedacito de mi alma. Puedo vivir en otra casa, trabajar en otro sitio, salir con otra gente... Pero no sé cómo viviré sin el olor a sal, sin la brisa marina, sin sentarme en la arena a ver atardecer. Sin poder tomarme un tinto de verano en mi bar de siempre, viendo a la gente pasar por el paseo marítimo.

Echaré de menos mi ordenador. Sí, os puede parecer absurdo que de todas las cosas del mundo una de las que más extrañe sea un ordenador, pero así es. Este rinconcito de mi casa es el que me ha servido de refugio en numerosas ocasiones, donde me he perdido para evadirme de lo que me preocupa, donde he pasado bastantes noches entre risas y reflexiones. Gracias a mi ordenador he conocido a personas bastante importantes de mi vida, y he llegado a sonreir cuando nada parecía poder sacarme del pozo. Aquí, tecleando, me he sentido plena perdiéndome entre versos y estrofas, comenzando mil novelas que nunca acababa, soñando entre relatos ajenos y vidas desconocidas. Es el único rincón de la casa donde me siento, verdaderamente, como en casa.

Echaré de menos a mi familia (casi toda) y a mis amigos, claro. Escribirlo es casi una redundancia, pero quiero que a ellos, los que de verdad considero mi gente, les quede muy claro. Que puede que no se lo diga muy a menudo, pero son muy importantes para mí.

Echaré de menos mi ciudad. Málaga no es una gran metrópoli y poca gente la considera bonita, pero a mí me encanta y no se me ocurre un mejor lugar para vivir en todo el mundo; tiene todo lo que necesito. Sólo con el color de su cielo ya me parece preciosa, y me importa poco si sus calles no son señoriales y sorprendentes. Es mi Málaga, y siempre la llevaré muy adentro por lejos que me vaya. Estoy segura de que el olor de las biznagas me acompañará toda la vida, y que quizá se me escape alguna lagrimita cuando recuerde las vistas desde Gibralfaro sentada junto a los leones de Trafalgar.

Extrañaré todos esos detalles que conforman mi día a día. Mi biofrutas de las once, los paseos con Cholo, las tardes de tiendas, las charlas en el Swan, las horas matando raids con Martimba, las risas con el niñato y sus flores en la cabeza, mis bailes de los jueves por la noche, la plaza de la Merced, los domingos de playeo, las mañanas de biblioteca, mis cumpleaños y santos fallidos, las juergas de los fines de semana, los viajes en Martin con la India sonando a todo volúmen.

Echaré de menos sentarme a escribir por las mañanas, como ahora, con la ventana abierta y el sol rozándome la espalda. Escuchar las gaviotas murmurando ahí abajo, en la playa, y sentir la brisa matutina revolviéndome el flequillo mientras el teclear del ordenador se mezcla con el rumor de las olas. Esta paz, esta tranquilidad que ha acompañado tantas horas de mi ¿corta? vida...

Pero bueno, como dije antes siento una mezcla de emociones, y no todas son tristes o negativas. Me voy porque sé que lo necesito, porque sé que será un cambio positivo para mí y que me va a aportar mucho de lo que me falta para ser feliz.
Y sobre todo, me voy porque sé que volveré. Ésto es sólo temporal, nunca me acostumbraré al brócoli.

Así que por favor ayudadme a disfrutar lo máximo posible mis últimos días aquí, cruzad los dedos... y deseadme suerte.