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05 septiembre 2016

Cita a ciegas


Se puso su vestido rojo; sabía que ese color le favorecía mucho y esta tarde quería impresionar de verdad.
Tenía una cita. Desde que su mejor amiga le instaló Tinder en el móvil, Lucía había rechazado a la gran mayoría de chicos cuyo perfil no hubiese conseguido llamar su atención por uno u otro motivo: casados, picaflores, infantiles, soberbios, simples. Pero Marcos era –parecía- diferente, y cuando las charlas vía chat derivaron en un posible encuentro real, ella aceptó.

Llegó diez minutos antes de lo acordado. Quería tantear el terreno y relajarse sentada antes de que llegara él. Eligió una mesa algo apartada del resto, junto a la cristalera, y pidió un café.
Marcos llegó un poco después, justo a la hora acordada. Llevaba una camisa muy bonita impecablemente planchada y unos vaqueros que le favorecían mucho. Guau, pensó ella. Tenía que reconocer que era guapo, al menos no muy diferente a su foto de perfil.

-¿Laura? -preguntó el chico, acercándose a ella-. Soy Marcos.

Lucía asintió y le invitó a sentarse, sonriendo. La primera impresión había sido buena: era educado, agradable, tenía el pelo brillante y la voz bonita. Por fin.

-Siento que hayas tenido que esperar, he venido en autobús y no he calculado bien el tiempo…

La camarera se acercó en ese instante y depositó con suavidad el café frente a Lucía.

-No te preocupes, yo acabo de llegar. ¿Quieres tomar algo tú también?

-Sí. Una cerveza, por favor.

La camarera asintió con la cabeza y volvió a la barra canturreando en voz baja. Los dos muchachos se observaron en silencio durante diez o quince segundos, hasta que ambos empezaron a reír.

-La verdad es que estoy un poco nerviosa -admitió ella-. Es mi primera cita a ciegas.

-¿En serio? Yo llevo ya usando Tinder varios meses, pero tengo que reconocer que eres la chica más interesante que he conocido por ahí.

La chica más interesante parpadeó lentamente y se sonrojó mientras la camarera traía la cerveza y el muchacho le daba un sorbo largo, ruidoso, dejando un rastro casi imperceptible de espuma que se le quedó adherido al labio superior. Ella pudo notarlo justo antes de que Marcos se limpiara y continuara hablando:
-¿A qué te dedicas? Me comentaste algo sobre unas clases…

-Soy profesora de español para extranjeros en una academia. Ya sabes, trabajo con alemanes, ingleses...

-¡Con guiris! Entonces te pasarás el día enseñando la receta de la paella y bailando flamenco, ¿no? Jajaja…

Exactamente, pensó ella. Por desgracia su trabajo estaba repleto de clichés y tópicos, pero se sentía bien desempeñando la docencia y haciendo de Cicerone en su ciudad. 

-A mí me gusta. Es divertido y reconfortante. 

Marcos intuyó que había metido la pata y trató de cambiar de tema rápidamente. Le habló de su familia, de su trabajo, - era monitor de Crossfit en un gimnasio- de su perro y de sus últimas vacaciones en Tailandia. Ella le escuchaba en silencio, atenta, haciéndole alguna pregunta de vez en cuando y bromeando con coquetería. Había química entre ellos y estuvieron charlando animadamente durante un buen rato, así que la tarde pasó y dio paso a otro tipo de bullicio en la cafetería, más íntimo y menos familiar.

Poco a poco Lucía había ido perdiendo la vergüenza y había empezado a tomar las riendas de la conversación, aprovechando también que el chico empezaba a mostrarse un poco más callado -probablemente más relajado-.

-¿Cuánto tiempo llevas soltero, Marcos? Porque como dices que llevas en Tinder ya varios meses…

-Jajaja… sí… Mi ex y yo lo dejamos el año pasado. Fue una decisión de ambos, aunque suene a excusa típica.

-Claaaaro, aquello no funcionaba, no es por ti, es por mí y todo eso, ¿no?

Marcos tomó aire y se mantuvo en silencio un minuto, justo antes de responder con la voz un poco más ronca de lo normal, como si estuviese cansado y arrastrara las palabras:

-Exactamente. Ella es un cielo, no pasó pada malo entre nosotros… simplemente sentimos que como pareja no funcionábamos.

Ella comprendió al instante. Sabía bien lo que era no encajar con casi nadie. 



-Oye, se hace tarde para otro café. Si te apetece podemos ir a cenar a algún sitio,- sugirió Marcos armándose de valor pero sin poder evitar desviar la mirada hacia la cristalera- conozco un italiano muy bueno aquí cerca.

-¿Un italiano? Demasiado romántico para una primera cita, pero me parece bien.

Ambos sonrieron a la vez. Lucía le hizo el gesto típico de pedir la cuenta a la chica de la barra y fue a sacar su cartera del bolso, cuando Marcos se lo impidió:

-Ni hablar, yo te invito. Al copazo de después ya invitas tú… –ella se lo agradeció con la cabeza y él continuó: -oye, perdona pero tengo que ir al servicio un momento. No me encuentro muy bien, igual he bebido demasiada cerveza con el estómago vacío, jeje.

-Sin problema, te espero.

El chico se levantó y se acercó a la barra.

-Tome, cóbrese de aquí. ¿El baño dónde está?

La camarera señaló a unas escaleras que bajaban:

-Abajo, al lado del almacén.

Marcos asintió y bajó los escalones muy despacio. Estaba mareado y tenía ganas de vomitar.

Entró en el baño de caballeros y se acercó a los lavabos. La imagen del espejo le devolvió un rostro pálido, enfermo. Se apoyó en el lavabo consciente de que algo no iba bien y se echó agua helada por la cara, tratando de calmarse. 
Lo último que pudo ver antes de desmayarse fue a la camarera apoyada en el marco de la puerta, tras él, observándole en silencio.





-Te dije que era un imbécil, Luci. Espera, agarra bien que el cachas éste pesa mucho.

Las dos chicas arrastraban al chico para sacarlo del baño, una sujetándole por las axilas y la otra tirando de las piernas. Abrieron con llave la puerta del almacén y entraron. Estaba en penumbras.

-No era imbécil, sólo un mentiroso y un tonto que no sabe cuándo una bebida sabe rara –respondió Lucía-. Pero este era muy guapo, no me lo puedes negar. 

La camarera encendió la luz y volvió a sujetar a Marcos por las piernas tirando de él como pudo hasta el fondo de la habitación, donde tenía las cámaras frigoríficas. Abrió una de ellas.

-Uy, en esta no, que la tenemos llena con los del mes pasado. Deberíamos ir pensando en poner más filtros, que desde que te enseñé lo del Tinder no paras…

-Un tío que se pide una cerveza en su primera cita ya merece morir, Cata, pero si quieres le añadimos algo más. 

Catalina miró a su mejor amiga sonriendo con malicia para decir:

-Ok. Pues lo dejamos en que se pida una caña y que además te cuente la milonga esa del no es por ti, es por mí.

Entre las dos consiguieron meter al chico en otro refrigerador vacío, casi a empujones, y tras cerrarlo bien y barrer y fregar el almacén, el baño y la cafetería se dispusieron a salir a cenar. Cata dejó el delantal tras la barra, se soltó la melena y preguntó, guiñando un ojo:

-¿Vamos al italiano? 

-Vamos.



 

01 septiembre 2016

Nunca.

Supongo que cuando te explico lo exigente que soy lo que realmente quiero decir es que me muero por que seas lo que busco.

Pero nunca lo eres.

08 mayo 2016

Practicando el subjuntivo

Cosas que me importaban con 25 años 

-Que supiera bailar.
-Que supiera vestir más o menos bien.
-Que le gustara salir y viajar.
-Que no fumara.
-Que se lo currara en las citas y me sorprendiera de vez en cuando.
-Que hiciera alguna locura a veces pero que fuese un tío razonable e inteligente.
-Que oliese a algún perfume de los buenos.
-Que fuera friki y que tuviera conversaciones interesantes y hobbies exóticos.
-Que no fuera un picaflor.
-Que estuviera bueno, objetivamente.
-Que me mirara como si yo fuese la mujer perfecta. 
-Que supiese valorar las horas que dedicaba a estar perfecta para él.
-Que me entendiera bien.
-Que leyera. El Marca no cuenta.
-Que fuera una máquina del amor (lalalala)
-Que tocara algún instrumento o cantara o fuese un artista en general.
-Que fuera detallista y romántico.
-Que les cayese bien a mis amigos.
-Que pusiera celosas a mis amigas.
-Que tuviera una vida interesante y pudiera contarme mil historias y aventuras.
-Que tuviera una voz bonita.
-Que fuera feliz estando conmigo.
-Que fuera maduro. O lo que yo creía que era madurez por entonces.
-Que se cuidara y fuera deportista.
-Que no me agobiara mucho y respetase mi espacio.
-Que me quisiera mucho y de verdad.





Cosas que me importan con 35 años 

-Que sepa cocinar  (y especialmente que pueda preparar sopa cuando yo esté enferma).
-Que tenga trabajo y/o estabilidad económica.
-Que sea independiente, sobre todo de su madre.
-Que no "esté dejando" de fumar: que no fume.
-Que esté un poco zumbadillo.
-Que sea humilde y buena persona.
-Que luche por  todos sus objetivos. Que apueste por nosotros al 100%.
-Que no necesite un croquis para tenerme contenta, ejem.
-Que se lo curre en su vida, en general.
-Que no le importe si un día se me olvida depilarme o si voy con pelos de loca.
-Que haya leído mucho.
-Que sea valiente y arriesgue. Que me bese primero (y que encima bese bien).
-Que se duche y huela a limpio.
-Que tenga amigos propios y vida social ajena a la mía.
-Que sea alegre y divertido y me haga reír. Que su felicidad no dependa de mí.
-Que sepa arreglar cosas.
-Que me guste físicamente.
-Que tenga más aspiraciones además de pasarse el Dark Souls 3.
-Que disfrute de las pequeñas cosas de la vida.
-Que me respete.
-Que sepa comprarme compresas, cremas y tampones cuando yo esté malita y no pueda salir.
-Que quiera viajar (conmigo).
-Que esté en mi onda y se lleve bien con mis manías.
-Que se ilusione como un niño con las cosas que le gustan.
-Que comprenda el significado de "equipo" más que de "pareja".
-Que me cuide -no sólo al principio- y me quiera bien.


05 marzo 2016

La perfecta ex.


Yo debo ser una novia horrible. A mis 34 años he tenido algunas relaciones estables que siempre terminaron en fracaso, y debo decir que a pesar de ser buena amante, mejor persona, la mayoría de las veces el drama sucedió por mi culpa. Me ha costado muchas lágrimas y muchos momentos de reflexión y autocrítica el asumirlo, no creáis. Es duro reconocer que yo para esto del amor no sirvo como la mayoría de los mortales, que encuentran pareja y se arrejuntan y se casan y comen perdices como quien va a comprar churros.  Soy exigente, un pelín egocéntrica, una bomba emocional que pone a prueba a diario los nervios  y la paciencia de quien tenga a mi lado. Necesito dosis de inteligencia, de sentido del humor (que suele venir de la mano de la inteligencia), de cariño bien dosificado, de independencia, de sexo y morbo llevados con ingenio –empiezo a ver un patrón aquí- de gente con agallas que sepa enfrentarse a los problemas de la vida y no esconda la cabeza bajo tierra cuando las cosas se tuercen y locura, sobre todo locura. Me llama lo turbio; así me va.

La cuestión es que (no me quiero enrollar) como novia seré un desastre, pero como ex-novia soy la hostia. Porque cuando mis relaciones se terminan, se terminan de verdad. Paso página y llevo mi duelo con elegancia, carisma, un saber estar impresionante... y me voy. Duele, por supuesto. Pero si algo caracteriza a la perfecta ex-novia es el no insistir en algo que no tiene sentido.

Es de primero de rupturas: al lugar donde fuiste feliz no debieras volver, que dijo Sabina. Y ya ni te cuento si no fuiste feliz siquiera… No más whatsapps, no más e-mails, no más llamadas, no más mensajes por Facebook. No hay que volver la vista atrás ni insistirles como una llorona desesperada y pesada. No, Adele, no está bien llamar dos años después ni viene a cuento de nada por mucho que te expliques durante veinte canciones iguales, como bien dice la gran Molinos en su post. Que luego me llamáis mala a mí, pero lo tuyo es crueldad y perrodelhortelanismo.

Y podréis pensar que lo de dar un portazo y olvidar su nombre, su cara, su casa y pegar la vuelta lo hago por mí, que me quiero mucho y voy de digna. Y no, eh. Yo soy altruista y un amor y en realidad lo hago todo por mis ex: se merecen ser felices con otra persona. Alguien que no les dé problemas, con quien no tengan que esforzarse ni sacar lo mejor de ellos mismos. Alguien que no les suponga ningún tipo de reto ni les haga crecer o evolucionar. Que no les haga plantearse que igual no son tan buenos ni tan listos ni tan especiales como creen. Una mujer dócil, simple, entrañable, tiernita,  femenina, razonable. Sincera pero sólo lo justo. Sexy, pero no guarrilla. Divertida, pero no zumbada.

A mí es que me gusta estar zumbada y tampoco pasa nada si me quedo sola, qué le vamos a hacer. De hecho auguro para mi mismidad una buena temporadita de soltería bien aprovechada, de la que enriquece además de cocer.

Así que nada, resumiendo. Que como estoy zumbada pero además soy un amor, a todos esos que un día me rompieron el corazón les deseo lo mejor y toda la felicidad del mundo: que les den mucho por culo, pero que les guste.


06 noviembre 2015

Por qué Tinder es un pozo del mal

Tinder, esa app del demonio en la que todas mis amigas tienen perfil y de la que todo el mundo habla. Esa herramienta mágica que parece solucionar los problemas de toda persona solitaria y con ganas de calor humano. 
Esa aplicación que, para los que no la conozcan, te permite conocer personas cercanas a ti siguiendo tus criterios de búsqueda. 

Yo la conocí gracias a mi amiga Leti, que siempre estaba contándome lo guay que era y lo bien que funcionaba. Me imaginé aquello como una especie de IRC moderno, donde muchas personas se conectan para charlar y pasar el rato y donde podías encontrar gente con tus aficiones y sentirte menos solo. Leti me aseguraba que había de todo: gente guapa, gente fea, gente que iba a lo que iba y gente que sólo quería charlar. Y yo que soy una gata curiosa y ahora que vuelvo a estar en el mercado de la carne no quise perder la oportunidad de oler por mí misma de qué iba todo aquello...

MAL, BEA, MAL. Pero por entonces yo no lo sabía. 

Lo primero que tienes que hacer después de descargarte la aplicación es crearte el perfil. Tinder se fusiona con tu cuenta de Feisbu (la verdad es que no sé si puedes registrarte sin tener cuenta en FB) y por defecto pone como tu primera foto del perfil la que tengas actualmente en Feisbu. Y esto es importante, amigos, aunque parezca que no. Esa foto que tengas en la red social de Zuckerberg, donde tienes a tus amigos, a tu madre y a tu cuñao, marcará la imagen que vas a dar en una aplicación para ligar, que parece que hay que decirlo todo. 

Después eliges si quieres añadir más fotos, si quieres escribir una descripción de tu persona y listo, ya tienes perfil. Ahora pasamos a tus criterios de búsqueda: ¿a quién quieres conocer? Hombres, mujeres, rango de edad y a un rango de distancia de tantos kilómetros. Yo elegí hombres cercanos de un rango de edad razonable teniendo en cuenta que ya soy una señora de mediana edad, que tampoco era plan de ponernos exóticas así de primeras.


Ya estaba lista para empezar con el tema, así que le di a OK y ale, al lío: un chorreón de hombres aparecieron ante mis ojos. Al principio parece divertido porque te van saliendo en plan catálogo, como si estuvieses eligiendo sofá pal salón. 
Debajo de cada perfil (en el que la foto es lo más importante, no os vayáis a creer que nos movemos por terrenos intelectuales) te dan tres opciones: descartar, aceptar o super like. La diferencia entre aceptar o el super like es que cuando aceptas a alguien, esa persona nunca lo sabrá si no te acepta a ti también. Pero si le das a super like, Tinder le avisa y le dice: "oye, mira, que esta chica tan mona de rizos que parece lerdilla dice que le molas un huevo y que por favor le des a like a su perfil". Por eso hay que tener mucho cuidado y ser muy consciente de a quién le das tus super likes, que con los me gusta o los descartes te puedes equivocar, pero un super like es para siempre.


Como os decía, cuando le das a "me gusta" a una persona hay dos opciones: que no pase absolutamente nada y no vuelvas a saber de ella, o que de pronto Tinder te avise de que ha habido un "match", es decir, que esa persona también te ha visto y le has gustado. Entonces es cuando se abre la veda: Tinder abre el chat entre vosotros y ya podéis foll hablar.
Fácil, sencillo y para toda la familia.

Y debo decir que como sistema es cojonudo, sobre todo para las personas que van a lo que van y no se andan con chorradas. Pero yo, que soy Bambi y me fijo en todo, no sólo en la foto del perfil, pues... En fin, os explico para que me entendáis.

El primer hombre que me salió tenía de foto de perfil un yate. Su segunda foto era él en el yate, con un gorro de marinerito, bronceado naranja de bote y una botella de champán al lao. Inmediatamente me sentí perroflauta y a él lo descarté porque no me veía yo en Puerto Banús diciendo oshea.

El segundo que me salió fue mi ex. A tope y sin vaselina. Instadescarte.

El tercero fue un jefe que tuve.

Entonces fue cuando me propuse limar aún más mis criterios de búsqueda, porque esto no estaba saliendo como yo esperaba. Quité un par de años para abajo, un par de años para arriba, y me dije a mí misma que no le daría a like ni me fijaría en ningún hombre que no tuviese una bio graciosa. 

Y así fue como me salieron los primeros casados, los optimistas que tienen de foto de perfil a su novia, los que ponen la foto de su boda o de sus hijos, los que salen tocándole el culo a una tetona o los que conducen un cochazo con una pegatina de esas de "bebé a bordo". Que yo lo veo correctísimo, ojo, porque al menos con estos ya sabes lo que hay de primeras y las chicas que busquen darle una alegría al cuerpo sin compromisos sin duda se decantarán por ellos.  Pero para mí, como ya supondréis, estos chicos son un descarte seguro.

También me salieron los aventureros cuyas fotos sólo muestran deportes de riesgo, el Himalaya, selvas amazónicas y playas exóticas con olas enormes. Este tipo de chicos suele escribir en su perfil cosas como "be free" "be wild" o "sport for life", y seguro seguro que tienen alguna foto con un tigre de bengala abrazao. Otro descarte por mi parte, ya que para mí la verdadera aventura está en entrar en el Ikea y conseguir salir la misma tarde, no escalar. 

Luego están los guapos, que están buenorros y lo saben. Ni biografía ni nada, que aquí hemos venido a hablar de nuestro libro: abdominales. Fotos en calzones rollo modelo de Calvin Klein, por si quedaba alguna duda de que  tienen buen paquete and you know it. Muchas veces me pregunto qué leches harán estos muchachos en Tinder si podrían tener a la que quisieran chasqueando los dedos, pero luego recuerdo que es todo mentira y se me pasa la curiosidad. Otro descarte. 

Después tenemos a los millonarios, que es un grupo en sí mismo. Es curioso porque en el Tinder de Málaga hay una gran cantidad de hombres de Marbella, y todos son pijos, pijos, pijos. Obviamente con ellos no tengo nada que hacer porque nuestra conversación se acabaría cuando les dijese que yo me compro las bragas en el Carrefour.

Un colectivo tinderiano que me hace mucha gracia es el de los hombres de paso. Al poner en los criterios de búsqueda el rango de distancia al que tienen que estar y funcionar por gps, Tinder no te muestra a los hombres que vivan cerca de ti, sino a los que estén cerca de ti en ese momento. Por eso a veces también te pueden salir guiris que están turismo en tu ciudad o chicos que vienen una semana por trabajo y buscan chicas para salir y tomar algo y hacer turismo sexual. A estos chicos no los descarto a priori porque algunos son majos y me gusta conocer gente diferente, pero no me gustaría encariñarme de alguien que se va en tres días ni estoy en esa etapa social de quedar para un café y lo que surja, la verdad. 

Luego están los frikis. Pero frikis chungos, eh, no friki guay. Me refiero a los hombres que quieren parecer románticos y sensibles y ponen de perfil una foto morreándose con su perrito, del osito de peluche con el que duermen  o de un atardecer desde su ventana. Algunos tienen, incluso, frases de Coelho en su bio... que ya es un WTF en toda regla. Los chicos sensibles no son ya "buena gente y amigo de mis amigos", sino que yo he llegado a ver -y no os miento- "leal y amante de mis amigos". Puro amor. Yo de estos no me creo nada y además de ser cierto que les va el rollo osito conmigo no tienen nada que hacer, así que otro descarte.

Y por último están los divertidos, que son  los únicos a los que les doy like. De momento he hablado con muy pocos pero son los más normales porque parto de la base de que para tener sentido del humor hay que ser inteligente, y eso me mola. Podría deciros que el chico más normal que me he encontrado y al que meto en esta categoría tiene un burro llamado Bastardo, así que ya os hacéis una idea xDDD
Y bueno,  entre que los chicos normales y sin yates ni fotos de esposas no abundan y que los demás también tienen que darle al like en mi perfil, he tenido pocos matches hasta ahora y he hablado con poca gente.

Y con menos que hablaré, que me da a mí que mis aventuras por Tinder van a durar poco. Ni me he metido aquí buscando conocer a nadie realmente, ni creo que pudiese encontrar nada interesante rascando entre esta fauna. No sé si es por ti, Tinder, o es por mí, que soy especialita, pero no sirvo para este mundo frívolo de apariencias y postureo en el que o tienes una vida super interesante o tienes que mentir como una perra para ligar. La idea de quedar con un chico de estos me aterroriza, no sé por qué. Igual mi yo de 23 años hubiese quedado con todos y se habría echado unas risas, pero yo es que ya no estoy para estos trotes. Supongo que sigo siendo una romántica que sigue creyendo en relaciones que se forjan poco a poco, ahí con su esfuerzo, sus nervios, su emoción.
Así me va.


Y así es como tienen que quererme.