29 enero 2018
La Llamada ( Lo hacemos y ya vemos, casi sin spoilers)
27 enero 2014
Lo de las críticas.
03 agosto 2012
Porque Wicked somos todos.
Los buenos, en los libros y en las películas, son muy buenos. Salvando casos como Spartacus o Juego de Tronos (donde todos son un poco cabroncetes y van a lo suyo) normalmente el narrador nos hace sentirnos cómplices del protagonista y acompañarle hasta que sus aventuras y desventuras nos llevan a un final mágico y esperado donde triunfa el bien sobre el mal. [...]"era un caso agudo de lo que Galinda llamaba «cráneos lectores». No podía hacerse un ovillo (era demasiado huesuda), pero se plegaba sobre sí misma, con la ridícula nariz verde y puntiaguda metida entre las páginas mohosas de un libro. Mientras leía, jugueteaba con el pelo, enrollándolo en torno a unos dedos tan finos y vegetales que casi parecían formar parte de un exoesqueleto. De una manera extraña y horrible, era un cabello hermoso, con un brillo semejante al del pelaje de un vigoroso dorantílope. Seda negra. Café hilado. Lluvia nocturna".
16 noviembre 2010
The walking curly haired dead
22 marzo 2009
Si yo soy Reverte y tú mi Marías...
Hoy vengo a hablaros de algo que me da bastante rabia y, a la vez, me enternece. Se trata de la figura del intelectual, y más concretamente del Bloggero Intelectual (a partir de ahora, será BI)
Yo soy una chica sencilla y de humor ligero y no me considero ningún dechado de inteligencia ni astucia… pero no tampoco creo que lo retorcido, lo abstracto, lo aparentemente subjetivo sea siempre mejor ni más interesante. Lo que nadie entiende, a fin de cuentas, tan sólo es algo que nadie entiende.
Podemos trasladar esto a cualquier tipo de arte: en pintura, nunca fui partidaria de esos cuadros abstractos que no me dicen nada. Creo que tiene mucho más valor cualquier dibujo de una niña de Preescolar, en los que todos adivinamos a su familia y a su perro meando en un árbol, que cualquier “obra” de Miró donde se nos muestre un fondo blanco con dos rayas titulado Amanecer en las Cumbres de Siberia.
En la música, cuántas canciones habremos tarareado mientras conducimos, a pesar de no tener ni pajolera idea de lo que quiere decir que la noche es toda magia, que un duende te invita a soñar y que piensas que nadie nos puede parar…
Pues volviendo al tema bloggeril, lo mismo me pasa cuando me doy un paseo por la red (me voy de blogs, vaya) y me topo con alguna de esas bitácoras repletas de poemas y ensayos raros que nunca parecen estar terminados y que no tienen nada que ver con la imagen o el título que les da el BI que firma debajo.
Tomemos, por ejemplo, el blog de mi querido amigo el Abejoso. Óscar es un chico inteligente; escribe mucho mejor que la media y seguramente su vida esté llena de matices e ideas interesantes. Sin embargo últimamente se empeña en escribir textos grises, oscuros, casi quevedosos. Que me parece muy bien, el blog es suyo y puede escribir lo que le dé la real gana… Pero si su intención es hablarnos de algo tan sumamente retorcido y personal, debe tener en cuenta que nadie más se va a enterar de qué narices nos habla. Que dejaremos comentarios, claro, pero serán algo así como “uy, qué profundo post, eres un máquina” o “jo, qué bien escribes, eres el rey de las letras”.
No sé, igual es lo que necesitan, los BI. Que nadie entienda un carajo, para que no les puedan criticar. Y como además el ser intelectual y oscuro se considera cool hoy en día, pues tendrán cienes y cienes de seguidores. Los reyes de los blogrolls.
Pero me asalta una idea. ¿En qué pensarán Miró y el Abejoso cuando crean su arte? Porque francamente a mí me da la sensación de que se cachondean de nosotros, los que tratamos de comprender lo que nos quieren transmitir con los textos apocalípticos y buscamos amaneceres helados en las rayas y puntos de los cuadros, como gilipollas.
Me enternece, porque a fin de cuentas tanto Miró como Enrique Bunbury como Óscar tienen mucho éxito en su campo, (y que les vaya bonito, que cada cual hace lo que puede).
Pero a la misma vez me fastidia, me jode sobremanera cuando consideran mis textos simplones y estúpidos tan sólo por pretender escribir algo sencillo, fresco y simpático. Algo que todos comprendamos y podamos disfrutar, como cuando se cuenta un chiste y al acabar se espera escuchar la carcajada cómplice de tu amigo.
Supongo que yo no soy intelectualmente cool, qué le vamos a hacer.

