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03 abril 2016

De lo de morirse.

Los que me conocéis más sabéis que esta semana he pasado por una experiencia de esas que te dejan tocada y triste y que te hacen pensar y replantearte el sentido de la vida. Yo no soporto pensar en la muerte; quizá porque no soy religiosa o porque simplemente me agobia, pero intento recordar lo menos posible que algún día voy a estirar la pata. Sé que eso está ahí, que llegará, pero no lo tengo presente ni quiero pensarlo.

Por eso cada vez que me siento en uno de los sofás del cementerio me replanteo muchas cosas. ¿Qué pasará cuando yo me muera? ¿Quienes estarán aquí, llorándome? ¿Habré vivido muchos años? ¿Habré sido feliz? 

Y siempre llego a la misma conclusión: no quiero tristeza. Todos morimos. Es algo natural y necesario, inevitable, y aunque también sea inevitable lamentarnos y sentirnos tristes cuando alguien a quien queremos se va -por lo mucho que le echaremos de menos- creo que se puede replantear el asunto hacia una experiencia un poco menos negativa. En México por ejemplo los entierros son una fiesta. Los muertos ya no sienten, y nosotros, los que nos quedamos aquí, podemos recordar a esas personas que se fueron con pena o con el orgullo y la emoción de haber podido compartir parte de nuestras vidas a su lado. Con la alegría de haber sido un poco más dichosos por conocerles.



Sé que el día que me muera habrá gente que se pondrá triste. O por lo menos mi gato, si es que sigue vivo para entonces. Que lo mismo mañana me da un yuyu y me piro, qué queréis que os diga: la vida es así. 
Pero también os diré que yo he hecho lo que he querido todos los días de mi vida. Que he sido muy, muy feliz. Quizá molaría conocer a Hugh Jackman antes de diñarla y que me diese un meneo pero vaya, que tampoco es imprescindible. Salvo el asuntillo de ir a Nueva York no hay nada que a día de hoy piense que me queda por hacer para poder morir tranquila, y eso es muy grande, sabéis. Me da cierta tranquilidad que quizá hace unos años no tenía, y mola. 
Y por eso me he decidido a venir a daros algunas instrucciones por si acaso no llego a vieja y cualquier día entráis en el blog y os encontráis con que me he ido con Odin a tomar gintonics. Atended, porque estas serán mis últimas voluntades:

-No quiero más lágrimas de las necesarias. Que se os escurre alguna, bueno, vale. Es bonico, que tampoco es plan de que paséis olímpicamente del tema xD Pero que no quiero que os regodeéis en el dolor y en la tristeza. Yo ya no sentiré nada, o igual (porque no tengo muy claro qué hay más allá) estoy rodeada de dioses nórdicos buenorros y me lo estoy pasando pipa mientras vosotros estáis ahí con la llorera como tontos.

-No quiero que empecéis a dejar comentarios y a escribir posts emotivos donde decís lo mucho que me queríais y lo chachins que era yo. Mirad, majos, a mí las cosas bonitas me las decís ahora, primores. Que te den un Oscar después de muerto es una mierda pinchada en un palo. Si me queréih, decírmelons ahora que puedo arrechucharos y ponerme tiernita, y si no os da la gana porque sois unos rancios o porque os da corte o whatever, que os la pique un pez pero no seré yo la que lave vuestras conciencias cuando estire el rizo.

-Quiero que os vayáis de Gintour en mi honor. Eso sí que es un funeral digno de mis lanas. Quiero que os pongáis escotazo las churris, pantalón marca paquete los maromos. Que hagáis el payaso, que os pongáis ciegos, que bailéis todas las canciones chorra que me gustan (y hagáis twerking) que recordéis los grandes momentos de gintoures pasados y robéis corbatas a gente random. 

-Quiero que mi legado quede presente en vuestras vidas en forma de cosas moradas y de ovejas. Que cada vez que tengáis que elegir entre el bolso morado o el negro pilléis el morado, pegue o no, y que si viajáis a Irlanda y os chocáis con un rebañito hermoso, os acoréis de mí con cariño y pavismo. Igual que me encantaría si a partir de ahora empezáis a decir solfalses, primorses, oemehé o porcier. Quiero quedarme en este mundo en forma de pequeños detalles. Yo no quiero ser rica y famosa y que mi legado sea comparable al de Cervantes o Ylenia, no necesito tanto. Pero no sé... me haría ilu si en el futuro vuestro coche se llama Amparo, si os rizáis el pelo el 25 de abril o si os tomáis un bocatabacon con ansia en mi honor. Supongo que lo que me pondría triste no sería morirme físicamente, sino desaparecer de vuestra memoria como si no hubiese existido. Que soy una petarda pero existo y os quiero, jo.


-Quiero que este blog no muera nunca. Es decir, que si yo no puedo estar aquí para actualizar de vez en cuando contando mis chorradas, seáis vosotros los que vengáis a inundarlo con vuestras miserias y frikismos en los comentarios. Hagamos algo grande: el blog colaborativo más multitudinario de la historia, pero encima en los comentarios y no en los posts. Llenemos el blog de vídeos como te voy a dar un byte, Caballo homosexual de la montaña o la Cobra Taka Taka. Continuad mi sección de las 5 peores citas contando las vuestras.  Escribid posts-comentario titulados "sal con un gofre" o "sal con una chica que coma bacon". Haced lo que queráis de Una de Rizos..., pero no dejéis que caiga en el olvido mientras os sea posible.

-A mi familia y amigos les pediría que no me enterrasen ni me hiciesen misas innecesarias. Quiero flores moradas, eso sí. Pero misas y parafernalias, no. Y si podéis pisar el cementerio lo menos posible, mejor. Y con mis cenizas la verdad es que no sé... igual ni me entero, por eso tampoco es que me importe mucho qué hacéis con ellas. Podéis trollear un poco y llevarlas a la siguiente HoliRun  xDDD Pero en fin, que no quiero tampoco que tengáis lo que quede de mis lorzas serranas en un columbario y que tengáis que estar pagando por mi urnita forever. No me merece la pena. Yo quiero que me llevéis en el corazón y que no me olvidéis, pero físicamente ya no estaré aquí y es tontá.

-Quiero que se quede con mi colección de velas de la #balidomancia quien las sepa valorar como se merecen. Con mi cuenta de Netflix quien no sepa vivir sin series. Con mi Nico quien le sepa entender y querer de forma incondicional. 

-Y, sobre todo, quiero que seáis felices y que mi muerte no trastoque vuestros planes. HABER, que diría Gordi, que aquí nos vamos a ir muriendo todos y lo único que pasa es que me ha tocao a mí primens. 


See you on the other side.









02 febrero 2015

De lo de morirse

Ayer murió un tío de mi madre. Yo casi no le conocía; vivía en otra ciudad y además sólo le había visto un par de veces cuando era pequeña. Pero mi madre me lo dijo y me sentí igual que siempre me habla de algo relacionado con la muerte: agobiada.

Me agobia muchísimo la muerte. Así, en general. No soporto ir a entierros o funerales o incluso a los hospitales, porque siento ganas de salir por patas de allí. 
No me gusta pensar en que la vamos a diñar, sí o sí. No sabría identificar la sensación o sentimiento que me provoca, pero es una mezcla de miedo, preocupación, inseguridad... yo qué sé, de muchas cosas chungas juntas. Yo no soy religiosa y no sé qué hay después, o si no hay nada, y ambas opciones me dan sustico.


Hace cinco o seis años, cuando yo vivía en Barcelona, fue la primera vez en mi vida que me paré a pensar en mi muerte.  Estaba sola en la cama, llorando, preocupada por mi salud y con la incertidumbre de unos resultados médicos, y me planteé que quizá me estuviese muriendo. Que suena disparatado pero que, oye, en realidad sería algo mucho más natural de lo que parece. Que morirse es fácil. 
También me puse a pensar en si la muerte dolería o no. ¿Lo habéis pensado vosotros alguna vez? Es una de las cosas que más me asustan, aunque os parezca una estupidez. 
Y me agobié. Llegué a la conclusión de que no me quería morir todavía, que no quería quedarme allí sola y tan lejos de mi familia y amigos, con tantas cosas por hacer y tanto por aprender. Que mis padres no podrían soportar la pena, que no volvería a ver a mi Cholo... Que no podía ser mi final en absoluto, y que esos resultados tendrían que ser positivos por narices o me daría un aire. 

Fueron positivos, claro, y borré esas ideas macabras de mi mente para poder seguir con mi vida siendo tan pava como siempre. 


Hasta ayer. Ayer estaba yo tomándome mis medicinas (llevo una semana con gripe) y me atraganté de una forma tonta, por culpa de la tos. Estaba sola en la cocina con mi bata y mis pelos de loca, y empecé a toser y a toser y a toser porque notaba que se me había colado algo por las vías respiratorias... pero no conseguía que saliese.
Empecé a derramar lagrimones y a agobiarme, (creo que me puse colorada cual tomate reventón) y empecé a tomar buchitos de agua muy poco a poco, sin éxito. Seguía tosiendo sin parar, y tenía la sensación de que cada vez empeoraba más la situación y que esa medicina o ese agua o lo que fuera que tenía en mi esófago iba a llegar a mis pulmones. Me senté en el suelo y volví a tener aquel pensamiento maldito que ya conocía de años atrás: ¿y si era mi fin? 
Y sucedió algo extraño: lo acepté. Pensé que si era mi hora y si mi vida tenía que terminar ahí, pues tampoco estaba tan mal. 


No sé si es bueno o malo, (no lo tengo claro del todo) pero lo que sí sé es que mi vida no debe estar tan mal del todo al fin y al cabo cuando ya no me importa tanto morirme.


P.d: anyway dejarse de rolloh, que todavía no he ido a Nueva York :P

20 diciembre 2012

Si el mundo se acaba

Hace unos años escribí un post hablando de qué cosas haría si me muriese mañana, y hoy no puedo hacer más que recordarlo puesto que según los mayas es posible que el mundo implote o algo así esta noche, y mañana vete a saber qué será de todos nosotros.

El caso es que en aquel post de la Rizos del pasado me quejaba de dejarme muchas cosas pendientes y  aseguraba que mi último día en la tierra lo pasaría haciendo mil cosas, para quedarme con la sensación de plenitud que necesitaba. Pero, ¿sabéis qué? Hoy no siento que me quede nada por hacer. Es decir, no he viajado a Nueva York, sigo sin un maldito trabajo, todavía no he vivido una historia de amor de cuento de hadas ni comedia romántica y aún no he hecho nada extraordinario ni sentido que mi familia esté orgullosa de mí por mis logros, pero creo que si el mundo se acabara hoy no querría estar en ningún otro sitio ni haría nada especial que no haga el resto de los días.  

Si mañana nos vamos al carajo porque cae un meteorito yo quiero que me pille aquí, jugando al World of Goo o sentada en el sofá hecha un ovillo bajo las mantas, viendo American Horror Story con Pablo. 
Si de pronto un tsunami se lleva por delante mi ciudad, me gustaría que me pillase jugando al Apalabrados con mi madre (y a poder ser, ir ganando yo) o gritándole a David por skype que no pushee tanto, que no tenemos wards. 
Si un platillo volante nos lanza un misil astral y hace volar el planeta, espero que lo último que vea sea   mi cuarto, mis ovejas, mi vela morada. Que mi última cena sean perianas con Jesús. Que lo último que lea sea a Alberto escribiendo en facebook: "rápido, contestad sin pensar: ¿seguirá teniendo el Nela el hoyuelo en la barbilla cuando sea zombi, o no tendrá barbilla?".  Que el último tweet que aparezca en mi TL sea el de @CarmendMarirena diciendo que "en el fin del mundo ven y métemela profundo".  Que me llegue un whatsapp del grupo mandingas lleno de gitanasQue al mirarme al espejo al ir a lavarme los dientes piense en lo bonito que me ha dejado el pelo Boris, y no en cómo me hubiese gustado ser. Que haya una luna bonita esta noche y que desde mi ventana se vea Málaga. Que me acuerde de mirar mis ciudades en el Stronghold Kingdoms antes de irme a dormir. Que todos esos recuerdos que dicen que pasan por la mente  de las personas en los últimos segundos de existencia, en mi caso sean dulces y no los que me hicieron llorar o lo que me hubiese gustado vivir. Que este, mi último post, no sea triste ni deje un regustillo agrio en los labios.

Porque si el mundo se acaba ya, todo lo demás no importa... y si por el contrario finalmente los mayas se equivocaban, (o la razón por la que no predijeron un mañana es porque se cansaron de hacer calendarios), no nos quedará más remedio que seguir viviendo con lo que hay. Y a mí mientras me queden bombones de licor ya me basta.



11 noviembre 2012

Lindo.

No quiero escribir una entrada triste. No quiero, pero me cuesta mucho: aún no he asimilado que ya no estás. Que tú, que formaste parte de mi infancia y adolescencia, te has ido para siempre de una forma tan precipitada.

De todo esto saco la conclusión de siempre: basta ya de dejar que la vida se nos escurra entre los dedos. Exprimámosla, bebámonosla a sorbos con cuidado de no desperdiciar ni una gota porque es breve, intensa y valiosa. Todos esos problemas y preocupaciones que ocupan nuestro día a día no son tan importantes, al final. Parece que sólo nos acordamos cuando pasa algo malo, y hoy más que nunca me siento estúpida por ello. 

En fin, no soy capaz de decir mucho más. Tan sólo que te voy a echar mucho de menos, Dani. Que mis cumpleaños no serán lo mismo sin esos pintalabios azules y morados que me regalabas, mi twitter se quedará soso sin tus pensamientos filosóficos y canciones ñoñas y en el grupo de amigos de siempre dejas un hueco enorme y mil recuerdos maravillosos. Gracias por todo lo que nos has aportado, incluso aunque siempre me ganaras al Mentiroso.

Cuídate mucho allí donde estés; nos vemos pronto. Un beso morado.


17 junio 2012

Va por ti, Nacho.

Yo no conozco a este chico. No lo llegué a conocer, quiero decir. Tan sólo sé lo poco que he podido averiguar cotilleando el hashtag de twitter #vaportiNacho, que esta última semana ha estado on fire con miles de peticiones de twitteros conmovidos por su historia, suplicándole al Boss que le dedicase una canción a Nacho en el concierto al que esta noche, desgraciadamente, no ha podido asistir.

Y os tengo que confesar que, de primeras, todas estas movilizaciones generales supuestamente altruistas y humanitarias no me conmueven en absoluto. Ni las personas que piden que compartamos una foto en facebook para que haya princesas Disney calvas, ni ponerme lazos y floripondios en el perfil, ni darle la vuelta a mis fotos. Llamadme mala persona, pero creo que hay mil formas mucho más eficaces de ayudar y dar nuestro apoyo.
¿Cuántas de las personas que se pusieron un lazo rosa en el avatar han ayudado alguna vez a alguien que lo necesitase de forma altruista? Me refiero a dinero real, a esfuerzo real, a algo que cueste más que un par de clicks con el ratón.  Me parece muy fácil hacer gala de nuestra generosidad online, pero  yo te creeré generoso cuando el lacito rosa lo lleves en la solapa, majo. No en Tuenti.

Yo no me cambio el avatar, como os decía, para este tipo de causas (generalmente) perdidas. Aunque respeto a las personas optimistas, por así decirlo, que sí lo hacen. Pero yo lloro por las personas que quiero, sufro con mis seres cercanos que sufren e intento poner mi granito de arena de forma que sepa con seguridad que les estoy ayudando. 
Y os voy a decir otra cosa: si cuando yo muera me toca hacerlo con algún sueño sin cumplir, no quiero hashtags ni páginas en Facebook de gente desconocida que jamás movió un dedo por mí hasta que estiré la pata. Si de verdad queréis conmoverme, ayudarme, hacerme feliz, hacedlo ahora que puedo verlo y sentirlo.  

Aun así, si la historia de Nacho es verdadera y habéis sido vosotros, sus padres, los que comenzasteis la petición del concierto de Bruce Springsteen, por si acaso esta noche no lográis vuestro objetivo permitidme dedicaros una canción yo a vosotros. Porque al final sois vosotros los que os quedáis y sufrís y necesitáis ayuda y apoyo, y no Nacho.
Un besazo de parte de una desconocida.



24 noviembre 2011

Espaguetis

Anoche me preparaba yo espaguetis para cenar y traté de recordar la receta con la que me los hacía mi abuela hace muchos años, cuando yo era niña y mi madre me llevaba a su casa a comer los domingos.
Me concentré, y  con mi imaginación portentosa y tirando de memoria casi pude volver a olerlos, saborearlos. Y a pesar de prepararme mis espaguetis tal  y como ella lo hacía, el resultado final fue delicioso... pero diferente. 

Han pasado más de veinte años y todavía no he conseguido que mis platos de pasta sepan igual.

Son estos momentos en los que me doy cuenta de que la echo de menos. Pequeños detalles, recuerdos que me vienen a la mente de golpe cuando estoy ocupada haciendo algo y menos me lo espero. 
Yo tenía 12 años cuando ella murió, y aunque el tiempo siga alejándome cada día más de la época en que ella formaba parte de mi vida, su legado sigue aún vigente y mantiene vivo ese recuerdo que, aún hoy, me hace sonreír. 

Me pregunto si yo aportaré algo a la vida de alguien de esa forma, cuando muera. Si dentro de mucho tiempo alguien se acordará de mí cuando vea ovejas, cuando intente rizarse el pelo o cuando pretenda preparar arroz a la Bea, sin éxito.
Y, si os soy sincera, no estoy segura de si quiero que eso suceda.