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28 enero 2017

Manolo


Una vez hace un porrón de años, cuando yo debía tener alrededor de 12 o 13, salí al balcón de casa y me encontré un camaleón. No tengo ni idea de dónde salió, si trepó hasta allí (¿los camaleones pueden trepar hasta un cuarto piso?) o si se cayó desde algún balcón de los pisos superiores. La cuestión es que estaba ahí quietecito, subido a la rama de un geranio reventón. Miraba al horizonte con un ojo y me observaba a mí con el otro, por lo que lo nuestro fue amor a primera vista. 

Me acerqué para estudiarlo mejor - era la primera vez que veía un camaleón en directo- y decidí ponerle Manolo porque me recordaba a un señor del barrio de mis abuelos que se llamaba así mismamente. Y mi Manolo parecía estar a gusto allí en mi compañía, y yo en la suya, aunque no tenía ni idea de cómo cuidar a un camaleón.

Estuvo una semana dando vueltas pausadas por mi balcón. Comiéndose los bichitos, poniéndose colorao al pasar por los geranios, enroscando su colita de alien alrededor de mi dedo. Me gustaba su ritmo de vida: sin estreses, así como yo quería la mía.  Me sentaba a su lado a observarlo cada tarde cuando volvía del cole, y así se me hacía de noche sin hacer los deberes ni ná. 


Y Manolo me enseñó a quedarme muy quieta ante los peligros, sin mostrarme como una amenaza. A  esperar al momento indicado para dar caza a mis enemigos (él lo hacía con la lengua; yo sigo perfeccionando la técnica a día de hoy) y a estar siempre alerta y no fiarme de nadie. A ser voluble, adaptarme al medio, a cambiar de muda o de piel cuando la anterior ya no me sirve, mimetizarme con el entorno. A volver a ser verde cuando estoy en confianza. A disfrutar de las horas de sol y descansar cuando llega la noche y hace más frío. A sentirme bien estando sola, sin necesitar a nadie. 

Manolo desapareció de mi vida tal y como llegó y, aunque sus enseñanzas me acompañarán el resto de mis días, nada ni nadie llenará su vacío.  
Espero que allá donde haya pasado su existencia haya sido muy feliz zampando arañitas y durmiendo siestas al sol.  Iba a decir que seguro que se casó con una camaleona buenorra de ojos ausentes y pestañas interminables, pero los camaleones son un poco como yo y lo del matrimonio no se les da demasiado bien. 

Era un tipo majo, mi Manolo.




14 diciembre 2013

Lo que el maldito 2013 me enseñó

Que sé preparar sopas siguiendo recetas americanas.
Que puedo volver a bailar y hacerlo bien.
Que puedo adquirir tonos de moreno insospechados con un poco de paciencia y tesón.
Que sigo estando tremenda.
Que cuando se trata de una amistad de verdad, las cosas siempre pueden arreglarse. Siempre.
Que a veces me tocan sorteos y gano concursos como todo el mundo.
Que la Ciencia Ficción puede molar más de lo que yo creía.
Que lo importante no es el lugar, sino la compañía.
Que necesito tener un gato, un perro o una maceta que cuidar. 
Que los niños me encantan, pero de otros.
Que la vida da muchas vueltas y te sorprende cuando menos te lo esperas.
Que hay que fijarse más en las señales. Aunque no existan.
Que se puede vivir sin gofres, pero no sin Mocherises.
Que el amor, cuando más bonito resulta, es mientras dura. Y que si duele lo más probable es que no sea amor.
Que esto de pasar la ITV es muy complicao y estresante siendo pava.
Que hay que celebrar los cumpleaños, las victorias, las despedidas, los reencuentros, los aniversarios y todo lo que sea suceptible de celebración, porque lamentarnos de lo malo ya nos lamentamos siempre que podemos.
Que quiero seguir ilusionándome por las cosas como cuando era pequeña.
Que puedo ser muy chunga cuando quiero. Y a veces sin querer.
Que también puedo molar cuando quiero. Y sin querer, igualmente.
Que necesito viajar lejos y cuanto antes o imploto.
Que echar de menos a los amigos que están lejos es triste, pero bonito porque siguen ahí.
Que necesito una nueva serie a la altura de LOST en mi vida.
Que soy una chica tranquila y disfruto de las tardes de sofá-manta-peli, pero también necesito la luz del sol para sentirme feliz y contenta cual lechuga.
Que nunca podré irme del Wow o del GW2 del todo.
Que sigo siendo una crack con los estudios y que puedo conseguir lo que me proponga, por muy vaga que me haya vuelto con el paso de los años.
Que me encanta el misterio y cada vez menos el drama.
Que dejar de entrar en Mango y en Breska y en todas esas tiendas donde mi talla es la mayor es una cura de espíritu. Y los gintonics.
Que hay que ser menos cerril e intransigente con los demás.
Que no he perdido mi toque.
Que los caracoles no saben que son caracoles.
Que mientras se tenga gente que te apoye alrededor y una salud medio decente, los problemas son menos problemáticos.
Que es muy importante confiar en los demás, pero igual de importante que alguien confíe en ti. 
Que pasar página es necesario y no quiere decir olvidar.
Que el aprecio se demuestra en lo malo, no en lo bueno.
Que yo sin mi Kindle no soy nada.
Que tengo que plantearme seriamente escribir un libro o algo.
Que la música sigue teniendo ese efecto activador en mí.
Que hay que reírse más y que las lágrimas son sólo para cortar cebollas o para ver el principio de Up.



Que  el año que comienza mal todavía tiene 365 días para hacerte cambiar de opinión.




05 octubre 2013

Esos peludos.

Hoy se ha muerto la perrita de una mujer maravillosa. Se llama Bea, como yo, y adoraba a esa perra. Se ha desvivido durante meses por cuidarla y mimarla, y se alegraba cuando conseguía que el animal comiese un pedacito de carne igual que una madre se alegra cuando su hijo consigue alimentarse bien después de estar enfermo. 

Yo sé lo que es querer a un animal. Hace ya más de un año que se murió mi Cholo, y todavía le echo de menos y casi me parece que sigue dando trotes por la casa, de vez en cuando. Quien nunca haya tenido un perro o un gato es incapaz de conocer todo el cariño que te transmiten estos bichos, todo lo que te hacen sentir. Esa necesidad de protección que nos inspiran y lo frágiles que les vemos, adorándonos, idolatrándonos, convirtiéndonos en sus héroes. Admirándonos incondicionalmente. Queriéndonos de una forma tan sincera, limpia y desinteresada que difícilmente podría compararse con el amor que profesamos los humanos. 

Y sí, claro, sólo son animales. Obviamente les sobreprotegemos, les mimamos en demasía y quizá nos pasamos con nuestra ansia protectora, pero no hay mejor equivocación: los animales nos hacen ser mejor persona.
Yo siempre he creído (y lo defenderé por más argumentos en contra que me den) que alguien que es capaz de amar a un animal no puede ser mala persona. Alguien que se preocupa por un ser peludo y baboso, que le cuida, que disfruta de su compañía, que se emociona con sus lametones y muestras de cariño, que sufre con su dolor, tiene algo especial en su manera de ver el mundo que le hace ser más bondadoso y empático con las demás personas. Verdaderamente no me imagino a un maltratador, a una asesina o a alguien frío y calculador incapaz de sentir nada por nadie cuidando de un perrito con cariño. 
Y puede que me equivoque, pero hasta hoy mi experiencia me ha demostrado que es así e inconscientemente en mi mente hago esa calificación cuando conozco a alguien: si tiene mascota y la quiere, es buena gente, del mismo modo que mis alarmas se disparan cuando conozco a alguien que desprecia a un perro o un gato.


Bea es muy buena gente. Igual que Casiopea, mi amiga y "mami" de cuatro gatos. Que otros pueden llamarla así, "la loca de los gatos", pero que a mí me enternece. Igual que Alejandro, que sube fotos de su "gordita" a Instagram día sí y día no.  O Mariajesú, con su Neko, el labrador  de su fondo de twitter que me tiene enamorá.
Porque no hay mejor locura que amar a los animales. No hay extravagancia más deliciosa que desvivirnos por un bicho, por canalizar de forma tan dulce nuestro cariño y de perder la cabeza por ellos. 


Le mando un besazo gigante a Bea, que sé que ahora mismo lo necesitará. Tu Dolly tuvo mucha suerte de tenerte, igual que tú de haberla tenido a ella. 

Y vosotros, los que me leéis, haceos el favor de ser inteligentes y amar a un animal. Porque si conseguís tener la gran suerte de ser el objeto de devoción de un perro o de un gato, veréis que os hacen el mayor regalo que nadie os podrá regalar nunca: su poco tiempo.



12 septiembre 2010

Mola

¿Os sentís unos desgraciados? ¿Alguna vez habéis pensado que tenéis la peor mala suerte del mundo, y que nunca os sale nada bien? ¿Habéis escuchado durante horas el nuevo single de Rebeca para autotorturaros hasta la muerte y acabar con la agonía de una vez?

Pues no sufráis, hamijos. No  tenéis ni idea de lo afortunados que sois, en serio... podría haber sido peor. Podríais haber nacido siendo pez luna.


Yo no lo conocía hasta que viajé a Valencia a pasar unos días con mi Silforosa. Y allí, paseando por el Oceanografic, un extraño animal marino con forma de supositorio con aletas se estampó contra el cristal del acuario, a nuestro lado, y me quedé mirándolo muy extrañada. Vale sí, seguramente exclamaría algo como "¡¡pero ehto qué eh lo que éh??" con ese acento neutro del que tanto presumo... a lo que un amable guía del acuario nos respondió, literalmente:

-Eso es un desgraciao. Se llama "pez luna", y es un animal tan tonto que no sabe evitar obstáculos. Va nadando, nadando, y cuando se topa con algo, pum, se choca. Por eso tiene taaaantas cicatrices en su piel; no tengo ni idea de cómo ha sobrevivido a la evolución".

Dios mío... cualquiera diria que un pez luna le había quitado la novia al guía, porque lo puso de vuelta y media en un minuto... xD

El caso es que cuando volví a Málaga no podía parar de pensar en el pobre pez luna y su desafortunada pericia, así que tecleé en google su nombre para ver si el guía aquél había sido un exagerado y lo que pasaba es que el pescao le caía mal sin más.

Ésto fue lo que encontré en la wikipediar.

El pez luna (Mola mola) es un pez pelágico tetraodontiforme de la familia Molidae. Es el mayor pez óseo del mundo, con una media de 1.000 kg de peso y con ejemplares que alcanzan más de 3 m de longitud y superan las 2 toneladas.1 Es una especie cosmopolita que habita en aguas tropicales y templadas a lo largo de todo el planeta. Tiene el cuerpo aplastado lateralmente y cuando extiende sus aletasdorsales y ventrales, el pez es tan largo como alto.


Empezamos mal. Un pez cuyo nombre científico es Mola Mola nunca será tomado en serio, ahora lo veo claro.
Y la cosa no termina ahí... si sigues leyendo, te encuentras cosas como estas:


Los ejemplares adultos son vulnerables a pocos depredadores naturales, pero es presa de leones marinosorcas y tiburones. Entre los humanos, su carne está considerada como una exquisitez en algunas partes del mundo, como JapónCorea y TaiwánA menudo estos peces quedan accidentalmente atrapados en redes de pesca y también pueden dañarse o morir debido a encuentros con desechos flotantes, como bolsas de plástico.


Cruel destino, está claro. Menos mal que mi amigo el del acuario no acabaría sus días entre bolsas del carrefour flotantes...


El pez luna parece una gran cabeza de pescado sin cola.


Animalico...


La médula espinal de un ejemplar de 2,1 m de longitud tiene menos de 25 mm de longitud,13 y su cerebro es muy pequeño, más pequeño incluso que uno de sus dos riñones, que están situados justo detrás del cerebro, en lugar de ocupar una posición más atrasada, como es habitual en los peces.14


Ya estamos con que su cerebro es muy pequeño... pues yo conozco ejemplares con el cerebro más grande e igual de tontos :P


Se pueden encontrar más de cuarenta especies de parásitos tanto en la piel como el interior de su cuerpo, por lo que estos peces buscan diferentes formas de aliviarse. Se han observado casos de peces luna dando grandes saltos sobre el agua y golpeándose contra la superficie del agua, posiblemente en un intento de eliminar los parásitos de su cuerpo.


Ostras, qué penita más grande me está dando...

Los leones marinos parecen cazarlo como un «deporte», arrancándoles las aletas, moviendo su cuerpo de un lado a otro y luego simplemente abandonando al pez indefenso, pero todavía vivo, hasta que muere en el fondo marino.

WTF? Serán puercos los leones marinos... como escarpias, en serio.

Suelen encontrarse en aguas con temperaturas por encima de los 10 °C. De hecho, permanecer durante largos periodos en aguas por debajo de los 12 °C puede causarles desorientación y probablemente la muerte.
El único caso conocido en que un pez luna mató una persona, fue cuando en uno de esos saltos le cayó encima a un niño de 4 años en Pembrokeshire (Gales).


Seguro que era un niño cabrón, espero que no condenasen al pez por eso.

Estudios recientes indican una disminución en las poblaciones de pez luna que podría estar causada por una mayor frecuencia en las capturas accesorias y por el creciente aumento de su popularidad en la dieta humana.

Ya sabemos por qué están empezando a saltar sobre humanos: ¡es o ellos o nosotros!


Peces luna del mundo: os animo a que hagáis grupos de veinte y vayáis a todas las playas a saltar sobre los bañistas. Este es vuestro momento; esta es vuestra revolución. Seréis tontos, pero seréis leyenda.