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20 septiembre 2019

De moda.

Hola, Pisiosos. 
Con vuestro permiso voy a hacer como si no llevase meses sin escribir aquí, ¿vale?  Lalalaa

Como me encanta meterme en berenjenales apañaos, vengo a hablaros de una serie que acabo de terminar en Netflix que me ha tocado la fibra más de lo que pensaba, aunque sé que hablando sobre ella toco un tema peliagudo que me puede traer problemas tuiteros. 
Se trata de Creedme, la nueva y magnífica miniserie de Netflix que trata el tema de la gestión de las violaciones a nivel policial, burocrático y social.

Si tenéis planes de verla, os digo desde ya que este post puede contener spoilers, así que leedlo bajo vuestra responsabilidad.

Creedme habla de mí. De todas las mujeres. Está basada en hechos reales pero también podría relatar perfectamente sentimientos que cada una de nosotras hemos sentido alguna vez en nuestras vidas: frustración, ira, desesperación, tristeza. Sentimientos que nos han provocado por el mero hecho de ser mujeres. Por cómo nos trata la sociedad y, dentro de ella, la mayoría de sus integrantes por muy cercanos a nosotras que estén.

Las protagonistas de Creedme son espectaculares. Yo ya conocía a Tony Colette y la amaba fuertemente, pero debo decir que sus compañeras de reparto Merritt Wever y Kaitlyn Dever me han conquistado también. Son mujeres fuertes, potentes, mujeres que mueven el culo cuando las cosas se ponen feas y que sufren las injusticias con entereza. Mujeres que llenan la pantalla y que no dependen de nadie más para brillar. 

La historia nos cuenta cómo Marie Adler, una adolescente con problemas, sufre una violación y se topa de bruces con un proceso judicial en el que nadie la cree. Sus amigos se alejan, sus familiares la culpan, pierde su trabajo, la policía prefiere posicionarse contra ella con tal de ahorrarse problemas y provocan que, en lugar de ser la víctima de algo horrible que la marcará de por vida, para la sociedad pase a ser la mala y mentirosa.
Por otro lado, dos inspectoras de la policía en la otra punta del país empiezan a investigar una cadena de violaciones estrechamente relacionadas con la de Marie, decididas a atrapar al violador lo antes posible y demostrando que se puede afrontar la misma situación de dos formas completamente distintas.


"Oh no, una serie feminista", podréis pensar. Y sí, lo es. Aunque más que feminista, yo diría que es realista.  Ya desde el capítulo tercero, donde el marido de una de las protagonistas dice, con tono paternalista: -"Inspectora, no sea tan dura con mi mujer, es que es muy sensible", nos muestran de qué palo van esos guionistas, tan directos al problema. Y no tienen reparos en seguir ahondando en él durante los 8 capítulos que dura la miniserie, con momentos tan apoteósicos como cuando, en el capítulo 4, un universitario habla con la policía para denunciar el comportamiento de uno de sus compañeros de facultad: 
-Él obliga a las mujeres a tener sexo.
-¿Las droga y las viola?
-Yo no dije eso, no las viola. 
-Claro que sí, eso es violar.  

O como cuando un señor dice, también en el capítulo 4: 
-Chicas reivindicando cosas. Eso está de moda, ser una víctima.

O como cuando en el el capítulo 5, una de las víctimas de las violaciones, refiriéndose a la policía, dice llena de rabia:
-¿Pero dónde está su indignación?

O como cuando en el capítulo 8 el abogado le dice a la pobre Marie que "nadie acusa a la víctima de un robo de mentir. Pero si es una agresión sexual..."

Podría resaltar mil citas de la serie y me quedaría corta, porque es una joya de principio a fin. Aborda cada una de las problemáticas feministas de nuestro tiempo y podría aplicarse al tema de las manadas, de las supuestas violaciones falsas que tanto daño hacen a los hombres, de los fallos del sistema, de cómo culpamos a las víctimas en lugar de culpar al verdadero agresor y de cómo muchas veces preferimos elegir el camino fácil antes de hacer bien nuestro trabajo aunque tengamos que esforzarnos más. Es un ejercicio de instrospección, un tirón de orejas, una serie que debería hacerte pensar y mirarte por dentro.

Es una obra maestra que te cabreará y te emocionará a partes iguales y que habla de la enorme diferencia que hay entre abordar una injusticia desde el prisma feminista y hacerlo desde el machismo. De que no es lo mismo sentirte aliviado al saber que alguien es inocente que sentir el alivio al saber que alguien es culpable. 
Pero, sobre todo, que ser una víctima no está de moda ni es algo con lo que se pueda bromear para quitarle importancia, y que si las chicas reivindicamos cosas unidas, aunque se burlen, somos mucho más fuertes.




02 noviembre 2015

Ay, Danny

Culpo a Danny Castellano de mis altas expectativas con los hombres. Danny, ese doctor buenorro que, además, es adorable. Ese hombre inteligente, divertido, responsable, masculino, tierno, detallista, romántico. Ese que, encima, te hace unos bailecitos sensuales que se te cae todo. Ese hombre que... bueno, que no existe porque es el coprotagonista de una serie y su personalidad ha sido escrita y dirigida en un guión, pero eso son minucias que no vienen al caso.

Danny Castellano es el compañero de Mindy en la fantástica y maravillosa serie The Mindy Project. Os la recomiendo si no la conocéis: es divertida y fresca y te sacará dos o tres carcajadas sinceras por capítulo, que ya es mucho decir. Adoro a Mindy, me siento muy identificada con ella en algunos aspectos y a veces, en los capítulos tristes, querría achucharla y llorar con ella a su lado comiendo helado hasta que se nos cayesen los ojos e implotáramos. 
Pero sobre todo amo a Danny. Creo que no existe mujer heterosexual que pueda debatirme el hecho de que sea, probablemente, EL HOMBRE, y de hecho no lo digo yo sola, que lo dicen muchas en el interné por ejemplo aquí o aquí. Ese ideal al que todas aspiramos conocer y enamorar algún día: alguien que nos quiera por nuestros defectos, que nos comprenda, que mueva el culo por nosotras, que nos ponga por las nubes cuando habla de nosotras con sus amigos y familia, que nos mime, que nos sepa mangonear cuando toca, que nos haga felices. Si es que hasta cocina, coñe. 

Mi amiga Bich fue la que me descubrió esta serie y desde entonces solemos ver cada capítulo nuevo a la vez para poder ir corriendo a comentarlo a twitter, y siempre acabamos suspirando cual adolescentes ante Justin Bieber. Y una cosa os voy a decir: pienso encontrar a mi Danny. O a mi Chris Messina, vale, que es su nombre real. 

No sé cuánto tiempo me llevará, pero mientras tanto creo que no podré seguir viendo la serie porque acabo con unas lloreras que no veas con cada capítulo. Sobre todo con esta última temporada, en la que Danny es más adorable que nunca y hace cosas que me tocan la patata porque pa mí las querría. 

Igual me sale más a cuenta ver The Walking Dead, que representa mucho mejor la fauna masculina que me encuentro día a día por la calle.
O Zoo.

Ay. Omá.


29 agosto 2015

Dame Posts y dime Friki


En 2012 escribí mi artículo Sal con un Friki, que ha sido sin duda el post más visitado de este blog desde sus inicios hasta ahora. Sin yo imaginármelo obtuve casi un millón de visitas en varios meses, que es una barbaridad.
Entre todos esos lectores hubo de todo, claro: haters que se querían sacar los ojos por tamaña sarta de tonterías, gente no-friki que no entendía absolutamente nada y, sobre todo, gente maja y friki emocionada que me dejó muchos comentarios cariñosos y agradecimientos varios a pesar de que debo ser yo la agradecida aquí. 

Porque gracias a esas personas me colé en bodas, en canciones de grupos rock, en programas de radio, en otros blogs, en tumblr, en Menéame y, finalmente, en Dame Posts y Dime Friki, la comunidad de Facebook donde se reúnen todos los frikis hispanos para compartir sus miserias y peculiaridades varias. Allí conocí a Marga Chaves, una chica majísima que estaba preparando un libro-tratado sobre frikismo con Jordi Soler y con Tapy. Y de esta forma un día ella me preguntó si podía publicar mi Sal con un Friki en el libro, a lo que yo no pude hacer otra cosa que acceder encantadísima.

Hoy me ha llegado mi ejemplar -de gañote, sin premio, que Marga me lo ha regalao aunque yo quería comprármelo porque es más salá que las pesetas y debe intuir que soy probe- y estoy loca de contenta. No sólo es la primera vez que salgo en un libro como escritora, sino que encima en sus paginas me codeo con Jordi Hurtado, Chuck Norris, la Novia Psicópata, el Grumpy Cat o Sergio Dálmata. Escuchadme bien: este libro tiene mandanga de la buena y además es preciosísimo. Si más o menos estás en mi onda de frikismo debes saber que es imposible acabar de leerlo sin haberte descojonado en varias ocasiones, porque entre sus páginas nos hablan de nuestras películas y series favoritas ever, de nuestros ídolos, de los memes de internet, de esos clásicos de los 80 y 90 que nos han convertido en lo que somos ahora, de los videojuegos, del rol, de los salones del comic y manga, de los cosplays, de los señores disfrazados de unicornio, de ciencia ficción, de lugares frikis del mundo, de gastronomía cinéfila, de David Hasselhoff, de la Master System y de Parchís.  
Como dicen en la contraportada, este libro es una forma apasionada de ver la vida y escapar de un mundo feo y aburrido; de seguir siendo para siempre un niño que ya no va al colegio. 

Y yo, que seguiré siendo esa niña hasta el fin de mis días, os recomiendo que os lo compréis si lo veis en una tienda. Y no sólo porque salga yo, eh (aunque debo reconocer que es un incentivo sin duda interesante). Os lo recomiendo porque seguro, seguro, seguro, que en alguna de sus páginas también os encontráis a vosotros... porque al final frikis somos todos.

Agradecidaaa y emocionadaaaa

Gracias por la dedicatoria, Marga y Jordi. Sois muy grandes y me he emocionao.


Quedaos con la portada por si lo veis por ahí

Aquí estoy yo: en la página 194  ^____^



30 septiembre 2013

Cuestión de química.

Spoiler Alert: post hablando de Breaking Bad de principio a fin. 


Todos somos química. 
Según la wikipedia, se denomina química (del árabe kēme -kem, كيمياء-, que significa 'tierra') a la ciencia que estudia tanto la composición, estructura y propiedades de la materia como los cambios que ésta experimenta durante las reacciones  y su relación con la  energía.
Y hemos cambiado un montón en 5 años.

Hemos viajado mucho metiéndonos en los zapatos de Walter White. Le hemos visto sufrir, equivocarse, luchar por lo que creía correcto, enfurecerse, evolucionar. Vivir, morir, volver a la vida para morir de nuevo. A lo largo de estos 5 años Walter cambió y "resucitó" al igual que nosotros mismos evolucionamos hacia lo que somos ahora fruto de nuestras victorias, de nuestros fracasos y de todas nuestras decisiones, correctas o no. 
Le vimos dejar de ser una víctima y pasar a ser Heisenberg... o quizá siempre lo fuera. Y este nuevo Heisemberg nos sorprendía, nos hacía reír, nos cabreaba, nos llevaba a odiarle y amarle a la vez. Nos obligaba a sufrir por culpa de sus meteduras de pata y a levantar una ceja cuando las cosas le salían bien, aunque a su manera. 
Le vimos perderlo todo y sentirse un ganador. Gritamos con él, creímos morir bajo el terrible sol en el desierto de Albuquerque, se nos antojó pollo frito y tecleamos Pollos Hermanos en google por si ese restaurante existiese en realidad en algún sitio. Conocimos a Gus (mi personaje favorito de toda la serie)  y le llegamos a respetar a base de temerle profundamente.  Quisimos llamar a Saul. Nos desesperamos.  Nos encariñamos con Jesse y suspirábamos por su maldita mala suerte perenne, nos enternecíamos con  la inocencia de Walter Jr, despreciamos a Skyler por lo que pudo ser y no fue. Apostábamos a nuestro caballo ganador y cruzábamos los dedos porque todo le saliese bien. Nos hacíamos cómplices de Hank y rezábamos (en secreto) para que pillase  por fin a su cuñado  con las manos en la masa en medio de una montaña de cristal azul. En nuestra mente imaginábamos mil finales felices para todos los personajes en una historia que, en realidad, sólo tenía un final.

En 5 años todos hemos perdido a seres queridos, y hemos visto cómo la vida hace desaparecer (física o figuradamente) a personas que antaño lo fueron todo. Los amigos dejaron de serlo llegado el momento de la verdad, y al final aprendimos a depositar nuestra confianza en nuestros peores enemigos: nosotros mismos. 

Lo queramos o no, ya nada será igual. Asimilamos que no somos tan buenas personas como creíamos, sorprendiéndonos con reacciones irracionales y egoístas.  Quisimos creer que no hay buenos ni malos, sino puntos de vista. Que toda acción tiene sus consecuencias y que a veces el mal es demasiado atractivo para resistirse. Que se puede amar con todo el alma, pero nunca dejamos de hacer daño a los que más no quieren. Pretendimos justificarnos y no fuimos capaces.
Aprendimos a mentir a los demás con tanta eficacia que ni siquiera nosotros podemos ya reconocer nuestra propio engaño. Conseguimos sobornar a nuestras conciencias y vivir en armonía para con ellas, sobreviviendo día tras otro. Hallamos la felicidad de despertarnos cada mañana y seguir aquí.


Quizá hayan quedado algunos cabos sueltos en la historia de Walter. Puede que el último capítulo no haya sido perfecto, redondo o mágico, pero sí que fue magistral. Creo que la épica muerte del protagonista liándola parda hasta el fin ha cerrado con broche de oro una de las mejores series de la historia, gran descubrimiento por mi parte y, sobre todo, mi mayor sorpresa televisiva desde LOST.  El ritmo trepidante de su argumento y guión me ha mantenido completamente enganchada desde hace 5 años hasta ayer, y me ha aportado infinidad de risas, de nervios y de uñas rotas en tardes de lluvia, sofá y manta con mi ovejo. De conversaciones con mi amigo Jesús, descojonándome al ver su disfraz  amarillo pollo de Halloween y escuchando sus anécdotas con la meta azul. De tweets cada lunes comentando el último capítulo con los demás fans de la serie.

Lo más curioso de todo, lo que verdaderamente y en mi opinión convierte  Breaking Bad en una obra maestra, es la inmensa ironía que encierra su argumento y que nos recuerda el cómico sentido de nuestra existencia: tan sólo lo que nos echa a perder, dejar de ser nosotros mismos y mandarlo todo al carajo es lo que, en definitiva y al final de nuestros días, nos hace sentirnos vivos. 


Todos estamos muertos, no más nadie nos ha avisado.
Descanse en paz, Heisenberg. Y gracias por el show, aunque me hayas convertido en una pseudocriminal que ansíe el asesinato lento y doloroso de Skyler.



28 mayo 2013

Haters gonna hate

El 25 de mayo se celebra el Día del Orgullo Friki y, desde que publiqué yo hace un tiempo mi texto Sal con un Friki, ese día alguien suele colgarlo en alguna red social y el texto vuelve a recibir muchas visitas y comentarios. Y anónimos. Y trolls. Y haters.

Para estos últimos, que se quejan de que generalizo mucho y de que hay muchos tipos de friki, va este post. Que no se diga que no lo intento.


A los frikis fans de los Pokemon: podéis comerme todo el Pikachu. 
A los frikis del Wow: podéis comerme todo el Lich King. 
A los frikis del LOL: podéis comerme todo el nexo.
A los frikis de Pratchett: podéis comerme el Equipaje.
A los frikis de Cthulhu: podéis comerme el tentáculo.
A los frikis de Super Mario Bross: comedme la seta.
A los frikis del Ragnarok Online: podéis comerme el poring.
A los frikis del Zelda: podéis comerme el Triforce.
A los frikis del rol: podéis comerme el d20.
A los frikis del Sonic: podéis comerme todo el aro.
A los frikis del Doctor Who: podéis comerme la Tardis y repetir.
A los frikis de la Firefly: comedme la Serenity.
A los frikis de Star Wars: podéis comerme el sable de luz. 
A los frikis de ESDLA: comedme el anillo único.
A los frikis del Minecraft: podéis comerme la esmeralda.
A los frikis de La Historia Interminable: podéis comerme el Auryn.
A los frikis de El Nombre del Viento: comedme el laúd.
A los frikis de LOST: podéis comerme la escotilla.
A los frikis de Thor: lamedme el martillo.
A los frikis de Batman: comedme toda la Batcueva.
A los frikis del Pendragón: chupadme la Excalibur.
A los frikis de las Magic: comedme el artefacto.
A los frikis de Canción de Hielo y Fuego: podéis comerme el R'hllor.
A los frikis del Portal: podéis comerme el pastel.
A los frikis del Turok: podéis comerme el tiranosaurio.
A los frikis del Doom: podéis comerme la BFG 9000.
A los frikis del Tomb Raider: podéis comerme la reliquia.
A los frikis del Monkey Island: comedme el pollo de goma. Con polea.
A los frikis del Quake: podéis comerme la railgun.
A los frikis del Final Fantasy: podéis comerme el chocobo.
A los frikis de Blade Runner: comedme la Puerta de Tannhäuser.
A los frikis del Heavy: comedme la Whitesnake.
A los frikis de Sálvame Deluxe: vosotros no me comáis nada, anda.


13 mayo 2012

Oye mi balido

Soy Rizos de la Tormenta, Madre de Ovejas, tocada por los Siete, verdadera heredera del Trono de Hierro y reina por derecho de los Siete Reinos y las Ciudades Libres. 
Recuperaré lo que es mío con sangre y lana.

 ¡Oye mi balido!




P.D.1: Conste que soy una mujer seria y perfectamente capaz de desempeñar mi trabajo de forma profesional. Ejem.

P.D.2: ¡Ovejón, Dracarys!

20 abril 2012

Primeros besos

Hace algunos años, (bastantes, ya, snif) yo estaba enganchadísima a la serie Ally McBeal. En dicha serie actuaba Lucy Liu haciendo el papel de abogada mala malísima, mujer fatal y castigadora de hombres en general. 
El caso es que cuando por fin, (no recuerdo en qué temporada) apareció un macho que consiguió darle en la patata y ponerla tierna, va ella y se niega a besarle. Le evitaba por los rincones del bufete para no tenerlo delante y resistir así la tentación de soltarle un morreo bien dado. ¿La razón? Sencillo: ella decía que el primer beso con alguien marcaba el resto de la relación. Que cuando una persona te gusta de verdad y le besas, puedes enamorarte profundamente si el beso es estupendo o perder toda la ilusión en 0,2 si el beso resulta chungo. Así que ella temía que la magia se perdiese con su nuevo amor si al final sucumbía y él era malo en eso del besuqueo, y por eso trataba de posponer tal fatídico instante todo lo posible.


Aquel capítulo me hizo mucha gracia por entonces y no le di más importancia hasta que, años más tarde, comprendí toda la sabiduría que se escondía en él al sucederme algo muy parecido... de lo que no hablaré aquí porque nunca se sabe quién te puede estar leyendo.  xDDD


Y es que, como hace poco leí en un post genial del blog de Pétalo, cuando la otra persona no viene bien enseñada de casa nos encontramos con una situación complicada en la que entra en juego nuestra paciencia y voluntad.  Porque hay algunas personas que lo llevan mejor, pero otras claramente no le ponen ningún empeño en aprender. Si con 15 años, edad en la que la mayoría todavía son inexpertos e inocentes, no  consigues que le tiemblen las rodillas con un beso, vale; pero que con 25, 30 o 35 no sepan que el beso-vaca no es agradable o que el exceso de babas puede ahogar a alguien... es ya tremebundo. No sé qué pensar con respecto a ellos: ¿es que nadie te ha dicho lo mal que lo haces, o te lo han dicho y te importa un huevo? ¿Es que no prestas atención a lo que hacen los demás? Hay que ser más curiosos, hombreya.
(Ojo, no se crean que tan sólo hablo de los hombres, que en esto de besar hay tantos hombres como mujeres que deberían rellenar cuadernillos Rubio)

Y qué queréis que os diga. Llamadme furcia, mala mujer, lo que queráis. Si alguien pasara de mis rizos porque beso fatal lo entendería perfectamente, ojo. Lo entendería y me metería a monja, aunque ese es otro tema xDD 
Pero a mí esto de ser profe a los 30 se me da regulero. No soy capaz. 



Y por eso yo también les tengo pavor a los primeros besos.





22 marzo 2012

Una de misterios

A mí me fascinaba el suspense, la tensión (sexual o no :P) entre los personajes principales y el misterio hasta el final de: 



... disfruto como una enana cuando me pierdo en las intrigas y en esa melodía tan siniestra  al piano de:



... pasé tardes inolvidables repletas de rompecabezas teorizando sobre la vida y la muerte, sobre el bien y el mal, sobre lo conocido y lo desconocido con:



... adoro taparme la cara con un cojín para poder adentrarme en la oscuridad de:



...me entretiene muchísimo jugar a detectives con la elocuencia con la que este señor resuelve las adivinanzas de la vida:




y una de mis películas favoritas siempre será:







...

Pero ya está. Cuando apago la tele, salgo del cine, cierro el libro o me alejo del ordenador lo único que quiero es luz, claridad, sinceridad, complicidad y sonrisas. No más misterios. No más oscuridad. No más intrigas. No más cojines para protegerme.

Lo que ves es lo que hay, y si no me ofreces lo mismo... no me interesa.

06 marzo 2012

Lo que nos enseñan las series

Hace un par de días leí un artículo curioso acerca de todas las lecciones que los emprendedores pueden aprender viendo Mad Men. Me resultó interesante y original, y pensándolo bien durante un ratito, descubrí muchas más lecciones para la vida en mis series favoritas.
Por ejemplo:

-SER HIJODEPUTA CON OTROS HIJOSDEPUTA NO ES MALO. Hace falta gente así, personas sin dobles morales que comprendan que robar a un ladrón o matar a un asesino no es maldad, sino justicia. Dexter es un verdadero santo varón. ¡Muerte a los acosadores de ovejas!

-ES UN ERROR BUSCAR ENEMIGOS FUERA DE NUESTRO GRUPO. No hay monstruos, zombies ni fantasmas más peligrosos que las personas que nos rodean. Teme a los vivos, no a los muertos... y no te fíes más que de ti mismo. Y si no, no hay más que visionar un par de capítulos de American Horror Story o la segunda temporada de The Walking Dead para darnos cuenta.

-EL MUNDO ES MARAVILLOSO TAL Y COMO ES. Nos empeñamos en buscar magia, en renegar de los avances científicos, en encontrar explicaciones paranormales para todo lo que nos rodea racionalizando lo irracional... y no somos capaces de ver la grandeza de la naturaleza, lo impresionante de la ciencia. Sale una mindundi en la tele diciendo que es médium y que habla con los espíritus, y nosotros la creemos porque nos encanta aquello que requiera fe ciega. Pero luego nos pasa como al Mentalista, que la liamos parda.  Espero que a la Anne Germain esta no le asesinen a su familia, pero ojalá la gente no fuese tan idiota de necesitar esas patrañas para valorar la grandeza de la vida.

-HAY QUE SER CONSECUENTES CON NUESTROS ACTOS. Sobre todo si tu esposa es rubia. Y si no, que se lo digan a Walter en Breaking Bad, que por buscarle un futuro mejor a su familia se mete en un follón de aúpa. La familia debe estar unida para lo bueno y para lo malo, y no debemos olvidar que por muy capaces que nos creamos de salvar al mundo... no somos héroes y no estamos solos. Que mucha gente depende de las consecuencias de nuestras acciones y ocurrencias, y que hay que tener un poco de cabeza y cuidar a los nuestros. Un problema es menos complicado si se comparte con tus seres queridos. Siempre.

-LA VIDA DA MUCHAS VUELTAS y es una chorrada creer que los problemas, los amigos, los pensamientos que tenemos hoy serán importantísimos y decisivos en nuestro futuro. Hay que tomar las riendas de nuestra vida y enfrentarnos a nuestros problemas, pero siempre desde la perspectiva de que todo pasa, de que el día de mañana seremos otra persona y que tendremos otros entuertos diferentes a los que enfrentarnos. Que nada es para siempre, y como tal hay que tomárnoslo todo con filosofía y menos en serio. Y si no, que se lo digan a Ted Mosby, que se pasó su juventud buscando el amor y creyendo que cada mujer que conocía sería la mujer de su vida, sin éxito. ¿Quién sabe lo que nos depara el futuro? Relájate y disfruta. ¡Ah! Y hagas lo que hagas... ¡ponte traje!

-EL SABER NO OCUPA LUGAR, Y ENCIMA ES SEXY. Para que una rubia despampanante se enamore de un frikazo como Leonard en The Big Bang Theory, es que los intelectuales deben tener algo que atrae a los demás. Hay que tener curiosidad, ganas de aprender, afán por darle al coco y no sólo para jugar al Angry Birds. 

-LOS BUENOS NUNCA SON TAN BUENOS, NI LOS MALOS TAN MALOS. Creo que santos hay pocos, y que por encima de todo somos humanos y, como tales, a veces podemos resultar "justos" y a veces nos dejamos tentar por el egoísmo sin poder remediarlo. No hay que fiarse nunca de las almas cándidas ni juzgar a nadie sin conocer todo lo que hay detrás de su historia, como hicimos (reconocedlo) con Jaime Lannister en Juego de Tronos. 

-HAY QUE PERDER EL SENTIDO DEL RIDÍCULO. Hay que bailar,  hay que cantar, hay que hacer el canelo. Hay que dejar de preocuparse por quién nos mira, por quién nos critica, por quién nos juzga. Hay que salir a la calle y disfrutar del sol, desparramar alegría, comernos el mundo. Olvidarnos de miedos, del "no sé hacerlo bien", de perder oportunidades por culpa de nuestra inseguridad. Disfrutemos de la música y permitamos que nuestra voz exprese lo que sentimos a ritmo de Rock o de Country o lo que sea, aunque sea mientras conducimos de camino al trabajo. Y aprendamos a decirle lo que sentimos a la gente que queremos, como hacen los chicos de Glee cada vez que suena una melodía.