Feliz Navidad, pisiosos. Os deseo de corazón a todos, Grinches y osos amorosos, que 2015 sea mucho mejor que 2014, que se cumplan todos vuestros propósitos y que vuestras neveras estén siempre repletas de gofres.
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23 diciembre 2014
20 diciembre 2012
Si el mundo se acaba
Hace unos años escribí un post hablando de qué cosas haría si me muriese mañana, y hoy no puedo hacer más que recordarlo puesto que según los mayas es posible que el mundo implote o algo así esta noche, y mañana vete a saber qué será de todos nosotros.
El caso es que en aquel post de la Rizos del pasado me quejaba de dejarme muchas cosas pendientes y aseguraba que mi último día en la tierra lo pasaría haciendo mil cosas, para quedarme con la sensación de plenitud que necesitaba. Pero, ¿sabéis qué? Hoy no siento que me quede nada por hacer. Es decir, no he viajado a Nueva York, sigo sin un maldito trabajo, todavía no he vivido una historia de amor de cuento de hadas ni comedia romántica y aún no he hecho nada extraordinario ni sentido que mi familia esté orgullosa de mí por mis logros, pero creo que si el mundo se acabara hoy no querría estar en ningún otro sitio ni haría nada especial que no haga el resto de los días.
Si mañana nos vamos al carajo porque cae un meteorito yo quiero que me pille aquí, jugando al World of Goo o sentada en el sofá hecha un ovillo bajo las mantas, viendo American Horror Story con Pablo.
Si de pronto un tsunami se lleva por delante mi ciudad, me gustaría que me pillase jugando al Apalabrados con mi madre (y a poder ser, ir ganando yo) o gritándole a David por skype que no pushee tanto, que no tenemos wards.
Si un platillo volante nos lanza un misil astral y hace volar el planeta, espero que lo último que vea sea mi cuarto, mis ovejas, mi vela morada. Que mi última cena sean perianas con Jesús. Que lo último que lea sea a Alberto escribiendo en facebook: "rápido, contestad sin pensar: ¿seguirá teniendo el Nela el hoyuelo en la barbilla cuando sea zombi, o no tendrá barbilla?". Que el último tweet que aparezca en mi TL sea el de @CarmendMarirena diciendo que "en el fin del mundo ven y métemela profundo". Que me llegue un whatsapp del grupo mandingas lleno de gitanas. Que al mirarme al espejo al ir a lavarme los dientes piense en lo bonito que me ha dejado el pelo Boris, y no en cómo me hubiese gustado ser. Que haya una luna bonita esta noche y que desde mi ventana se vea Málaga. Que me acuerde de mirar mis ciudades en el Stronghold Kingdoms antes de irme a dormir. Que todos esos recuerdos que dicen que pasan por la mente de las personas en los últimos segundos de existencia, en mi caso sean dulces y no los que me hicieron llorar o lo que me hubiese gustado vivir. Que este, mi último post, no sea triste ni deje un regustillo agrio en los labios.
Porque si el mundo se acaba ya, todo lo demás no importa... y si por el contrario finalmente los mayas se equivocaban, (o la razón por la que no predijeron un mañana es porque se cansaron de hacer calendarios), no nos quedará más remedio que seguir viviendo con lo que hay. Y a mí mientras me queden bombones de licor ya me basta.
27 agosto 2012
29 octubre 2011
TRASHUMANCIA REAL, YA
Yo no sé cómo no me había enterado de esto hasta ahora. Pero el caso es que Manuela, la oveja que responde a vuestras consultas los viernes con todo su amor bovino, me mostró no hace mucho una noticia que me hizo reír a carcajadas: cada año, miles de ovejas, vacas y otros tantos perros pastores invaden Madrid. Os dejo con la reseña del Abc Digital de ayer:
Más de 3.000 ovejas y vacas atravesarán la Puerta del Sol el Domingo 28-10-2011
Más de 3.000 ovejas y vacas atravesarán la Puerta del Sol el Domingo 28-10-2011
Madrid, 28 oct (EFE).- Más de 3.000 ovejas y vacas acompañadas por sus pastores atravesarán la Puerta del Sol el próximo domingo con motivo de la XVIII Fiesta de la Trashumancia, que quiere reivindicar los derechos de paso, conservación y acondicionamiento de las cañadas para el ganado y el desarrollo sostenible.
Según ha informado hoy el Ayuntamiento de Madrid, que colabora junto al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino en una actividad que organizan la Fundación Trashumancia y Naturaleza y la asociación Concejo de la Mesta, la fiesta comenzará mañana con una exhibición de perros pastores y esquileo y otras actividades en la explanada del Puente del Rey.
El rebaño, cuyo volumen incrementa la Federación Española de Ganado Selecto hasta las 5.000 cabezas, estará formado principalmente por ovejas procedentes de diferentes lugares de España, entre ellas unas mil merinas blancas y negras que partieron de Siruela (Badajoz) y otras 900 que llegarán desde La Rioja.
El domingo, a las 10 de la mañana, rebaños y pastores, partirán desde la Casa de Campo por el Puente del Rey y subirán hacia el centro de la ciudad por el paseo de la Virgen del Puerto, el Parque de Atenas y la Cuesta de la Vega, junto a la Catedral de la Almudena y el Palacio Real, hasta la calle Bailén.
Aproximadamente a las diez y media entrarán por la Calle Mayor hasta la Plaza de la Villa, donde se encuentra la casa consistorial.
Allí, los pastores saludarán a los representantes de la corporación municipal y pagarán los 100 maravedís que estipula la Concordia de 2 de marzo de 1418 firmada entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Concejo de la Villa de Madrid.
Será a las 11 cuando las aproximadamente 3.000 ovejas y vacas atravesarán la Puerta del Sol camino de la Calle de Alcalá, para llegar hacia las 12 a la Plaza de Cibeles y emprender el regreso por el mismo recorrido.
Cuando el ganado esté de vuelta en la Casa de Campo, a las 13 horas según la previsión municipal, tendrá lugar una actuación de grupos regionales, con música y danzas populares de las diferentes comarcas trashumantes de España, en las explanadas de La Almudena y del Palacio de Oriente.
Como todo los años, el Ayuntamiento de Madrid ha preparado un dispositivo de Policía Municipal y Agentes de Movilidad a lo largo del recorrido para regular el trafico al paso de las ovejas.
De todos modos, el paso del rebaño producirá modificaciones, limitaciones o desvíos puntuales de los itinerarios de una treintena de líneas de autobuses de la EMT que circulan por la zona.
Pues bien. Me contaba Manuela, muy emocionada, que este año la cosa sería algo diferente. Que hace unas semanas se creó un grupo en Facebook llamado No les Bales en el que miles de ovejas indignadas por la situación actual del país se quejaban y abogaban por la revolución. "Toma el redil", "no tenemos miedo, queremos pastar sin prisa" o "no hay hierba para tanto cabrón" son algunas de las frases más repetidas en el foro de dicho grupo, que seguramente se repetirán mañana entre balidos, mugidos y ladridos. Por lo visto tienen pensado acampar en Sol el tiempo que haga falta hasta que sean escuchadas, y hace diez minutos me he topado con Manuela en el pasillo cargada con un cartel, con su tienda de campaña, su cantimplora, su guitarra y su camping-gas.
Porque mañana serán ellas las que van a tomar la calle. Veremos si tienen más éxito que nuestros indignados.
Don't fuck with sheeps! (ejem)
P.d.: Gracias por tu ayuda, Albret. Sabes que sin ti todo esto sería Paint xD
24 diciembre 2010
Belid Navidaz
Porque una Nochebuena más vengo a felicitaros las fiestas después de dos copichuelas de vino y otras tantas de cava.
Porque hay reuniones por las que no pasa el tiempo, y espero que sea así para siempre.
Porque el turrón sabe igual de bien aunque estés en paro y sin un duro.
Porque hay detalles que te hacen sonreír cuando menos te lo esperas. Como esto:
Chin chin, ovejosos. ¡Va por vosotros!
Porque hay reuniones por las que no pasa el tiempo, y espero que sea así para siempre.
Porque el turrón sabe igual de bien aunque estés en paro y sin un duro.
Porque hay detalles que te hacen sonreír cuando menos te lo esperas. Como esto:
16 octubre 2008
El silencio de las ovejas
Yo tenía once años. Si hoy, con veintisiete, soy una lerda sensiblera que se asusta cuando escucha un ruido extraño en la cocina, imaginaos cuando era una pre-adolescente.
Tenía once años y jugaba con mi tío a piedra, papel o tijeras en el asiento trasero del coche de mi familia, mientras que mi madre dormitaba en el asiento del copiloto y papá conducía. Volvíamos de pasar un domingo primaveral estupendo en el campo, con su bocadillo de tortilla y sus coca-colas y sus margaritas en ramilletes.
Y entonces mi padre dio un frenazo en seco. Di un respingo y pude ver cómo el coche de delante también intentaba frenar dando bandazos de un lado a otro de la carretera por alguna extraña razón... que descubrí a los pocos segundos, cuando mi padre por fin pudo detener el vehículo en el arcén gracias al cielo y a su prudencia al volante.
Ovejas. Lo primero que vi fue media docena de ovejas alrededor del coche... ovejas asustadas que corrían por la autovía, coches embistiéndolas sin tiempo de reaccionar y un camión estampado contra la mediana, casi atravesado.
Ovejas en el suelo, llenas de sangre. Un pastor dando gritos, el conductor del camión con las manos en la cabeza y el parachoques de su vehículo manchado de color rojo.
Estábamos todos en estado de shock. Mi padre salió a llamar a la policía y a tratar de calmar al pastor para que sacase a sus animales de allí, mi madre se unió a un grupo de personas que intentaban dirigir el tráfico para que no ocurriesen más accidentes y mi tío intentó tranquilizarme con palabras serenas...
Pero entonces lo vi. Era un perro ovejero pequeño, de esos con las orejas tiesas que tanto me gustaban... y se arrastraba por la carretera haciendo fuerza con sus patas delanteras, ya que tenía toda la parte trasera de su cuerpecito completamente aplastado. Destrozado. Arrollado.
Chillaba como un bebé dolorido, y sus quejidos me partieron el alma.
Tardé dias en dejar de llorar. Y aún hoy, cuando veo El Silencio de los Corderos en la tele y Lecter le pregunta a Clarice si todavía puede escuchar chillar a los corderos de su infancia, no puedo evitar acordarme de aquella fatídica tarde en la que mi infancia se llenó de ladridos lastimeros... Me pregunto si algún día ese perro dejará de chillar.
Tenía once años y jugaba con mi tío a piedra, papel o tijeras en el asiento trasero del coche de mi familia, mientras que mi madre dormitaba en el asiento del copiloto y papá conducía. Volvíamos de pasar un domingo primaveral estupendo en el campo, con su bocadillo de tortilla y sus coca-colas y sus margaritas en ramilletes.
Y entonces mi padre dio un frenazo en seco. Di un respingo y pude ver cómo el coche de delante también intentaba frenar dando bandazos de un lado a otro de la carretera por alguna extraña razón... que descubrí a los pocos segundos, cuando mi padre por fin pudo detener el vehículo en el arcén gracias al cielo y a su prudencia al volante.
Ovejas. Lo primero que vi fue media docena de ovejas alrededor del coche... ovejas asustadas que corrían por la autovía, coches embistiéndolas sin tiempo de reaccionar y un camión estampado contra la mediana, casi atravesado.
Ovejas en el suelo, llenas de sangre. Un pastor dando gritos, el conductor del camión con las manos en la cabeza y el parachoques de su vehículo manchado de color rojo.
Estábamos todos en estado de shock. Mi padre salió a llamar a la policía y a tratar de calmar al pastor para que sacase a sus animales de allí, mi madre se unió a un grupo de personas que intentaban dirigir el tráfico para que no ocurriesen más accidentes y mi tío intentó tranquilizarme con palabras serenas...
Pero entonces lo vi. Era un perro ovejero pequeño, de esos con las orejas tiesas que tanto me gustaban... y se arrastraba por la carretera haciendo fuerza con sus patas delanteras, ya que tenía toda la parte trasera de su cuerpecito completamente aplastado. Destrozado. Arrollado.
Chillaba como un bebé dolorido, y sus quejidos me partieron el alma.
Tardé dias en dejar de llorar. Y aún hoy, cuando veo El Silencio de los Corderos en la tele y Lecter le pregunta a Clarice si todavía puede escuchar chillar a los corderos de su infancia, no puedo evitar acordarme de aquella fatídica tarde en la que mi infancia se llenó de ladridos lastimeros... Me pregunto si algún día ese perro dejará de chillar.
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