09 mayo 2020

Después de todo

Lo digo desde ya para que no haya equívocos: esto no es una historia de amor.

Ella, la eterna niña de ojos brillantes y de risa cantarina, que desde muy corta edad creía en unicornios y en hadas y en los finales felices, le conoció una y otra vez y creyó reconocerle en mil rostros y en mil caricias diferentes. Aprendió a levantarse tras cada caída sin que las heridas supusieran ningún problema porque, como pudo comprobar en innumerables ocasiones, toda herida cicatriza y permite caminar de nuevo si sabes limpiarla y curarla bien. Si guardas reposo. Si te cuidas.

Soñaba en secreto con alguien que quizá ni siquiera hubiese llegado a nacer; echaba de menos momentos que jamás habían sucedido y que, como en el poema de Machado, eran siempre todavía. 
Su mente volaba alto sobre las decepciones, las rutinas, las expectativas y las desilusiones, creando un microcosmos paralelo en el que -que nadie lo sepa, es un secreto- ella no se sentía sola ni incomprendida y las lágrimas no eran saladas, sino dulces.

Pero esto no es una historia de amor y, como os decía, ese alguien anhelado no llegó. Nadie supo ir más allá ni consideraba que el esfuerzo mereciera la pena, pero la niña de ojos brillantes continuó bailando en su microcosmos particular hecho de cristales tornasolados, llorando lágrimas saladas de vez en cuando y creando momentos reales, algunos bellos y otros más tristes, que fueron completando su existencia hasta que el paso del tiempo inundó sus cabellos de destellos blancos y sus manos se volvieron más torpes y más lentas. Ni siquiera sabía si lo estaba haciendo bien, si eso era lo que los sabios llamaban "vivir plenamente". Tan sólo se limitó a vivir.

Y cuando todo terminaba y ella sentía, satisfecha, que ya no tenía miedo ni sentía pena y que la vida tenía ya poco que ofrecerle, llegó la catarsis: quizá no haya amor, pero los finales felices sí que existen, después de todo.






Esta es la primera vez que me animo a hacer un audiopost. Si os gusta, probablemente no sea la última :)

01 mayo 2020

Flotando nada puede tocarnos

Veranos de soles blancos. Eso es lo que me inspiras, amiga.

Hoy es tu cumpleaños y en esta ocasión la realidad parece un poco más oscura de lo normal: puro nervio, taquicardia y mala onda. Los malos augurios y un vaso que parece medio vacío.

Pero ya me conoces, Sil. Yo siempre tiendo a la alegría y, aunque sea miope y no vea mucho, mi oído es fino y escucho con claridad al universo gritándonos que disfrutemos del camino.

Eres la persona más resiliente que he conocido nunca, y me da mucha rabia que en tu larga lista de personas a las que admirar nunca añadas tu nombre.

Estoy segura de que pronto saldremos de esta, volando a los mandos de nuestra cápsula interestelar.
Y volveremos a hacer concursos sobre quién está más morena, y me ganarás otra vez, como siempre.

Reiremos a carcajadas, nos acordaremos de esa Juanita pidiéndonos papas, te cantaré canciones ridículas y volveremos a abrazarnos en Valencia, en Málaga o en  cualquier planeta de mar helado. Juntaremos tus intensidades con las mías y construiremos una INTENSIDAD mu gorda que sólo comprenderemos nosotras. Me hablarás de libros que no he leído, de películas que ni me suenan y de música que no entiendo, y yo te enseñaré memes chorra como alarde de esa amplia cultura general que me caracteriza.


Pero hoy seguimos luchando contra la ansiedad, y por eso yo vengo a regalarte esta canción para ver si consigo sacarte una sonrisa, porque tú siempre me recuerdas al hombre que quería volar pero no sabía cómo.

Feliz cumpleaños, amiga mía. Eres una inquebrantable piedra preciosa en el hiperespacio.


23 marzo 2020

Es la gente.

Nunca, ni en el más remoto de entre un millón de posibles futuros de los que veía el Dr Strange, hubiese imaginado que en marzo de 2020 mi vida - nuestra vida - iba a dar este giro dramático. 
Soy una afortunada por haber nacido cuando y donde he nacido, pero ni siquiera desde ese privilegio he podido escapar de la pandemia y aquí estoy, confinada en casa desde hace 12 días. Con mi familia y mi gato, eso sí. Pero los días van pasando y mi estado de ánimo ha ido fluctuando ya por cada una de las fases del duelo: negación, ira, atracón, depresión y aceptación.

Yo este año iba a hacer las cosas bien. He empezado a ir a terapia, he vuelto a estudiar, he tratado de cuidarme un poco más y de centrarme en lo verdaderamente importante, iba a viajar con mi madre y mis amigas para celebrar mi cumpleaños... y boom. Un zasca de realidad ha venido para recordarme que nada, absolutamente nada, es seguro. Que vivimos un tiempo prestado. Que nada es tan importante y que TODO importa. 

Y con el virus llegó la gente. Alguna gente irresponsable e inmadura que se toma a broma algo tan serio porque quizá aún no le afecta directamente, o ciertas personas que nos intentan manipular por la tele y que, por desgracia, a veces lo consiguen. 
Pero sobre todo lo que más he visto en las últimas semanas es gente que empieza a pensar en otra gente. Que se saluda de balcón a balcón.  Que se toma cafés virtuales con sus amigas por skype. Que escribe notitas ofreciendo ayuda para lo que sea en los portales, en los ascensores. Que se curra una tabla de zumba para sus vecinos de terraza en terraza. Que se desvive hasta la desesperación en los hospitales. Que llora a lágrima viva por no poder cogerle la mano a sus seres queridos. Que escribe whatsapps sencillos que significan algo complejo ("los ¿cómo estás? son los nuevos te quiero").  Que aplaude cada día, a las ocho. Que cose mascarillas en el salón de su casa. Que perdona el mes de alquiler de sus inquilinos porque sabe que se han quedado en paro. Que imprime equipos sanitarios con su impresora 3D. Que sonríe y que nos saca una sonrisa con sus memes y tonterías de twitter. Que canta resistiré. Que se queda en casa sola, porque sabe que así es como más puede ayudar. Que está triste y asustada pero que siempre está dispuesta a echar una mano. Que da clases gratis por internet para ayudar a los niños que se han quedado sin cole. Que trabaja poniendo en peligro su vida porque sabe que su esfuerzo es necesario. Que canta con la guitarra por su ventana para animar a su bloque. Que intenta que sus seres queridos estén distraídos y que los pequeños no sepan (todavía) que quizá algo se haya roto en nuestra sociedad para siempre. Que sufre las consecuencias de un gobierno que no ha sabido estar a la altura, pero que aún así aporta su granito de arena en medio del desastre.  

Imagino que alguna de esa gente en unos meses bloqueará parte de su memoria para poder seguir adelante, y olvidará todo este espanto que hoy llena hospitales, centros de salud y morgues.  No les juzgo; cada cual encuentra su propia forma de resiliciencia, pero creo que yo no me olvidaré jamás de este marzo negro aunque mi vida continúe y vuelva a mi rutina cotidiana.

Y tampoco olvidaré nunca, porque creo que es la enseñanza más importante que podemos sacar de todo esto, que lo único que nos puede salvar del horror más absoluto no es una vacuna. Es la gente.

26 enero 2020

Kavafis.


Cuando emprendí mi viaje a Ítaca no era más que una niña. Anhelaba el calor del hogar - ese que se veía tan lejano y distante- y encaminé mis pasos hacia aquella meta que me alentaba y revolvía con fuerza las velas de mi barco adolescente.
Por entonces yo no lo sabía, pero estaba a punto de vivir mil aventuras y experiencias. Lucharía fiera contra lestrigones y cíclopes que golpearían mi autoestima una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Atracaría en  innumerables puertos desconocidos y exóticos cuando el sol del verano entibiara mi rostro e inundaría mis alforjas de nácar, coral y ébano (besos, promesas, ilusiones).


Viajé a Egipto, me hice con sensuales perfumes de azahar que adormilaron mis sentidos y más tarde traté de aprender de los más sabios,  siempre con Ítaca en mi mente.


Apresuré mi viaje. Llegar allí era mi único destino y el motor de mi existencia, y cuando por fin maduré y la silueta de la isla se divisaba en el horizonte, altiva, la brisa marina me trajo el sonido de una voz familiar que me gritaba que me fuera, que huyera, que aún había tiempo. Que Ítaca no tenía ya nada que darme.

Tú eres mi Ítaca, y aunque no me hayas engañado jamás y gracias a mi viaje ahora vea con claridad todo lo que siempre has significado... yo ya no quiero envejecer en ti.




10 enero 2020

La Rizos y la aparición estelar de Miss P

Holabuenosdía pisiosos. Que estoy viva, de momento. 
Sé que tengo el blog más abandonao que Marco y no me echéis la bronca que ya me la echo yo... y además que eso, que he vuelto.

En realidad vuelvo porque me lo ha puesto de deberes mi psicóloga (Miss P) , que es muy maja pero me regaña y me dice que esto no puede ser. Que si el blog ha sido importante para mí y me ayudaba tanto, no debería dejarlo. Uy, no, que no puedo usar la expresión "no debería", sino "me gustaría"... pueeeees... que me gustaría seguir escribiendo, ea. 

Mi tarea de esta semana es venderme. Así, como suena. Dice Miss P que tengo la autoestima en Moria y que vamos a trabajar en eso escribiendo un texto en el que me venda como si fuese un producto resaltando mis virtudes, que puedo hacerlo como yo quiera (formato carta, post, powerpoint o lo que sea) pero que la gente que lo lea quiera comprarme.

Y pensé que sería más fácil, pero buf. Con lo bien que me he vendido yo toda la vida, que me habéis querido y todo, y ahora se me hace bola. Lo que es la mente.

En fin, que me estoy enrollando mucho pa no ponerme al tema y me va a caer otra bronca. 
Vamos allá.



"Aparte de la guapitud y la voz aterciopelada es buena conversadora, especialmente amable, dispuesta, trabajadora, imaginativa y generosa. Tiene una paciencia suprema, es divertida, tiene grandes habilidades sociales, es comprensiva, disfruta de los placeres de la vida y salva gatos negros de la perdición. Y sabe maquillarse como las artistas"  @Lagartitud

"Súper alegre. Da buen rollo a cualquier reunión" @breadbimbo

"Entusiasmo. Es lo mejor de la vida. No espera a que sucedan cosas maravillosas para ser feliz, sino que se entusiasma con las cosas pequeñas de la vida" @mg_espi 


La Rizos es un modelo de 1981 que contiene lo mejor de los dos mundos: la ilusión desmedida de una chiquilla y la madurez de la mediana edad bien llevada. Con ella nunca se aburrirá porque tiene la peculiar capacidad de encontrarle el lado divertido a cualquier situación, por miserable que sea.
Sus aptitudes intelectuales, pese a no saber sumar y restar sin usar los dedos, están lo suficientemente desarrolladas como para disfrutar con ella de cualquier conversación durante horas, sumándose también su buen uso del idioma y una capacidad de oratoria fruto quizá de muchas horas de lectura y escritura y de un virtuoso profesor de lengua en el colegio de monjas.

Con la Rizos aprenderá usted a amar y odiar con intensidad, a vivir con fuerza -a tope- y disfrutar de los colores vivos, sin grises. Sobre todo del morado y, si tiene brilli brilli, mejor. Descubrirá lo que es bailar en público, cantar en los karaokes hasta que le duela la garganta, reír a carcajadas como si la risa se le escapara a borbotones, emocionarse con la música o el cine o un videojuego, llorar cuando lo necesite para sanar el alma,  ilusionarse comiendo su comida favorita, preparar con emoción cada viaje y disfrutarlo tres veces: mientras lo planifica, mientras lo realiza y mientras lo recuerda, tiempo después. 

Entenderá que en la vida no es necesario tener una casa grande o un cochazo o mil bolsos y zapatos para sentirse pleno. Con ella a su lado se instruirá en el noble arte de vivir en calma. Disfrutará de la  paz que conlleva una vida sencilla, sin grandes cambios, en entornos familiares donde la seguridad se la ofrezcan las personas que le rodean, y no las cosas.

El modelo La Rizos no juzga ni impone, sino que apoya y comprende. No tiene sentido del ridículo pero sí sentido común y de la responsabilidad, por lo que no tendrá que preocuparse si le encomienda alguna tarea (sea lo importante que sea) porque ella no le va a fallar. La Rizos  además estará siempre en su equipo y luchará a su lado. 

En lo que respecta a sus capacidades laborales, la Rizos dispone de una amplia experiencia en el trato con el público así como una inclinación natural hacia resultar adorable. No importa lo duro que sea el cliente, que ella lo derretirá con su sonrisa y sus claras dotes sociales y comerciales. Habla varios idiomas, es puntual y formal, proactiva y resolutiva, y sin duda le aportará mucha paz tenerla en su plantilla porque jamás le dará un problema ni necesita supervisión constante.

Usted necesita a La Rizos en su vida y lo sabe. Aproveche ahora que hay rebajas y que por el mismo precio puede llevarse también un gato gordo.
No se arrepentirá y, si lo hace, no le devolvemos su dinero pero puede darle un bocata de lomo y un nestea y dejarla en la playa que ya ella sabrá buscarse la vida.






20 septiembre 2019

De moda.

Hola, Pisiosos. 
Con vuestro permiso voy a hacer como si no llevase meses sin escribir aquí, ¿vale?  Lalalaa

Como me encanta meterme en berenjenales apañaos, vengo a hablaros de una serie que acabo de terminar en Netflix que me ha tocado la fibra más de lo que pensaba, aunque sé que hablando sobre ella toco un tema peliagudo que me puede traer problemas tuiteros. 
Se trata de Creedme, la nueva y magnífica miniserie de Netflix que trata el tema de la gestión de las violaciones a nivel policial, burocrático y social.

Si tenéis planes de verla, os digo desde ya que este post puede contener spoilers, así que leedlo bajo vuestra responsabilidad.

Creedme habla de mí. De todas las mujeres. Está basada en hechos reales pero también podría relatar perfectamente sentimientos que cada una de nosotras hemos sentido alguna vez en nuestras vidas: frustración, ira, desesperación, tristeza. Sentimientos que nos han provocado por el mero hecho de ser mujeres. Por cómo nos trata la sociedad y, dentro de ella, la mayoría de sus integrantes por muy cercanos a nosotras que estén.

Las protagonistas de Creedme son espectaculares. Yo ya conocía a Tony Colette y la amaba fuertemente, pero debo decir que sus compañeras de reparto Merritt Wever y Kaitlyn Dever me han conquistado también. Son mujeres fuertes, potentes, mujeres que mueven el culo cuando las cosas se ponen feas y que sufren las injusticias con entereza. Mujeres que llenan la pantalla y que no dependen de nadie más para brillar. 

La historia nos cuenta cómo Marie Adler, una adolescente con problemas, sufre una violación y se topa de bruces con un proceso judicial en el que nadie la cree. Sus amigos se alejan, sus familiares la culpan, pierde su trabajo, la policía prefiere posicionarse contra ella con tal de ahorrarse problemas y provocan que, en lugar de ser la víctima de algo horrible que la marcará de por vida, para la sociedad pase a ser la mala y mentirosa.
Por otro lado, dos inspectoras de la policía en la otra punta del país empiezan a investigar una cadena de violaciones estrechamente relacionadas con la de Marie, decididas a atrapar al violador lo antes posible y demostrando que se puede afrontar la misma situación de dos formas completamente distintas.


"Oh no, una serie feminista", podréis pensar. Y sí, lo es. Aunque más que feminista, yo diría que es realista.  Ya desde el capítulo tercero, donde el marido de una de las protagonistas dice, con tono paternalista: -"Inspectora, no sea tan dura con mi mujer, es que es muy sensible", nos muestran de qué palo van esos guionistas, tan directos al problema. Y no tienen reparos en seguir ahondando en él durante los 8 capítulos que dura la miniserie, con momentos tan apoteósicos como cuando, en el capítulo 4, un universitario habla con la policía para denunciar el comportamiento de uno de sus compañeros de facultad: 
-Él obliga a las mujeres a tener sexo.
-¿Las droga y las viola?
-Yo no dije eso, no las viola. 
-Claro que sí, eso es violar.  

O como cuando un señor dice, también en el capítulo 4: 
-Chicas reivindicando cosas. Eso está de moda, ser una víctima.

O como cuando en el el capítulo 5, una de las víctimas de las violaciones, refiriéndose a la policía, dice llena de rabia:
-¿Pero dónde está su indignación?

O como cuando en el capítulo 8 el abogado le dice a la pobre Marie que "nadie acusa a la víctima de un robo de mentir. Pero si es una agresión sexual..."

Podría resaltar mil citas de la serie y me quedaría corta, porque es una joya de principio a fin. Aborda cada una de las problemáticas feministas de nuestro tiempo y podría aplicarse al tema de las manadas, de las supuestas violaciones falsas que tanto daño hacen a los hombres, de los fallos del sistema, de cómo culpamos a las víctimas en lugar de culpar al verdadero agresor y de cómo muchas veces preferimos elegir el camino fácil antes de hacer bien nuestro trabajo aunque tengamos que esforzarnos más. Es un ejercicio de instrospección, un tirón de orejas, una serie que debería hacerte pensar y mirarte por dentro.

Es una obra maestra que te cabreará y te emocionará a partes iguales y que habla de la enorme diferencia que hay entre abordar una injusticia desde el prisma feminista y hacerlo desde el machismo. De que no es lo mismo sentirte aliviado al saber que alguien es inocente que sentir el alivio al saber que alguien es culpable. 
Pero, sobre todo, que ser una víctima no está de moda ni es algo con lo que se pueda bromear para quitarle importancia, y que si las chicas reivindicamos cosas unidas, aunque se burlen, somos mucho más fuertes.




14 febrero 2019

Arrancando tiritas.


Cuando sabes que te tienes que alejar de determinadas personas que te aportan sensaciones que crees necesitar pero que realmente te hacen mal, cuesta. Cuesta porque la toxicidad no sería tan peligrosa si no te hiciera sentir bien a corto plazo, como las tiritas sobre las heridas sin curar. 

Es muy difícil sacar de tu vida a gente que te importa, pero el día en que eres consciente de que esa relación (bien sea de amistad o de pareja o incluso familiar) es negativa para ti, empiezas a hacerlo. A veces necesitas un tiempo y otras veces lo haces de forma fulminante: zas. Un tirón y se acabó. 

¿Y sabes lo que sucede después? Porque todo el mundo te advierte de los peligros de una relación tóxica, pero nadie te dice qué sucede cuando estás lejos y sólo escuchas el silencio a tu alrededor. 

Y lo que sucede es que te sientes solo. Mal. Triste. En lugar de sentirte satisfecho porque has hecho lo que tenías que hacer, lo que te mereces, te invade una sensación de vacío insoportable que se me antoja como el último trabajo de Hércules: si eres capaz de sobrellevar esa pena, estarás más cerca de sanar. 

Porque es normal sentirte solo cuando has huido de tus amigos. Es natural estar de bajona si rompes con tu pareja después de diez años juntos. Es completamente lógico sentirte poco querido cuando sacas de tu vida a la gente que te decía que te quería. Si cierras la puerta a alguien que aliviaba tu inseguridad, aunque fuera por un rato. 




Y en esas estoy yo en estos momentos, después de un año de hacer limpieza profunda en mi vida. 
Sola. O casi sola, porque soy muy afortunada de tener una familia que me quiere y algunos amigos indispensables.

Pero, como os decía, cada dos o tres noches me ahogo un poco en esa soledad y lloro, escribo textos que nunca llego a publicar, escucho música deprimente y caigo una y otra vez en el pozo de mis miserias.


 Y aún así, no me arrepiento en absoluto de haber hecho limpieza. Porque ahora ya no camino pisando mierda ni me salpican las consecuencias de mi inseguridad y mis miedos, y esas noches de tristeza cada vez son menos frecuentes y menos desoladoras... y algún día llegarán a desaparecer, estoy segura.

31 diciembre 2018

Thank you, 2018. Next.


Frío, dolor de garganta y sospecha de alergia. Swing y tardes de clandestino frente a la Alcazaba. Últimos coletazos del trivial los viernes por la noche con las chicas. Sesiones de cine en soledad y alguna con J.Kent. Clases. Una FreakCon bastante peculiar donde todos flotan. Mi cumpleaños en familia, la de sangre y la que no. Macetas con flores moradas.  Comidas con queso y vino italiano al sol. Pre Nueva York. Nueva York. Post Nueva York. Calor, por fin, y una boda en Zaragoza vestida de caperucita. Calas escondidas con palmeras y gente en pelotas. Torre del Mar y Jesús. Citas surrealistas de Tinder. Ambulancias y hospitales. Más surrealismo. Carcajadas con dolor de mofletes. Patoveja. Granada con unicornios. Londres. Paquer. Purple Rain. Clases con mi grupo de señoras en las que se ríe más que se explica. Stranger Things y Alberto y yo dándolo todo con el pavismo. Youtube y Ni Guou ni Guau. Halloween. Madrid ballooning. El advenimiento de Nisi otro invierno más. Comidas y cenas navideñas con mucho vino y jamón. La magia de mi melena.

Ha sido un año de pensar menos y actuar más, tal y como me propuse a finales de 2017, y por ello estoy contenta y satisfecha.


Gracias por tanto, 2018, fue un placer. No me eches de menos ahora que te vas.





20 diciembre 2018

Tus recuerdos en facebook


Facebook me recuerda hoy que hace justamente dos años yo publicaba una foto en mi muro. Una foto en la que enseñaba mis gafas nuevas, super moradas y preciosas, con las que yo me sentía bastante favorecida dentro de mis circunstancias miopes. Os pedía opinión porque fue un cambio importante para mí, por chorrada que os parezca.

Y oye, que igual no es casualidad que desde entonces haya aprendido a ver la vida de otra forma. A calar mejor a las personas. A reconocer patrones. A obviar los grises. A verme más guapa y juzgarme menos. A valorar cosas que antes pasaban desapercibidas. A ver más allá (que no el mas allá, de momento). A no conformarme con menos y luchar por más.  A encontrar sonrisas mágicas. A mirar. 

Benditas gafas.




05 diciembre 2018

Relojes.


Cuando yo tenía doce o trece años pasaba las tardes sentada en las escaleras del bloque de mi urbanización. Allí nos reuníamos todos los niños del barrio sin necesidad de whatsapp ni mensajes por facebook, simplemente íbamos bajando de forma escalonada cuando terminábamos de comer y de hacer los deberes.
Nos dedicábamos a charlar, contar historias de miedo y, si acaso, vaciar paquetes de pipas o devorar poloflashes Kelia de los de dos sabores, que eran los mejores. Disfrutábamos simplemente de nuestra compañía, y se podría decir que aquellas fueron las tardes más felices de mi vida.

En aquellas estábamos un viernes después del colegio cuando se me acercó un chico (llamémosle Adolfo, del bloque dos) y me dijo, muy serio: "Bea, ¿quieres que intercambiemos los relojes este finde?". Yo tenía un Casio súper molón que me había traído mi padre de sus viajes por los Mares del Sur, así que aquella pregunta no me chocó tanto y me pareció natural que el chico quisiera presumir con mi reloj delante de sus amigos de tenis. 


-Vale, - contesté yo, sonriente- pero el lunes me lo devuelves.


Todos los demás niños se giraron hacia nosotros con los ojos muy abiertos para no perderse detalle de nuestra conversación, cosa que yo no terminaba de comprender muy bien pero que me hizo feliz por ser el centro de atención aunque fuera por un ratito.

El intercambio se llevó a cabo, pasó la noche del viernes y el sábado por la mañana ya me había arrepentido. El reloj de Adolfo era grande, demasiado para mi muñeca minúscula y debilucha. Además era negro, feo y con unos botoncitos que se me enganchaban en la ropa y en el pelo cada vez que yo me movía, por lo que decidí guardarlo en un cajón hasta el lunes. Total, Adolfo no se iba a enterar.
Me puse a ver los dibujos animados y de pronto llamaron a la puerta y mi mejor amiga entró corriendo en mi habitación, saltando histérica. Le pregunté que a qué venía tanto alboroto y ella me respondió, mirándome como si fuese lo más evidente del mundo: "PUES QUE TIENES NOVIO".


- ¿Pero qué novio?,- respondí yo, divertida y extrañada. -si a mí no me gusta nadie. 
Ya lo tenía yo  todo cristalino por entonces. 

- ¿Pero no te ha dado Adolfo su reloj?".


Me quedé pasmada con esa cara de estupor idiota ante lo sorprendente que me caracteriza, 
y entonces algo hizo clic en mi mente y lo comprendí. El intercambio de relojes era en realidad una táctica ancestral de acercamiento romántico de la que yo no había sido consciente hasta ese momento, y de la que había participado sin querer tan sólo por ser maja.


Así que encima a Adolfo ni siquiera le gustaba mi reloj.

Estuve un rato pensando en cómo me enfrentaría al problema el lunes, cuando viese al chaval. ¿Le digo que nuestros mundos son muy diferentes y que nuestro amor nos haría desdichados? ¿Que quiero centrarme en mi carrera y sacar todo sobresalientes? ¿Que nuestras familias no verían bien nuestra historia?
Al final opté por decirle la verdad: que no sabía lo del intercambio y que me parecía fatal que no hubiese sido claro, porque encima yo no quería para nada su reloj.  O sea que además de romperle el corazón, le eché la bronca.

Y aunque ahora me entre la risa floja cuando me acuerdo y piense que fui un poco cabrona, la verdad es que no me arrepiento. Me sigue gustando muy poco que me mareen.


Y así me va. Ya nadie quiere intercambiarme nada.




PD: Adolfo, si me lees, espero que encontrases a una chica maravillosa que quisiera llevar tu horroroso reloj. No fui digna, de verdad.



05 agosto 2018

Doce velas

Hola, primorses.
Hoy es un día triste y feliz a la vez para Una de Rizos... Triste, porque el Mierdiario de Al ha cerrado sus puertas después de 12 añazos. Ese blog que siempre ha acompañado al mío, igual que mi colega Al ha sido mi constante desde hace ya un huevo de tiempo. Se echará de menos, aunque ahora sus miserias brillen con más fuerza que nunca en instagram.


Y feliz, porque este, mi humilde blog, cumple  también doce añazos como doce ovejas moradas. DO CE. Que lo pienso y me siento super mayor, que yo esto lo empecé cuando era una criaja :_)

Y doce años siguen sin ser nada en la historia de la humanidad, pero han supuesto mil aventuras en la mía que espero que sean sólo las primeras de muchas más.

Ando a tope con mi nuevo curro últimamente y sé que tengo esto medio abandonado, pero volveré, porque este verano está siendo tan intenso y me están pasando tantas cosas que voy a necesitar varios posts para poneros al día :)

Un besazo gigante para todos y nos leemos muy pronto.
Os echo de menos. A la mayoría.

06 julio 2018

Cómo conseguir que la gente te tenga manía.


Sé feliz. O, si no lo eres todavía, finge. Fake it until you make it. Sé todo lo feliz que sepas independientemente de tus posibilidades y, sobre todo, no te lo quedes para ti: que tu dicha se te escurra por los poros de tu piel y rebote en la cara de tus amigos, de tu familia, de tus compañeros de trabajo, de los colegas de cañas, de cada cita de Tinder. Escribe posts en tu blog hablando de tu felicidad, es más, ni siquiera es necesario que digas nada. Sube fotos en instagram en la playa, en el campo, tomándote un helado, sonriendo, besando, abrazando, saltando frente a un atardecer, sentado junto a tus flores favoritas, jugando con tu perro, cogiendo piedrecitas de colores, viajando, haciendo senderismo, jugando al LOL. No importa lo que sea que te haga feliz... no lo escondas.

Nunca te metas en discusiones inútiles, y si las puedes evitar todas, mejor. ¿Que todo se resquebraja a tu alrededor entre peleas políticas y ver quién la tiene más grande? Pues a ti plim. Tú sigue subiendo fotos de la playa en instagram. ¿Que te dejan comentarios llenos de odio y resquemor en cualquiera de tus redes sociales? No respondas. Borra. ¿Que te llaman guarra en facebook? Bloquea. ¿Que no te entienden ni te dan la razón? Pues que no te entiendan, que tampoco pasa nada y aquí no hemos venido a entender a todo el mundo, sino a estar de acuerdo con nosotros mismos.

Quiérete. Mímate. Date todos los caprichos que puedas. No escuches a los que te digan que eres irresponsable sólo porque ellos no puedan hacer algo que tú sí. Haz lo que te apetezca cuando te apetezca siempre que no perjudiques a nadie. Aprende a reconocer tus puntos fuertes y ensálzalos. Sé un pro-cosas, no un anti-cosas, y más si hablamos de ti. De tu cuerpo. De tus cualidades. De lo que puedes conseguir. Jamás te avergüences de cómo eres. Céntrate en tus puntos positivos pero no te compares con nadie más.

No odies, porque es un gasto innecesario de energía,  pero tampoco pierdas el tiempo con gente que no lo merezca ni en lugares donde te sientes mal.

Aprende a escuchar mejor, que quiere decir con más atención pero a menos personas. Intenta desarollar el superpoder de la escucha selectiva. Esos que te aconsejan algo por tu bien no te hacen ningún bien ni tienen por qué conocer la verdad universal.  Quédate sólo con los consejos que te sirvan, pero no te agobies con los que no. Recuerda: no pierdas el tiempo con algo que te hace sentir mal. 

No esperes nada de nadie. No te lamentes cuando los demás no cubren tus expectativas. No vayas de víctima. Respira hondo y sigue adelante; eres autosuficiente y cuanto más tiempo pases solo más fácil te resultará. Todos tenemos problemas y nos sentimos dolidos a veces, pero cuanta menos información pública des sobre tus problemas, mejor. Sé que es tentador recibir feedback de consuelo pero créeme cuando te digo que no lo sienten por ti de verdad.

Aprende a reconocer la envidia y la inseguridad y a que ambas te resbalen como el agua por las alas del pato. No te conviertas nunca en una persona amargada. Rodéate de gente que te haga reír y ríe a carcajadas, sobre todo de ti mismo.

Si estás enamorado, disfrútalo. Si no, también.

Aprende de los más grandes. El Rubius, Leticia Sabater, Rafa Mora, Dalas, la Acapulca, Lolito, Dulceida, Reverte. Tienen millones de haters y de trolls que les son fieles a lo largo de los años y ahí los tienes, en la cresta de la ola.

No centres tus esfuerzos en ser una persona maravillosa, sino en sentirte bien contigo mismo. Que si lo que te hace sentir bien es mutilar gatitos igual no, pero tú me entiendes.




Te aseguro que después de hacer todo lo que te describo en esta guía conseguirás tu meta y caerás fatal y tendrás muchos haters . Más que yo, que es decir. Meh, lo que pasa es que yo también soy un poco pava y además a veces soy débil y me quejo por cosas y eso "une", pero poco a poco. Poco a poco.



13 junio 2018

WAIT

Cuando llevas mucho tiempo soñando con algo, ese algo se hace tan grande, tan sumamente mágico y trascendente, que puede que cuando lo consigas y deje de ser un sueño te des cuenta de que no era para tanto.

Pues con Nueva York no pasa eso. 


Puede que el impacto inicial que te producen otros lugares en los que te adentras por primera vez no lo sientas al pisar la gran manzana, porque estás harto de ver fotos, vídeos, series donde te hacen mil spoilers. La primera vez que pisas la isla sientes un extraño dèjá vu y parece que ya conoces cada calle, cada monumento, cada parque.

Pero te sigues quedando sin aliento. Todo en Manhattan es tan espectacular, tan enorme, tan majestuoso, que por muchas veces que te inundes las retinas con su mar de asfalto nunca te acostumbrarás y seguirás teniendo tortícolis de tanto mirar hacia arriba.


Nuestra historia comienza regular. Después de 7 horas de lidiar con un frío polar en el avión, de una escala más larga de lo esperado en Madrid y de quizá demasiadas horas sin dormir, nosotras (mi señora madre y yo) llegamos un viernes por la noche, derrotadas. Ya en el taxi empecé a olvidarme de todo lo demás cuando pasábamos Queens y nos acercábamos a los rascacielos, pero es que cuando salimos del túnel (¿habéis visto Pánico en el Túnel?) y enfilamos la 34 yo empecé a flotar.


Flotar. Creo que es el verbo con el que mejor describo estos 8 días que he pasado en la isla: flotando de allá para acá. Como en un sueño.

Nuestro hotel era pequeño y un tanto... clásico, pero me encantó. El recepcionista de noche era muy majo (y muy mono, con su barbita hipster y su sempiterna sonrisa) y nos explicó el funcionamiento de todo con una paciencia infinita (el desayuno, de 6:30 a 10. La habitación, la 623). Yo con mi inglés de Texas lo entendí a la perfección, claro.

Nuestra habitación tenía dos camas gigantes. Pero gigantes de verdad. Que yo en Málaga duermo en una cama de 90 - y con gato- desde siempre, que allí me estiraba a lo ancho y no tocaba los bordes.  
El baño bien, correctísimo. Las ventanas cerradas para siempre, por algún extraño motivo. Igual era para que la gente no se suicidara desde un piso 23, yo qué sé.  
El caso es que la primera noche dormimos de un tirón y profundamente, que ni escuché roncar a mi madre. (Nota obligada: que no, que ella no ronca, que es una florecilla delicada del campo de Blancanieves)


A la mañana siguiente empezó nuestro periplo. Yo llevaba una guía perfectamente estructurada y planificada al detalle con todas las cosas que quería ver en Manhattan, y durante todo el viaje nos fuimos adaptando a ella en la medida de lo posible. 
Hicimos un Tour de Contrastes que nos llevó por cuatro de los cinco distritos: Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn.  
Fuimos a dos musicales, Wicked y Waitress, y todos me vieron llorar como una lerda y cantar a grito pelao y sentirme la oveja más afortunada del mundo.  A pesar de que Wicked  es espectacular y parece un cuento,  yo iría cada día de mi vida a ver Waitress en bucle, os lo aseguro. 
Cenamos en Ellen's Sturdust Dinner, el restaurante donde los camareros son aspirantes a Broadway y te cantan subidos a las mesas mientras cenas. Salí a bailar con uno de ellos :D
 Visitamos Bryant Park, la Biblioteca Pública de Nueva York, la Estación Central (y me compré la cookie más deliciosa del mundo en su panadería) Central Park (y corrí como Phoebe), el Mercado de Chelsea, nos subimos al Top of the Rock al atardecer, nos fuimos de tiendas por la Quinta Avenida, nos zampamos una hamburguesa en el Shake Shack del Madison Square Park, pillamos el ferry gratis a Staten Island para ver a Miss Liberty, le toqué los huevos al toro de Wall Street, me emocioné con el peral superviviente de la Zona 0,  flipé con las luces de Times Square y su chorreo de gente continuo,  contemplamos Manhattan desde el paseo del río bajo los puentes de Manhattan y Brooklyn y bailé cómeme el donut contemplando la zona 0 desde la distancia.


Me sorprendí gratamente con lo preparadas que están las calles de Manhattan para el turista, con sus mesas  y sillas para descansar por doquier, sus fuentes de agua potable, sus baños públicos super limpios. 
Me peleé con los semáforos americanos que no te dejan cruzar porque no les sale de los huevos. 

Flipé con el pasillito de la fama que te hacen en Macys cuando abren las puertas, por la mañana. Es como si te hicieran palmas para que te gastes mejor los dineros, y tú entraras ya encantada de la vida. Son listos, estos americanos.
Nos comimos 28,263.534 perritos en puestos callejeros.  

Me maravillé al encontrarme Tortas Ramos en el Whole Foods de Columbus Circle, y aún más cuando vi los precios  a los que las vendían (casi 11 euros una bolsita roñosa de 6 tortas) AQUÍ HAY NEGOCIO, YO LO DEJO CAER)
Cogimos el metro infinidad de veces, el autobús otras cuantas y caminamos más en 8 días que lo que suelo caminar en un año entero en Málaga.
Me compré unos vaqueros que, por primera vez en mi vida, me quedan bien de largo porque en América tienen tallas también de largo y yo soy SHORT.

Me partí de risa con mi madre en un par de ocasiones. Por ejemplo, cuando una tarde ella vino toda emocionada a la habitación, después de haber estado un momento fumando en la calle, y me dijo "CORRE BEA, VAMOS A BAJAR QUE CREO QUE HAY FUEGOS ARTIFICIALES EN TIMES SQUARE PORQUE OIGO RUIDOS Y VEO MUCHAS LUCES". Y yo ahí en pijama,  vistiéndome a toda prisa para pillar los fuegos, que bajé medio asfixiada a la calle. Y me asomo y me encuentro con que los ruidos que había oído mi madre son unos señores de mudanza descargando un camión al lado del hotel, y que las luces eran un neón gigante del Hard Rock Café.  
O cuando la pobre mujer, que aprendió un inglés británico de Oxford central, intentaba comunicarse con los true americans sin éxito. (-"lady, how many bags do you have?" -"at two o clock")


Eso sí. El único momento incómodo que vivimos fue cuando quisimos ir a tomar algo a la terraza del POD 39, un hotelito que en internet califican como "encantador y familiar". Tiene un rooftop de estos en los que te puedes tomar un margarita contemplando los rascacielos al atardecer y según las guías el código de vestuario es informal, así que encaminamos nuestros pasos felices y emocionadas y con el trípode a cuestas para hacer fotacas.  Y ya al llegar nos pusieron en una fila para hablar con no sé qué señor, que a su vez me puso en espera en una lista de 20 minutos y que luego me hizo ir a otro señor y le dijera la contraseña (os lo prometo, LA CONTRASEÑA) para poder pillar el ascensor y subir a lo alto. Y después de hacer el tonto con la contraseña -mi madre se quería morir del corte- y que nos pidieran los pasaportes y todo, nos montamos en el ascensor con otros dos chavales que subían a tomar algo. Iban muy arregladitos, muy fashion ellos, y me sueltan: ¿sois extranjeras? Yo, sonriente, les digo que sí, que somos españolas, y me responden, divertidos: -Anda, sois españolas y venís a mezclaros con los locales?. 

Me quedé cortada y en silencio y ahora me arrepiento. Yo soy de la Costa del Sol, donde los turistas se conocen mejor que yo cada rincón y donde se les trata como si fueran de la familia. Donde los japoneses inundan las ferias y bailan flamenco, donde los ingleses crean verdaderas colonias. Fue muy desagradable sentirme tan fuera de lugar, así que no duramos ni 5 minutos en aquella terraza.


Supongo que fue un caso aislado, pero yo a los hoteles POD ya les he puesto la cruz. 


Pero en fin, que ha sido un viaje maravilloso que ha cumplido casi todas mis expectativas. Me han faltado un par de cosas por hacer y además el clima ha truncado algunos de mis planes, pero en general he tenido una suerte enorme porque todo ha salido fenomenal y no me he puesto mala ni me han raptado en el Bronx ni han vendido mis órganos.
¿Volvería otra vez? Sin duda; hay mil cosas más por hacer y ver y mil musicales más cada año. Pero de momento voy a dejar asentarse la experiencia, que aún no me creo que haya estado allí después de media vida soñando con este viaje. 

He decidido proponerme viajes cada cierto tiempo, porque es lo que más feliz me hace y más alegría le da a mi vida. El no tener hijos ni marido tiene muchas ventajas y una de ellas es poder gastarme mi dinero en lo que me salga del rizo, y así haré. En 2020 quiero que haya otro viajazo. No sé a dónde aún, ya veremos, pero me gustaría alguna playa paradisíaca, por variar la temática.  Se admiten sugerencias :)

Os dejo con algunos momentazos de la #OperaciónNY2018. Gracias por tanto, New York.



Así iba yo en el avión para combatir el frío. Un burka por amor.







Soy flojjer de moda. Sufre, Dulceida.














Aquí ya me camuflo perfectamente entre los americanos.















El loot de la #OperaciónNY2018














24 mayo 2018

Morder la manzana


Hace exactamente dos años yo escribí esto. Hace algunos años más yo empecé a soñar con un viaje que por entonces me parecía irreal e imposible, con visitar la ciudad en la que nunca he estado pero que mejor conozco del mundo.  Y han pasado muchas cosas desde entonces, muchos giros en mi vida y muchas ilusiones y decepciones nuevas, (y muchos habéis ido antes que yo, malditos, y me habéis dado mucha envidia)  pero la promesa de la #operaciónNY2018 siempre ha permanecido ahí.

Mañana pillo el avión para Nueva York y la verdad es que todavía no me lo creo del todo. Supongo que hasta que no me zampe tres perritos en Times Square y mis arterias pidan socorro no terminaré de hacerme a la idea...


Podréis seguir mis andanzas por tuiter con el hashtag oficial del evento (#operaciónNy2018) o esperar a que vuelva y os fría a fotos y vídeos.  Porque os voy a freír y lo sabéis, que diría Julio Iglesias.


Voy a cumplir uno de los sueños de mi vida. 

Después tendré que buscarme otro, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

09 mayo 2018

Twisting the night away


Hola, prisiosos. Espero que estéis todos bien, que los exámenes os salgan estupendos, que estéis ya cerquita de pillar vacaciones y que la primavera se esté portando bien con vosotros. 
Llevo muchas semanas sin actualizar el blog. Ni siquiera escribí algo por mi cumpleaños, como llevo haciendo cada abril sin falta desde 2006.



No tengo mucha excusa, sólo la verdad: me están pasando muchas cosas a nivel emocional, físico y laboral, mi Nico además ha estado malito y yo con tanto agobio no tengo tiempo ni ganas para ponerme a escribir.

Pero estoy bien (de momento). Y además el sábado es la final de Eurovisión y en dos semanas me voy a mi Nueva York. 



Lo hacemos y ya vemos.

07 abril 2018

Fernweh


En alemán, fernweh significa tener nostalgia de lugares a los que no hemos ido nunca.  Es la añoranza de viajar lejos cuando no podemos hacerlo, la tristeza del viajero que sueña despierto.

Estos son los lugares de mi fernweh.