19 mayo 2010

Cuestión de tamaño.

Pasada ya la media noche, me gusta ponerme a ver la tele con auriculares cuando me meto en la cama y trato de dormir. El sonido de fondo de programas como La Noria o Salsa Rosa hace que me quede profundamente dormida, ayudándome con los problemas de insomnio.

Pero anoche sucedió algo que me hizo dar un brinco en la cama y abrir los ojos como platos: contemplé horrorizada el anuncio del Jes Extender, tu alargador de pene más eficaz.


No podía dar crédito a lo que veía: un aparato de hierros que se coloca en el pene durante horas y que te lo estira y retuerce como si fuese un fuet. Al poco tiempo, decían, lo tendrás visiblemente más grande y lozano.
Para darle más credibilidad al asunto sacaban a un hombretón diciendo lo mucho que le había cambiado la vida después de usarlo, y justo después una mujer con cara de lerda sonreía y decía: "uy, a mí no me importa lo que digan por ahí... a mí me gustan grandes".
Pues muy bien, señorita. Horas y horas de explicaciones femeninas tratando de calmar a los machos para que entiendan que el tamaño no importa, y llegas tú y lo mandas todo a tomar por saco.
Encima la tía no se cansa, y sigue diciendo: "con Jes Extender nos llenaréis más, lo pasaremos mejor y nos dolerá menos la cabeza". WTF! Pero vamos a ver, primor... si lo que quieres es que te rellenen sin más se me ocurren mil remedios groseros que no voy a explicar en mi blog, que es muy fino, pero por lo que no pienso pasar es por lo de que nos dolerá menos la cabeza... Te dolerá menos a ti, bonita. No todas las mujeres seguimos usando esa excusa triste y miserable, porque gracias al cielo hoy en día nos da mucho menos corte hablar de lo que necesitamos, de lo que nos gusta y, sobre todo, de lo que no nos gusta.

Por favor, que alguien retire anuncios como este de la tele, porque lo único que consiguen es continuar haciendo dudar acerca de la importancia de cosas que no la tienen y fomentando "cualidades" que a las tías nos importan un pimiento. ¿Por qué nadie ha creado todavía el Cariño Extender? ¿Dónde se puede comprar el Respeto Extender? Con eso sí que nos llenarían más y estaríamos todo el día cual gatas en celo.

17 mayo 2010

Pafuera telarañas

Hoy voy  a ser valiente. Ea.
Pero dejadme que empiece por el principio...

Hace algunos años un amigo me presentó a su hermano por el msn. Me dijo que era un tío estupendo y que quizá nos cayésemos bien... así que bueno, no perdía nada por charlar con él un rato y ver qué pasa.

Y pasó que el hermano en cuestión era un buenorro impresionante, de esos que no se sabe si salen de un gimnasio o del Olimpo. Además parecía inteligente, fíjate tu,  así que yo desplegué todo mi abanico de seducción:  cambié inmediatamente mi imagen del msn por la más sensual y sersi de mi repertorio, empecé a usar mis genuinas tácticas rubias (pedone usté, Fle: es para que todos me entiendan :P) de hacerse la tonta y saqué a relucir mi pavo más entrañable.
 Al final con la tontería hubo feeling, pareció que yo le resulté interesante y me invitó a tomar algo por ahí.
Fue una noche estupenda en la que pensé que había conocido al tipo de mis sueños. Carismático, intelectual, guapo y friki: todo en uno. Así que al día siguiente cuando vi a mi amigo, (su hermano) conectado en el msn fui rauda y veloz a cotillear qué impresiones le había dado el Adonis sobre mí. Y él, diplomático como nadie, me soltó sin vacilar: "jajaja pues me ha dicho que le has caído genial y que le gustas mucho. Que este verano has comido más hamburguesas de la cuenta, pero que lo suples con tu belleza interior".
Toma ya. Y se quedó tan pancho, eh. Yo me quedé planchada, ya os podéis imaginar, y traté de cambiar de tema como pude mientras sentía que se me caía el alma a los pies.
Pero no me repuse de aquello durante mucho, mucho tiempo. De hecho al Adonis no volví a cogerle el teléfono, (y me llamó algunas veces más) y a su hermano lo puse en no admitir porque no soportaba la vergüenza. Ya sé, ya sé que está mal, pero me sentía estúpida y miserable, así que corté por lo sano. Ah, y corté también con las patatas fritas y las hamburguesas, claro.

Sobra decir que odié a aquel tiobueno durante años. Le culpaba de todos los males del mundo cuando, ahora me doy cuenta, no tiene culpa de nada. Si acaso su hermano,que tuvo la delicadeza en el culo. Pero él no.

Y es que, (de esto trata mi post de hoy) NO SE PUEDE GUSTAR A TODO EL MUNDO. Intentarlo es inútil, puesto que por muy guap@ que resultes para algunas personas, seguro seguro seguro que hay alguien que le pone pegas a tu atractivo personal y que no ve ese carisma que intentas mostrar.

Y yo me he pasado la vida tratando de gustar: jamás he hablado en este blog ni en ningún otro sitio de las veces que me han dado calabazas, quizá tratando de parecer menos miserable. Tan sólo publicaba las fotos en las que salía bien, incluso cuando claramente no era yo misma en ellas. Quitaba las etiquetas de fareborn de las fotos de mis amigos si no les daba el visto bueno antes, y me empeñaba al máximo en resaltar mis cualidades para que nadie se fijase en mis defectos.

Y todo, ¿para qué? ¿Para que te nombren miss Internet? ¿Para que miren tus fotos con envidia, sin saber que hay más photoshop que en las fotos de la Obregón? ¿Para que tus colegas, que te conocen de toda la vida y te han visto con la cara llena de granos y ropa de los 90, te digan que estás mejor ahora que nunca?

Intentar agradar a todos te convierte en un esclavo de tu imagen: nunca te relajas, siempre debes estar alerta para maquillar lo que no te gusta y observar muy atentamente a la gente y sacar conclusiones de sus reacciones. Vives obsesionado con la ropa que te sienta mejor, y te cabreas muchísimo cuando no consigues el look que crees que necesitas. Te comparas continuamente y de forma inconsciente con los demás, llegando a sentir una envidia tremenda de aquellos que se llevan más miradas que tú.
Y lo peor, lo más horrible de todo, es que hagas lo que hagas seguro que hay gente que creerá que estás gord@, que eres fe@, que no le gustas.  Y es lógico y normal: a mí no me atrae todo el mundo.


Por todo eso y mucho más, amiguitos, hoy estoy aquí para exorcizar demonios y soltar toda la rabia que llevo dentro: ESTOY HARTA DE SER LA MÁS HERMOSA. Así que nada, a tomar viento:


 Pues ya está. Ya no tendré que volver a estar pendiente de si me etiquetan o no, de si salgo bien o no. A quien le guste, perfecto, y a quien no que se compre un mono y le ponga rizos.

Fiú, que tranquila me he quedao, chati.

16 mayo 2010

Los ojos amarillos de los cocodrilos

Acabo de terminar de leer Los ojos amarillos de los cocodrilos, de una escritora antes desconocida para mí: Katherine Pancol.


El argumento gira en torno a una familia francesa, y más concretamente a nuestra pequeña, torpe y frágil protagonista. Josephine, madre de dos niñas y abandonada por su marido, tiene que empezar de nuevo y aprender a sobrevivir en un mundo que le viene grande mientras observa cómo todos los que le rodean no hacen más que poner obstáculos en su camino: su hija mayor, Hortense, no perdona su dejadez y su fragilidad, culpándola por ello de que su marido las abandonase para irse con otra mujer. Su hermana Iris, una mujer espectacular que encandila a todos los que la rodean, ha sido siempre la que recibía el cariño y elogios de su madre, una bruja egoísta que se empeña en demostrarle a Josephine día a día lo insignificante que es.

Y como ya adivinaréis, este libro nos habla de la superación personal, de perseguir nuestras metas. De cómo las mentiras y la frivolidad caen por su propio peso. De hombres, de mujeres, de gente que conocemos y de gente que nos gustaría conocer.

Personalmente debo reconocer que no me enganché a la historia hasta más o menos la mitad del libro. Y, creedme, tuve que hacer un gran esfuerzo para acabarlo... a pesar de escuchar a diario lo mucho que esta historia les ha gustado a mis amigos, a mi vecino, incluso a mi dentista. Que sí, que está bien, que está escrito de forma correcta y la autora ha sabido mezclar sabiamente ironía con sencillez, humor con drama.

Pero nos encontramos de nuevo con la manida moralina de siempre: hay que luchar por nuestras metas. Hay que aprender a ver nuestra fuerza interior, nuestra belleza, nuestro poder. Todos somos capaces de brillar, y tal. El final es previsible y además me resultó demasiado perfecto, supongo que me entendéis y me perdonaréis por el spoiler.
Hace un par de años seguramente habría terminado el libro llorando a moco tendido, emocionada. Lo habría puesto en la estantería de los honores de mi habitación como uno más de mi top-10, junto con la Historia Interminable o La Sombra del Viento.

Pero hoy estoy más que harta de esta historia de final feliz... porque ya no me la creo.

Eso sí, también tengo que reconocer que un poquito emocionada sí que me dejó... en fin, seré realista, pero sigo siendo una pava a fin de cuentas.




Ahora voy a empezar a leer La Mecánica del Corazón, (gracias de nuevo, Sil) que aunque sólo con leer el argumento ya huelas a final feliz, tiene mucha mejor pinta y al menos nos lo venden como lo que es: un bonito cuento de hadas.

15 mayo 2010

Meme: ¿cuál es tu flor favorita?

Cuando era pequeñita y mi madre me llevaba caminando a la guardería, al pasar por una callejuela residencial siempre me quedaba parada unos minutos junto al jardín de una casa. Su dueño había plantado un árbol de plumarias, y aquella flor tan extraña y exótica me encantaba: ¡olía tan bien y era tan bonita!

Desde entonces, cuando voy caminando por cualquier ciudad y la brisa me trae olor a plumarias, mi mente vuela otra vez hasta mi infancia y me pongo tontorrona...

Por si no sabéis de qué flor hablo, os diré que la Plumeria rubra acutifolia, conocida como Plumaria, es una flor nativa de las regiones tropicales y subtropicales de América. Es del género de los arbustos y árboles caducifolios, y produce flores amarillas o rosas dependiendo de su forma de cultivo. Desde México, la Plumaria se ha extendido a otras partes del Mundo, sobre todo a Hawaii, donde se cultiva tan abundantemente que se cree que es una flor indígena. Seguro que os suena de haberla visto en el cabello y collares de las bailarinas hawaianas :)
Es la flor nacional de Nicaragua desde 1971, y posee un perfume dulce e intenso parecido a la vainilla y la flor del almendro. Se utiliza mucho en perfumería, y sin ir más lejos mi perfume favorito (Fragile, de Jean Paul Gaultier) huele a plumaria.


14 mayo 2010

Never Ever Land

Si Evangeline Lilly pudiese sentarse ahora mismo a mi lado a charlar conmigo, seguramente me diría que soy una tonta por estar triste. Le daría un buche al biofrutas y me diría que han sido años de duros rodajes, de estar lejos de casa, de pasar frío y pasar calor, y que ya era hora de terminar y coger el camino de vuelta a la vida real... a su vida.

Lo que Evangeline no sabe es que a su lado nosotros también estábamos fuera de casa. Vale que no durante años, pero sí durante esas preciosas horas que duraba la serie cada semana. Nosotros, millones de telespectadores de todas partes del Mundo, nos pusimos de acuerdo por una vez en algo y nos dejamos llevar por la magia de la Isla. Por el sonido de los susurros,  por la mirada profunda y madura de Sayid, por la risa de Claire, por el subidón que nos daba al cantar a gritos el You All, Everybody.
Mientras la serie inundaba de aventuras nuestro salón, nosotros dejábamos de ser simples mortales con preocupaciones banales y un trabajo aburrido y nos convertíamos en Peter Pan de nuevo. Habíamos vuelto a nuestra isla de Nunca Jamás, donde vivíamos mil desventuras jugando a los náufragos y donde el Capitán Garfio tenía el logo de Dharma en su barco y temía a un cocodrilo radioactivo que hacía tic, tac, tic, tac cada 108 minutos.

En nuestro país de Nunca Jamás todo era especial: la amistad y la inocencia volvían a tener importancia y llorábamos de felicidad al igual que Hugo Reyes cuando nos reencontrábamos con algún camarada perdido. Aprendíamos a valorar lo que de verdad importa escribiendo nuestro propio Top Five y soltando alguna que otra lagrimilla de emoción.  El amor, eso que algunos de nosotros nos hemos pasado la vida tratando de encontrar, se mostraba en la Isla de una forma completamente pura e inmortal de la mano de Jin y Sun.  La Justicia, la gran olvidada en este mundo frívolo que se mueve por conveniencias, retomaba sentido de la mano de Jack y su forma de encontrar siempre el camino correcto... convirtiéndonos a todos en mejor persona, aunque fuese un poquito. Con Sawyer, el eterno rebelde, nos acordamos de aquel Niño Perdido que de tan perdido se negaba a mostrar sus sentimientos por miedo al cariño, al rechazo, y nos enternecíamos al ver cómo su corazoncito se ablandaba día a día. Como el nuestro.

Y lo mejor de todo era que en la Isla aprendíamos a volver a ser niños y creer: creer en la magia de las cosas que nos rodean, en ese aspecto sobrenatural de todo lo que nos muestran gris e inerte. De la mano de Locke estuvimos siempre alerta y con los ojos bien abiertos esperando señales, buscando secretos, teniendo fe. Lloramos cuando nos creíamos perdidos y nos llenábamos de júbilo cuando Campanilla movía sus alitas y nos chivaba dónde se esconde la Cabaña de Jacob entre risas cantarinas.


Era más que una serie, Pecas. LOST es el pasaporte hacia nuestra infancia.
Y ahora que todo se acaba, que la semana que viene se emitirán los dos últimos capítulos y que Wendy no nos volverá a coger de la mano cada noche para llevarnos volando hasta Nunca jamás, no nos quedará otra que quitarnos el sombrerito con la pluma y resignarnos a crecer.

Pero de una cosa estoy segura: no habrá otra serie como ésta. A pesar de los giros argumentales imposibles, de los fallos de guión, de este final quizá un poco más acelerado de lo normal para mi gusto... nadie ni nada conseguirá hacerme correr tras mi sombra otra vez y volver a sentir esa complicidad tan especial con los que, como yo, repetíamos con emoción "no quiero dejar de ser un niño" cuando en nuestras pantallas aparecía eso de Previously, on LOST cada noche de emisión.


  Never Ever Land

13 mayo 2010

A todos

Todos odiamos a alguien. Aunque sea sólo un poquito, lo justo y necesario para acordarnos de esa persona cuando en la radio suena una canción rabiosa e irónica.
Lo suficiente como para hablar mal de él o de ella cuando nos reunimos con los amigos y necesitamos cierto desahogo; alguien que nos escuche y nos comprenda y nos diga que tenemos razón, que no se merece que lo pasemos mal, que valemos mucho más que esa persona que nos hiere y que ojalá alguien le haga sufrir lo que se merece.

Todos hemos recortado una foto alguna vez para eliminar su rostro, (aunque sea con las tijeras  virtuales del Paint) o hemos escrito mil cartas que nunca enviaríamos en las que desparramábamos nuestra furia contenida y exorcizábamos los malos recuerdos y demonios que nos atormentan por su culpa...

Todos nosotros, en fin, sabemos que en el fondo somos injustos porque, aunque funcione a modo de efecto placebo, a veces no se puede buscar culpables.
Después de todo su único pecado fue no sentir lo mismo que yo.


Y de esta forma seguimos odiándole de mentirijillas un día, otro día, otro día, otro día...