Se acerca, otra vez.
Y este año no quiero.
¿Dónde estoy?
07 abril 2008
04 abril 2008
Gusanos
A Barcelona se la comen los gusanos.
Sin pausa, veloces, recorren las entrañas de la ciudad haciendo retumbar el eco de sus murmullos por entre los huecos de cemento.
A veces me gusta imaginar que navego como sangre por las arterias de metal mientras contemplo por la ventanilla, en silencio, estación tras estación.
Sin pausa, veloces, recorren las entrañas de la ciudad haciendo retumbar el eco de sus murmullos por entre los huecos de cemento.
A veces me gusta imaginar que navego como sangre por las arterias de metal mientras contemplo por la ventanilla, en silencio, estación tras estación.
03 abril 2008
Si yo tuviera una escoba
Buenas (y soleadísimas) tardes, queridos y escasos lectores.
Hoy vengo para hablaros de una duda existencial que me asalta cada vez que asciendo la sinuosa y estrecha calle donde habita mi pocholo... Y es que él vive en uno de esos barrios de toda la vida donde todavía hay viejas sentadas en sillas de la playa en mitad de las plazas y los bloques de pisos de hormigón brillan por su ausencia; donde huele a churros y pollo al ast los domingos y las familias salen a pasear por las tardes con el cochecito del bebé, los niños, el perro y los yayos.
Vale que las mujeres (y hombres, sigh) limpias, aseadas y organizadas quieran y tengan derecho de tener su casa impecable, pero lo que no llegaré nunca a entender es ¡por qué se siguen empeñando en limpiar la calle! O sea, qué fu me par. Voy tan tranquila pensando en mis cosas y canturreando por lo bajinis y de repente FLUSHHHHHHH me echan un cubo de agua negra y espumeante por delante, casi casi empapándome el flequillo. Ojiplática levanto la mirada y me encuentro a una mujer de metro veinte con una fregona sucia y un cubo del precámbrico dale que te dale limpiando la acera, justo delante de su casa. A veces, hasta la carretera.
Pero vamos a ver, alma de pollo. Si por más que limpies, la carretera no la vas a poner blanca ni le vas a sacar brillo. Si las cacas resecas de la acera no se irán ni aunque eches formol... ¿Para qué leches limpias la calle, si en 0,2 se va a volver a ensuciar?
Definitivamente creo que la gente se aburre mucho. O eso o el mistol tiene efectos secundarios.
Hoy vengo para hablaros de una duda existencial que me asalta cada vez que asciendo la sinuosa y estrecha calle donde habita mi pocholo... Y es que él vive en uno de esos barrios de toda la vida donde todavía hay viejas sentadas en sillas de la playa en mitad de las plazas y los bloques de pisos de hormigón brillan por su ausencia; donde huele a churros y pollo al ast los domingos y las familias salen a pasear por las tardes con el cochecito del bebé, los niños, el perro y los yayos.
Vale que las mujeres (y hombres, sigh) limpias, aseadas y organizadas quieran y tengan derecho de tener su casa impecable, pero lo que no llegaré nunca a entender es ¡por qué se siguen empeñando en limpiar la calle! O sea, qué fu me par. Voy tan tranquila pensando en mis cosas y canturreando por lo bajinis y de repente FLUSHHHHHHH me echan un cubo de agua negra y espumeante por delante, casi casi empapándome el flequillo. Ojiplática levanto la mirada y me encuentro a una mujer de metro veinte con una fregona sucia y un cubo del precámbrico dale que te dale limpiando la acera, justo delante de su casa. A veces, hasta la carretera.
Pero vamos a ver, alma de pollo. Si por más que limpies, la carretera no la vas a poner blanca ni le vas a sacar brillo. Si las cacas resecas de la acera no se irán ni aunque eches formol... ¿Para qué leches limpias la calle, si en 0,2 se va a volver a ensuciar?
Definitivamente creo que la gente se aburre mucho. O eso o el mistol tiene efectos secundarios.
12 marzo 2008
Changeling
Es época de cambios en mi vida, y como en todas las épocas transitorias en ésta también hay sorpresas. Algunas negativas, desesperanzadoras y crueles, y otras bastante positivas y alegres. Como la de ésta mañana, cuando alguien me mandó un sms con el que se cubrió de gloria y me demostró, una vez más, que estaba equivocada. Que aún queda gente buena y altruista, después de todo. Supongo que con mi mensaje de respuesta no pude plasmar cuán agradecida le estoy, pero espero que al menos lo intuya.
Cambios.... y trenes que van y vienen. Un helado en esa terraza que ya conocía, donde los recuerdos flotan en el aire y me hacen sonreir irónicamente.
Cambios. Personas que se alejan de mi mundo irremediablemente. Porque no puede ser de otro modo, es ley de vida... Y por el otro bando, personas que llegan pisando fuerte.
Cambios. Y de pronto te veo ennmedio de este mar de gente, como dice Coti, esperando el metro que te llevará al trabajo. Es difícil encontrarte a alquien conocido en Barcelona, y más aún si hace años que no sabes nada de él... Y ahí estás, con tus auriculares puestos y siguiendo la música con el pie, distraído. No me ves, pero tengo que pasar justo a tu lado para bajarme del vagón. Nos cruzamos; sigues oliendo igual. Te lanzo un saludo mudo e invisible y me giro un segundo para ver cómo se cierran las puertas y tú te vuelves a alejar... Cuídate mucho.
Es época de cambios, aunque hay sensaciones amargas que no cambian nunca.
Cambios.... y trenes que van y vienen. Un helado en esa terraza que ya conocía, donde los recuerdos flotan en el aire y me hacen sonreir irónicamente.
Cambios. Personas que se alejan de mi mundo irremediablemente. Porque no puede ser de otro modo, es ley de vida... Y por el otro bando, personas que llegan pisando fuerte.
Cambios. Y de pronto te veo ennmedio de este mar de gente, como dice Coti, esperando el metro que te llevará al trabajo. Es difícil encontrarte a alquien conocido en Barcelona, y más aún si hace años que no sabes nada de él... Y ahí estás, con tus auriculares puestos y siguiendo la música con el pie, distraído. No me ves, pero tengo que pasar justo a tu lado para bajarme del vagón. Nos cruzamos; sigues oliendo igual. Te lanzo un saludo mudo e invisible y me giro un segundo para ver cómo se cierran las puertas y tú te vuelves a alejar... Cuídate mucho.
Es época de cambios, aunque hay sensaciones amargas que no cambian nunca.
29 febrero 2008
Misión Imposible
Ni Indiana Jones buscando el templo maldito, ni Marco buscando a su madre, ni los miles de millones de españoles que buscaron a Wally en sus días gloriosos tuvieron tantos problemas e inconvenientes como una servidora y su pocholo buscando un piso de alquiler decente y a un precio asequible en Barcelona.
Podrías pensar, querido lector, que lo que exigimos es un chalet de doscientos metros cuadrados y cuatro dormitorios pero no, nada más lejos de la realidad. Yo me conformo con que tenga ventanas y cueste menos de mil euros al mes, fíjate tú. Y a poder ser (que ya es mucho pedir, por lo visto) que quepa una cama de matrimonio en algún lado y no un sofá-cama.
Pero no. Lo nuestro es una misión imposible, ya que al parecer una pareja joven con ingresos que no sumen entre los dos más de 2.000€ no son solventes y, por consecuencia, no tienen derecho a una vivienda digna. Como mucho a un zulo de 20 metros cuadrados sin luz por 800€ que duelen en el alma.
Para más inri ahora resulta que los propietarios y agencias, sabedores de la verdad universal y conocedores de las ayudas gubernamentales de alquiler a los jóvenes nacionales, han subido sus precios esos mismos 200€ que nos subvencionan... así que como dicen en mi tierra, total, pa qué.
Me veo durmiendo en el parque de la Ciudadella, entre mantas y papel de periódico. Oye, al menos es romántico y no necesitaríamos ventanas; cielos estrellados veríamos cada noche y ventilaríamos nuestro hogar sin esfuerzos.
Podrías pensar, querido lector, que lo que exigimos es un chalet de doscientos metros cuadrados y cuatro dormitorios pero no, nada más lejos de la realidad. Yo me conformo con que tenga ventanas y cueste menos de mil euros al mes, fíjate tú. Y a poder ser (que ya es mucho pedir, por lo visto) que quepa una cama de matrimonio en algún lado y no un sofá-cama.
Pero no. Lo nuestro es una misión imposible, ya que al parecer una pareja joven con ingresos que no sumen entre los dos más de 2.000€ no son solventes y, por consecuencia, no tienen derecho a una vivienda digna. Como mucho a un zulo de 20 metros cuadrados sin luz por 800€ que duelen en el alma.
Para más inri ahora resulta que los propietarios y agencias, sabedores de la verdad universal y conocedores de las ayudas gubernamentales de alquiler a los jóvenes nacionales, han subido sus precios esos mismos 200€ que nos subvencionan... así que como dicen en mi tierra, total, pa qué.
Me veo durmiendo en el parque de la Ciudadella, entre mantas y papel de periódico. Oye, al menos es romántico y no necesitaríamos ventanas; cielos estrellados veríamos cada noche y ventilaríamos nuestro hogar sin esfuerzos.
14 febrero 2008
Antología.
Nunca me gustaron los catorce de febrero. Ni cuando era niña, que no entendía por qué las calles y los centros comerciales se llenaban de esos corazones tan repipis y la gente se daba tantos besos babosos, ni ahora que sé la razón de todo eso.
Tengo veintiseis años y en mi puta vida he sido feliz un catorce de febrero. Y ya no es que pida amor y rosas, (no creo en ese estúpido comportamiento comercial) tan sólo un año en el que San Valentín se pasee por mi vida de forma habitual, corriente, cotidiana. Pero no. Cada catorce de febrero tiene que sucederme alguna desgracia o joderse mi buen humor por algo inesperado... supongo que será la alineación de los planetas y que la diosa Fortuna tiene un sentido del humor agridulce y cabrón.
A veces, cuando se acercaba la fecha y la gente que me rodeaba empezaba a contarme sus planes románticos, en el fondo (muy en el fondo y además confesado en voz baja) envidiaba esa felicidad... a fin de cuentas, los besos babosos pueden ser especiales y calar hondo de vez en cuando, sentarte jodidamente bien.
Pero yo me tengo que conformar con mi colección de besos marchitos, de recuerdos agrios y de lluvia en el pelo; y corro y me escondo tras mi flequillo rizoso y no paro de repetirle al angelito pesado del arco y las flechas que me deje en paz, que nunca me gustaron los catorce de febrero.
Tengo veintiseis años y en mi puta vida he sido feliz un catorce de febrero. Y ya no es que pida amor y rosas, (no creo en ese estúpido comportamiento comercial) tan sólo un año en el que San Valentín se pasee por mi vida de forma habitual, corriente, cotidiana. Pero no. Cada catorce de febrero tiene que sucederme alguna desgracia o joderse mi buen humor por algo inesperado... supongo que será la alineación de los planetas y que la diosa Fortuna tiene un sentido del humor agridulce y cabrón.
A veces, cuando se acercaba la fecha y la gente que me rodeaba empezaba a contarme sus planes románticos, en el fondo (muy en el fondo y además confesado en voz baja) envidiaba esa felicidad... a fin de cuentas, los besos babosos pueden ser especiales y calar hondo de vez en cuando, sentarte jodidamente bien.
Pero yo me tengo que conformar con mi colección de besos marchitos, de recuerdos agrios y de lluvia en el pelo; y corro y me escondo tras mi flequillo rizoso y no paro de repetirle al angelito pesado del arco y las flechas que me deje en paz, que nunca me gustaron los catorce de febrero.
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