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23 marzo 2020

Es la gente.

Nunca, ni en el más remoto de entre un millón de posibles futuros de los que veía el Dr Strange, hubiese imaginado que en marzo de 2020 mi vida - nuestra vida - iba a dar este giro dramático. 
Soy una afortunada por haber nacido cuando y donde he nacido, pero ni siquiera desde ese privilegio he podido escapar de la pandemia y aquí estoy, confinada en casa desde hace 12 días. Con mi familia y mi gato, eso sí. Pero los días van pasando y mi estado de ánimo ha ido fluctuando ya por cada una de las fases del duelo: negación, ira, atracón, depresión y aceptación.

Yo este año iba a hacer las cosas bien. He empezado a ir a terapia, he vuelto a estudiar, he tratado de cuidarme un poco más y de centrarme en lo verdaderamente importante, iba a viajar con mi madre y mis amigas para celebrar mi cumpleaños... y boom. Un zasca de realidad ha venido para recordarme que nada, absolutamente nada, es seguro. Que vivimos un tiempo prestado. Que nada es tan importante y que TODO importa. 

Y con el virus llegó la gente. Alguna gente irresponsable e inmadura que se toma a broma algo tan serio porque quizá aún no le afecta directamente, o ciertas personas que nos intentan manipular por la tele y que, por desgracia, a veces lo consiguen. 
Pero sobre todo lo que más he visto en las últimas semanas es gente que empieza a pensar en otra gente. Que se saluda de balcón a balcón.  Que se toma cafés virtuales con sus amigas por skype. Que escribe notitas ofreciendo ayuda para lo que sea en los portales, en los ascensores. Que se curra una tabla de zumba para sus vecinos de terraza en terraza. Que se desvive hasta la desesperación en los hospitales. Que llora a lágrima viva por no poder cogerle la mano a sus seres queridos. Que escribe whatsapps sencillos que significan algo complejo ("los ¿cómo estás? son los nuevos te quiero").  Que aplaude cada día, a las ocho. Que cose mascarillas en el salón de su casa. Que perdona el mes de alquiler de sus inquilinos porque sabe que se han quedado en paro. Que imprime equipos sanitarios con su impresora 3D. Que sonríe y que nos saca una sonrisa con sus memes y tonterías de twitter. Que canta resistiré. Que se queda en casa sola, porque sabe que así es como más puede ayudar. Que está triste y asustada pero que siempre está dispuesta a echar una mano. Que da clases gratis por internet para ayudar a los niños que se han quedado sin cole. Que trabaja poniendo en peligro su vida porque sabe que su esfuerzo es necesario. Que canta con la guitarra por su ventana para animar a su bloque. Que intenta que sus seres queridos estén distraídos y que los pequeños no sepan (todavía) que quizá algo se haya roto en nuestra sociedad para siempre. Que sufre las consecuencias de un gobierno que no ha sabido estar a la altura, pero que aún así aporta su granito de arena en medio del desastre.  

Imagino que alguna de esa gente en unos meses bloqueará parte de su memoria para poder seguir adelante, y olvidará todo este espanto que hoy llena hospitales, centros de salud y morgues.  No les juzgo; cada cual encuentra su propia forma de resiliciencia, pero creo que yo no me olvidaré jamás de este marzo negro aunque mi vida continúe y vuelva a mi rutina cotidiana.

Y tampoco olvidaré nunca, porque creo que es la enseñanza más importante que podemos sacar de todo esto, que lo único que nos puede salvar del horror más absoluto no es una vacuna. Es la gente.

13 junio 2018

WAIT

Cuando llevas mucho tiempo soñando con algo, ese algo se hace tan grande, tan sumamente mágico y trascendente, que puede que cuando lo consigas y deje de ser un sueño te des cuenta de que no era para tanto.

Pues con Nueva York no pasa eso. 


Puede que el impacto inicial que te producen otros lugares en los que te adentras por primera vez no lo sientas al pisar la gran manzana, porque estás harto de ver fotos, vídeos, series donde te hacen mil spoilers. La primera vez que pisas la isla sientes un extraño dèjá vu y parece que ya conoces cada calle, cada monumento, cada parque.

Pero te sigues quedando sin aliento. Todo en Manhattan es tan espectacular, tan enorme, tan majestuoso, que por muchas veces que te inundes las retinas con su mar de asfalto nunca te acostumbrarás y seguirás teniendo tortícolis de tanto mirar hacia arriba.


Nuestra historia comienza regular. Después de 7 horas de lidiar con un frío polar en el avión, de una escala más larga de lo esperado en Madrid y de quizá demasiadas horas sin dormir, nosotras (mi señora madre y yo) llegamos un viernes por la noche, derrotadas. Ya en el taxi empecé a olvidarme de todo lo demás cuando pasábamos Queens y nos acercábamos a los rascacielos, pero es que cuando salimos del túnel (¿habéis visto Pánico en el Túnel?) y enfilamos la 34 yo empecé a flotar.


Flotar. Creo que es el verbo con el que mejor describo estos 8 días que he pasado en la isla: flotando de allá para acá. Como en un sueño.

Nuestro hotel era pequeño y un tanto... clásico, pero me encantó. El recepcionista de noche era muy majo (y muy mono, con su barbita hipster y su sempiterna sonrisa) y nos explicó el funcionamiento de todo con una paciencia infinita (el desayuno, de 6:30 a 10. La habitación, la 623). Yo con mi inglés de Texas lo entendí a la perfección, claro.

Nuestra habitación tenía dos camas gigantes. Pero gigantes de verdad. Que yo en Málaga duermo en una cama de 90 - y con gato- desde siempre, que allí me estiraba a lo ancho y no tocaba los bordes.  
El baño bien, correctísimo. Las ventanas cerradas para siempre, por algún extraño motivo. Igual era para que la gente no se suicidara desde un piso 23, yo qué sé.  
El caso es que la primera noche dormimos de un tirón y profundamente, que ni escuché roncar a mi madre. (Nota obligada: que no, que ella no ronca, que es una florecilla delicada del campo de Blancanieves)


A la mañana siguiente empezó nuestro periplo. Yo llevaba una guía perfectamente estructurada y planificada al detalle con todas las cosas que quería ver en Manhattan, y durante todo el viaje nos fuimos adaptando a ella en la medida de lo posible. 
Hicimos un Tour de Contrastes que nos llevó por cuatro de los cinco distritos: Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn.  
Fuimos a dos musicales, Wicked y Waitress, y todos me vieron llorar como una lerda y cantar a grito pelao y sentirme la oveja más afortunada del mundo.  A pesar de que Wicked  es espectacular y parece un cuento,  yo iría cada día de mi vida a ver Waitress en bucle, os lo aseguro. 
Cenamos en Ellen's Sturdust Dinner, el restaurante donde los camareros son aspirantes a Broadway y te cantan subidos a las mesas mientras cenas. Salí a bailar con uno de ellos :D
 Visitamos Bryant Park, la Biblioteca Pública de Nueva York, la Estación Central (y me compré la cookie más deliciosa del mundo en su panadería) Central Park (y corrí como Phoebe), el Mercado de Chelsea, nos subimos al Top of the Rock al atardecer, nos fuimos de tiendas por la Quinta Avenida, nos zampamos una hamburguesa en el Shake Shack del Madison Square Park, pillamos el ferry gratis a Staten Island para ver a Miss Liberty, le toqué los huevos al toro de Wall Street, me emocioné con el peral superviviente de la Zona 0,  flipé con las luces de Times Square y su chorreo de gente continuo,  contemplamos Manhattan desde el paseo del río bajo los puentes de Manhattan y Brooklyn y bailé cómeme el donut contemplando la zona 0 desde la distancia.


Me sorprendí gratamente con lo preparadas que están las calles de Manhattan para el turista, con sus mesas  y sillas para descansar por doquier, sus fuentes de agua potable, sus baños públicos super limpios. 
Me peleé con los semáforos americanos que no te dejan cruzar porque no les sale de los huevos. 

Flipé con el pasillito de la fama que te hacen en Macys cuando abren las puertas, por la mañana. Es como si te hicieran palmas para que te gastes mejor los dineros, y tú entraras ya encantada de la vida. Son listos, estos americanos.
Nos comimos 28,263.534 perritos en puestos callejeros.  

Me maravillé al encontrarme Tortas Ramos en el Whole Foods de Columbus Circle, y aún más cuando vi los precios  a los que las vendían (casi 11 euros una bolsita roñosa de 6 tortas) AQUÍ HAY NEGOCIO, YO LO DEJO CAER)
Cogimos el metro infinidad de veces, el autobús otras cuantas y caminamos más en 8 días que lo que suelo caminar en un año entero en Málaga.
Me compré unos vaqueros que, por primera vez en mi vida, me quedan bien de largo porque en América tienen tallas también de largo y yo soy SHORT.

Me partí de risa con mi madre en un par de ocasiones. Por ejemplo, cuando una tarde ella vino toda emocionada a la habitación, después de haber estado un momento fumando en la calle, y me dijo "CORRE BEA, VAMOS A BAJAR QUE CREO QUE HAY FUEGOS ARTIFICIALES EN TIMES SQUARE PORQUE OIGO RUIDOS Y VEO MUCHAS LUCES". Y yo ahí en pijama,  vistiéndome a toda prisa para pillar los fuegos, que bajé medio asfixiada a la calle. Y me asomo y me encuentro con que los ruidos que había oído mi madre son unos señores de mudanza descargando un camión al lado del hotel, y que las luces eran un neón gigante del Hard Rock Café.  
O cuando la pobre mujer, que aprendió un inglés británico de Oxford central, intentaba comunicarse con los true americans sin éxito. (-"lady, how many bags do you have?" -"at two o clock")


Eso sí. El único momento incómodo que vivimos fue cuando quisimos ir a tomar algo a la terraza del POD 39, un hotelito que en internet califican como "encantador y familiar". Tiene un rooftop de estos en los que te puedes tomar un margarita contemplando los rascacielos al atardecer y según las guías el código de vestuario es informal, así que encaminamos nuestros pasos felices y emocionadas y con el trípode a cuestas para hacer fotacas.  Y ya al llegar nos pusieron en una fila para hablar con no sé qué señor, que a su vez me puso en espera en una lista de 20 minutos y que luego me hizo ir a otro señor y le dijera la contraseña (os lo prometo, LA CONTRASEÑA) para poder pillar el ascensor y subir a lo alto. Y después de hacer el tonto con la contraseña -mi madre se quería morir del corte- y que nos pidieran los pasaportes y todo, nos montamos en el ascensor con otros dos chavales que subían a tomar algo. Iban muy arregladitos, muy fashion ellos, y me sueltan: ¿sois extranjeras? Yo, sonriente, les digo que sí, que somos españolas, y me responden, divertidos: -Anda, sois españolas y venís a mezclaros con los locales?. 

Me quedé cortada y en silencio y ahora me arrepiento. Yo soy de la Costa del Sol, donde los turistas se conocen mejor que yo cada rincón y donde se les trata como si fueran de la familia. Donde los japoneses inundan las ferias y bailan flamenco, donde los ingleses crean verdaderas colonias. Fue muy desagradable sentirme tan fuera de lugar, así que no duramos ni 5 minutos en aquella terraza.


Supongo que fue un caso aislado, pero yo a los hoteles POD ya les he puesto la cruz. 


Pero en fin, que ha sido un viaje maravilloso que ha cumplido casi todas mis expectativas. Me han faltado un par de cosas por hacer y además el clima ha truncado algunos de mis planes, pero en general he tenido una suerte enorme porque todo ha salido fenomenal y no me he puesto mala ni me han raptado en el Bronx ni han vendido mis órganos.
¿Volvería otra vez? Sin duda; hay mil cosas más por hacer y ver y mil musicales más cada año. Pero de momento voy a dejar asentarse la experiencia, que aún no me creo que haya estado allí después de media vida soñando con este viaje. 

He decidido proponerme viajes cada cierto tiempo, porque es lo que más feliz me hace y más alegría le da a mi vida. El no tener hijos ni marido tiene muchas ventajas y una de ellas es poder gastarme mi dinero en lo que me salga del rizo, y así haré. En 2020 quiero que haya otro viajazo. No sé a dónde aún, ya veremos, pero me gustaría alguna playa paradisíaca, por variar la temática.  Se admiten sugerencias :)

Os dejo con algunos momentazos de la #OperaciónNY2018. Gracias por tanto, New York.



Así iba yo en el avión para combatir el frío. Un burka por amor.







Soy flojjer de moda. Sufre, Dulceida.














Aquí ya me camuflo perfectamente entre los americanos.















El loot de la #OperaciónNY2018














16 agosto 2017

Empatía.


Cuando alguien te hace partícipe de sus pasiones, te está demostrando que te aprecia. Aunque sea en mayor o menor grado, confía en ti y quiere que vuestra relación (sea del tipo que sea) crezca un poco más compartiendo un pedacito de sí mismo contigo.

Cuando alguien te cuenta, con los ojos brillantes y la sonrisa desmedida, lo muchísimo que le gusta un grupo de música, un escritor, una serie de televisión o ese escultor de arte moderno que conoció de Erasmus en Berlín, en realidad lo que está haciendo es mostrarse vulnerable ante ti. Hay que ser muy valiente y confiar mucho en los demás para confesar tu afición a coleccionar las pegatinas de los kiwis o a bailar polka los sábados, y más cuando eres consciente de que lo más probable es que la otra persona no entienda nada y no sepa valorarlo como tú.

Pero sí. Cuando alguien se abre contigo y se pasa media hora explicando con todo lujo de detalles lo que le hace chundachunda en la patata es debido a que te aprecia. 
Y si tú ante su despliegue de emoción lo único que haces es pasar olímpicamente o, lo que es peor, decir cosas como "pues menuda puta mierda", te mereces la más agónica de las soledades porque tienes la misma empatía que un chumbo y porque, en resumen,  eres un miserable.

30 enero 2017

Veinte años no es nada

Dentro de relativamente poco tiempo se cumplen veinte años desde que terminé el bachillerato. Te cagas. Si alguna vez me habéis visto como una chavalita jovial y pizpireta, dejémoslo en mujer pizpireta desde ya. 

Veinte. Veinte añazos en los que no sé qué narices he hecho con mi vida, si os soy sincera. 
Mis amigos de toda la vida, que son el grupito de frikis con los que me refugié durante mis años escolares, ya están hablando de que habrá una comida de antiguos alumnos en el colegio y que nos reuniremos todos. Que además irán los profesores y las monjas, y a mí me ha entrado un miedo horrible. No sé si calificarlo como miedo o angustia o preocupación... pero la cuestión es que no me apetece absolutamente nada acudir a tal evento.

Seguramente pensaréis que es porque me aterra llegar allí con mis taitantos añazos y sin novio ni expectativas de marido, sin casa propia donde caerme muerta, sin hijos, con un trabajo que me encanta pero que no me permite vivir más o menos bien sin andar agobiada cada mes, sin ahorros, pesando alrededor de 20kg más que en COU. Con un gato gordo como compañero de vida. Y sí, habéis acertado. Entre permitir que una panda de pijos imbéciles me juzgue o ser mordida por una cobra, tiro para cobra.

Pero si os digo la verdad, el verdadero motivo por el que no quiero ir a esa reunión del averno no es para evitar que se rían de mí, (hace tiempo que estoy curtida ante determinadas palabras); es porque yo no tengo nada que demostrarle a una panda de gente que me hizo la vida imposible durante 13 años. Gente que me tiraba piedras, que me insultaba, que me encerraba en los baños del colegio, que se burlaba de mí y me ponía motes -marciana, Beacop, Dumba, fea, no te toco ni con un palo-, que me hacía llorar por las noches pensando en lo que pasaría al día siguiente cuando tuviese que saltar al potro y me cayese. Gente que jamás me dio una oportunidad tan sólo por ser diferente, por mucho que yo me esforzara por encajar. Gente que me creó un complejo de inferioridad que aún arrastro cuando las cosas se ponen mal.

No siento ningún tipo de aprecio por el 95% de las caras que aparecen en mi orla de COU. Ni siquiera recuerdo sus nombres, y me parece mucho mejor así. Aquí en confianza os diré que en tardes tristes como ésta a veces me da por pensar que sigo en aquel colegio y que por eso no levanto cabeza.

Y no. No quiero pensar en ellos ni regalarles un minuto más de mi existencia porque encima la vida me restriega una y otra vez que no es verdad eso del karma, y no lo soporto. No importa si has sido un hijo de puta en el pasado si te lo montas bien. La mayoría de esas personas que me metía arañas en la mochila sabiendo que sufro aracnofobia ahora son doctores, abogados, empresarios, policías, propietarios de un pisazo en la urbanización de mis padres o similares. Tienen familias preciosas y vacaciones en agosto, y van a las reuniones de padres del colegio de sus hijos para defenderles cuando otros niños se meten con ellos. 

No, llamadme cobarde si queréis pero no quiero sentarme a comer a su lado, porque ellos probablemente no recuerden todo lo que yo sigo teniendo aquí dentro, muy bien guardadito. Admitámoslo: eso de comprarme un vestidazo  y unos tacones para la ocasión, ir a la pelu, contratar un gigoló buenorro para que me acompañe y llegar allí en plan triunfadora de la vida y que todo me salga genial sólo pasa en las pelis. La cruda realidad es que, si voy, serán muy amables conmigo y me dirán que qué guapa estoy y que qué hago para parecer tan joven, que claro, eso es porque no he sido madre.  Y yo sentiré como una mierda y me iré haciendo más y más pequeñita a cada segundo hasta desaparecer en alguna mota de polvo bajo el mantel.

Yo no necesito reunirme con nadie. Lo mejor de mis años de colegio son mis amigos los frikis, y a esos los he tenido siempre cerca desde entonces. 
Los demás, que coman todos juntos en los jardines del cole y beban vino y brinden por los viejos tiempos. Yo brindaré con un vodka, desde el bar, por los nuevos.


05 enero 2017

Conoces de verdad a alguien cuando le dices que NO.


-No eres tan inteligente y tu blog es insulso. Pero no te quiero ofender.
-Me agotas.
-No te aguantas ni tú.
-Rancia.
-Estás cerrada al amor.
-Me tienes harto.
-Eres todo fachada.
-Qué estúpida, anda que vaya tela.
-Niñata.
-Que te den.
-Ya me he dado cuenta de cómo eres, está claro que tenemos poco en común.
-Todas las tías de Internet sois iguales.
-Hipócrita.
-Qué pena, con lo simpática que parecías.
-Si no eres ni guapa.
-Suerte en la vida, zorra.
-Ok, te deseo lo mejor, un beso.



05 marzo 2016

La perfecta ex.


Yo debo ser una novia horrible. A mis 34 años he tenido algunas relaciones estables que siempre terminaron en fracaso, y debo decir que a pesar de ser buena amante, mejor persona, la mayoría de las veces el drama sucedió por mi culpa. Me ha costado muchas lágrimas y muchos momentos de reflexión y autocrítica el asumirlo, no creáis. Es duro reconocer que yo para esto del amor no sirvo como la mayoría de los mortales, que encuentran pareja y se arrejuntan y se casan y comen perdices como quien va a comprar churros.  Soy exigente, un pelín egocéntrica, una bomba emocional que pone a prueba a diario los nervios  y la paciencia de quien tenga a mi lado. Necesito dosis de inteligencia, de sentido del humor (que suele venir de la mano de la inteligencia), de cariño bien dosificado, de independencia, de sexo y morbo llevados con ingenio –empiezo a ver un patrón aquí- de gente con agallas que sepa enfrentarse a los problemas de la vida y no esconda la cabeza bajo tierra cuando las cosas se tuercen y locura, sobre todo locura. Me llama lo turbio; así me va.

La cuestión es que (no me quiero enrollar) como novia seré un desastre, pero como ex-novia soy la hostia. Porque cuando mis relaciones se terminan, se terminan de verdad. Paso página y llevo mi duelo con elegancia, carisma, un saber estar impresionante... y me voy. Duele, por supuesto. Pero si algo caracteriza a la perfecta ex-novia es el no insistir en algo que no tiene sentido.

Es de primero de rupturas: al lugar donde fuiste feliz no debieras volver, que dijo Sabina. Y ya ni te cuento si no fuiste feliz siquiera… No más whatsapps, no más e-mails, no más llamadas, no más mensajes por Facebook. No hay que volver la vista atrás ni insistirles como una llorona desesperada y pesada. No, Adele, no está bien llamar dos años después ni viene a cuento de nada por mucho que te expliques durante veinte canciones iguales, como bien dice la gran Molinos en su post. Que luego me llamáis mala a mí, pero lo tuyo es crueldad y perrodelhortelanismo.

Y podréis pensar que lo de dar un portazo y olvidar su nombre, su cara, su casa y pegar la vuelta lo hago por mí, que me quiero mucho y voy de digna. Y no, eh. Yo soy altruista y un amor y en realidad lo hago todo por mis ex: se merecen ser felices con otra persona. Alguien que no les dé problemas, con quien no tengan que esforzarse ni sacar lo mejor de ellos mismos. Alguien que no les suponga ningún tipo de reto ni les haga crecer o evolucionar. Que no les haga plantearse que igual no son tan buenos ni tan listos ni tan especiales como creen. Una mujer dócil, simple, entrañable, tiernita,  femenina, razonable. Sincera pero sólo lo justo. Sexy, pero no guarrilla. Divertida, pero no zumbada.

A mí es que me gusta estar zumbada y tampoco pasa nada si me quedo sola, qué le vamos a hacer. De hecho auguro para mi mismidad una buena temporadita de soltería bien aprovechada, de la que enriquece además de cocer.

Así que nada, resumiendo. Que como estoy zumbada pero además soy un amor, a todos esos que un día me rompieron el corazón les deseo lo mejor y toda la felicidad del mundo: que les den mucho por culo, pero que les guste.


15 enero 2016

Mochilas.

Supongo que es normal que a estas edades, (pasados los 30) todos llevemos una mochila a nuestras espaldas. Algunos lo llaman "fantasmas", otros "experiencia", pero para mí es como una mochila que pesa dependiendo de su tamaño y que nos impide realizar ciertas actividades con soltura. Una mochila que no nos podemos quitar porque nuestras acciones del pasado y sus consecuencias la acabaron soldando a nuestra piel.

Me pregunto por qué siempre me topo con hombres con mochilas enormes. Con lo fashion y comoditos de llevar que son los clutch.



25 noviembre 2015

No intereso.

Que yo no intereso, vaya.
He llegado a esa conclusión volviendo a ver La Boda de mi Mejor Amigo, mi peli más favorita de todos los tiempos. Siempre que la he visto (unas mil millones de veces) he acabado llorando de emoción sin tener muy claro por qué, pero creo que ya lo he comprendido: me emociono porque soy yo. Julia Roberts soy yo. 

Julia, la mala. La mujer imperfecta. La estúpida y sensual Julia. La que se enamora a destiempo y demasiado rápido, que tiene celos de vez en cuando, que siente con intensidad y actúa a base de impulsos, que miente, que es torpe,  que se ríe a carcajadas hasta tener dolor de barriga, que la lía, que a veces no reconoce lo verdaderamente importante, que se equivoca, que es exigente y cabezota, que no sabe nada de bebés ni tiene instinto maternal, que no conoce la discreción, que se chuta adrenalina y vive en una montaña rusa constante, que llora, que a menudo tiene que curar lo que no supo prevenir, que no sabe cocinar ni caminar con zapatos de tacón, que es inoportuna, que necesita atención, que aprende a base de errores, que habla demasiado rápido y en voz demasiado alta, que dice tacos, que sigue aprendiendo a querer. *

Y en la vida, como en la peli, al final el chico siempre acaba diciendo adiós a la pelirroja con la que se ha divertido un tiempo para marcharse de luna de miel con una Cameron Diaz. 

Ya lo voy captando.






*Iba a añadir también: "la de las tetas gordas" pero igual restaba dramatismo a mi discurso.

17 noviembre 2015

Tengo un plan.

Tengo un plan.
He estado estudiando mucho estos días, subrayando los párrafos más importantes, repasando todos los apuntes y los errores en los exámenes anteriores y ya he llegado a identificar qué es lo que fallaba.

No tengo que conformarme nunca más. Esa debe ser la clave del éxito. Ser exigente con todo, con todos e incluso (incluso no, sobre todo) conmigo misma.
Si algo no me gusta, fuera.
Si alguien no me gusta, fuera.
Si algo no suma en mi vida o si lo único que suma son malos ratos... fuera.
Si no encaja con lo que quiero, fuera. Y mucho más si encaja con lo que no quiero.
Si algo parece bueno pero de pronto empieza a cambiar para mal, fuera.
Si alguien me hace esperar o perder el tiempo, fuera.
Si algo no funciona y no sé arreglarlo, fuera.
Si yo no soy como tengo que llegar a ser, empezaré a currar para conseguirlo. Implique lo que implique.

Tengo un plan: esperar más de la vida y sobre todo de mí misma sin importarme la nota final. Igual vuelvo a suspender pero, total... peor que la media que llevo hasta ahora no puede ser.

Nada de besos a medias.
Nada de lágrimas inútiles.
Nada de echarme la culpa de todo.



Tengo un plan: quien me quiera que me busque.  Siempre he seguido esa premisa de "arremángate y sal a buscar lo que quieres" y me ha servido para una mierda. A partir de ahora voy a dejar de querer tanto y a empezar a dejarme querer un poco. Que me llamen, que se lo curren, que me demuestren, que me besen primero. La vida es corta y en la mía quiero que me den muchos primeros besos. 

Sin prisas; sé que es un proceso de transformación personal, que todo depende de mí y de nadie más y que me llevará un tiempo. 
Por eso y hasta que suceda -si es que sucede- estaré por aquí bailando. Que tampoco está mal y es mi plan B.







22 julio 2015

Dobleces.


Hay gente que piensa que me expongo demasiado en el blog. Bueno, en el blog y en la vida, en general. Que voy por ahí contando mis miserias y mis problemas a todo el mundo y que eso no puede traerme más que problemas, y es verdad. Lo reconozco: hago muy mal. Porque hay gente muy mala que se aprovecha de las debilidades de los demás, y con mi actitud no hago más que ponérselo fácil.

También creo que proyecto una imagen rara en los que me rodean y no me conocen del todo, y no sé cómo evitarlo (ni si puedo hacerlo). A veces tengo la sensación de que las personas con dobleces y lados oscuros buscan en mí eso mismo, dobleces y lados oscuros. Me ven con mi rollo Bambi y se escaman, me levantan la ceja, me tachan de hipócrita. Ya sabéis: se cree el ladrón... y yo a los ladrones no les gusto, claro.


Y a mí eso me da mucha pena. Porque a ver, yo no quiero caerle bien a todo el mundo ni mi intención es tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar... pero no es verdad que tenga un lado oscuro ni que sea una falsa, y por eso preferiría caerles mal por ser una pava antes que por mala. De verdad de la buena: hago tantas gilipolleces porque soy así de lerda. 

Que habrá mucha gente inteligente haciéndose la tonta por ahí, pero yo soy tonta de verdad y resulta que nadie me cree.


30 marzo 2015

Lo de la copa

Y no me refiero a la copa Danone, como la llama el ovejo... sino a la copa menstrual.

Porque ya era hora de que yo me deshiciese de prejuicios arcaicos y la probase, sabéis. Yo, que no le tengo miedo a los cambios, que siempre intento métodos y trucos para hacerme la vida más fácil... y todavía seguía cargando con bolsitas llenas de evax y tampax en cada bolso. Todavía me iba a dormir preocupada cada primera noche del ciclo, porque era perfectamente consciente de que mancharía algo. Si no todo, que también era posible despertarme en una cama donde habían asesinado un cochino.

Pero, amigas, (y amigos, si es que algún hombre sigue leyendo esto) todo eso se acabó desde que leí a Pétalo en twitter hablando de la copa. La copa menstrual, ese invento extraño y exótico que jamás había visto en ninguna tienda. Ese artilugio del que mi amiga bloggera prometía el oro y el moro. Y no sólo ella, claro. Ya cuando leí sus comentarios seguí investigando y me empapé de los posts que hay por la red hablando de la copa, algunos positivos (casi todos) y alguno negativo también. 
Y al final me decidí y me la compré. En el Carrefour, a 9€. 

Las podéis encontrar en más sitios, ya que cada vez las están comercializando más y ya no es algo semi-prohibido que sólo encontráis en herbolarios. Por internet las encontraréis de varias marcas, colores, formas y precios, pero yo voy a hablar de mi experciencia con la del Carrefour, que debe ser la marca blanca de las copas y, aún así, me va genial.

La copa es suave, blandita y rosa. Super cuqui. Yo compré la "grande", porque según ponía en la parte de detrás de la caja, si tienes más de 30 o has tenido hijos el tamaño 2 es el ideal para ti. No estaba muy segura porque soy pequeña, pero me llevé la 2. Creo que de todos modos en Internet puedes encontrar copas de otras marcas con más tallas, por si te gusta la variedad :P

Se trata de un recipiente que se inserta en la vagina durante la menstruación para depositar el flujo menstrual. A diferencia de los tampones, que también se usan internamente, la copa menstrual no absorbe la sangre; ésta queda contenida en el interior de la copa hasta que se extrae de la vagina y se desecha el líquido. (Esta definición maravillosa la he sacado de la wikipedia, sépanlo)
Y bien, eh. Las primeras veces que te la pones, torpe y algo acojonada, leyendo el prospecto con minuciosidad, la cagas. Seguro que te la colocas mal, o te duele, o te crees que este artilugio maldito no puede caber aquí y te arrepientes de haberles sido infiel a los tampax. Pero no desistas, mujer. Hazle caso a la oveja.

La primera vez que te la intentas quitar, (porque cada 8-12 horas, dependiendo de la cantidad de flujo que tengas, hay que vaciarla, limpiarla un poquiño y volverla a colocar)  te crees que te vas a vaciar por dentro. Porque la copa hace "vacío", así que para sacarla hay que girarla, o doblarla, o tirar con suavidad ayudándote con los músculos de la vagina, o lo que te sea más fácil a ti. La cuestión es conseguir que entre aire y se despegue y salga, rollo flan.  Y al final lo consigues y cada vez te sale mejor y más fácil. Te lo prometo.

Hablemos de las ventajas. 

Para mí, la principal es que ME OLVIDO de que tengo la regla. Imaginad que podéis pasar casi un día entero sin tener que cambiaros. Que no vais a manchar nada de nada, aunque llevéis un bikini tanga. Que no se notará nada que tenéis la regla, porque no hay olores ni cordones colganderos. Que no os molestará, ni la notaréis. 

Otra ventaja es que ahorraréis mucha pasta, porque en los 5 días que llevo de regla he gastado un total de 1 evax, que es la que me puse el primer día junto con la copa, inocente de mí, creyendo que algo de sangre se iba a escapar. Así que decid adiós a las evax, a los tampax, a los 10€ mensuales en enseres femeninos. Sólo con un ciclo menstrual ya habéis amortizado la copa.


Más ventajas: las ecológicas. No estáis contaminando nada de nada puesto que todos esos plasticuchos con los que se hacen las compresas ya no irán a parar al mundo por vuestra culpa. 

Más ventajas: no sé si habréis oído hablar del SST. Los tampones van acumulando toxinas en vuestro cuerpo, y al final os puede dar un yuyu. Con la copa eso nunca os pasará, porque está hecha de silicona y la podéis esterilizar antes de usarla y al terminar de hacerlo. Así siempre estará limpita e inmaculada. 

Más ventajas: es rosa. La del Carrefour, digo. Por internet las he visto de muchos colores ;_)


Ahora pasemos a las desventajas. Porque alguna le tengo que sacar si quiero ser justa. 



Lo mismo te da un poco de cosica ver ahí la sangre acumulada. Yo pensé que a mí me daría repeluses y oye, pues no. No es desagradable; al final lo ves hasta natural. Y no huele tan mal que las compresas empapadas, porque creo que es por los productos químicos lo que apesta y no por la sangre en sí.


Además, puede que las primeras veces que uses la copa te pringues, mucho. Hasta que no aprendes a colocártela y a sacarla con cuidado y eficacia, se te volcará, se te caerá al wc, se te doblará... y eso conlleva pringue y acabar con las manos de Dexter. Pero no sufras: es sangre, no ácido. Te lavas y ya.

Si tienes que vaciarla en un baño público, quizá tengas problemas para limpiarla antes de volverla a colocar. Si no hay un lavabo cerca como solución puedes llevar una botellita de agua o toallitas húmedas en el bolso, por ejemplo.

El pitorrillo que lleva la copa en la base tiene como función ayudarte a sacarla, pero puede que sea demasiado largo y sobresalga mucho y te moleste. Puedes cortarlo, pero hazlo de forma inteligente para no dejarlo demasiado corto, porque entonces podría molestarte al clavarse o podrías tener problemas para quitártela.

La última desventaja es la misma que mi principal ventaja: que os olvidáis que tenéis la regla. Y os olvidáis que la lleváis. Dicen las malas lenguas que más de una bloggera se ha olvidado quitarse la copa al final de su ciclo, con terribles consecuencias maritales... y no quiero mirar a nadie  xDDDDDD





Tras este balance ya no sé qué mas podría deciros para animaros a probarla. Que os atreváis, coñe,  que por 9€ no perdéis nada y podéis ganar mucho. De verdad, parecerá una tontería pero la copa te cambia la vida. 
"¿Y por qué no tienen más publicidad ni se venden en todas partes, si es un invento tan maravilloso?", me diréis. Pues porque no interesa. Hay dos grandes monopolios que se irían al traste estrepitosamente, y al sistema le interesa que las mujeres sigamos dejándonos el sueldo en pañalitos. 


Por favor, sed inteligentes y dadles una oportunidad. Ya me contaréis.