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05 enero 2017

Conoces de verdad a alguien cuando le dices que NO.


-No eres tan inteligente y tu blog es insulso. Pero no te quiero ofender.
-Me agotas.
-No te aguantas ni tú.
-Rancia.
-Estás cerrada al amor.
-Me tienes harto.
-Eres todo fachada.
-Qué estúpida, anda que vaya tela.
-Niñata.
-Que te den.
-Ya me he dado cuenta de cómo eres, está claro que tenemos poco en común.
-Todas las tías de Internet sois iguales.
-Hipócrita.
-Qué pena, con lo simpática que parecías.
-Si no eres ni guapa.
-Suerte en la vida, zorra.
-Ok, te deseo lo mejor, un beso.



08 diciembre 2016

Un año de match

Me lo tomé como un estudio sociológico a lo Samanta Villar: 365 días en Tinder. A finales del año pasado decidí, alentada por una amiga, crearme una cuenta en las tres webs de ligoteo gratuitas más famosas que yo conocía: Tinder, Badoo y Adopta un Tío. ¿El motivo? Quería curiosear. Nunca me había metido en estos pozos del vicio y tenía la cabeza llena de prejuicios que ya era hora de contrastar. Además estaba de vuelta en el mercado de la carne y, según me insistía mi amiga, no me vendría mal conocer gente nueva y que me diera el aire. Ejem.
Yo no sé si vosotros tendréis perfil en Tinder o si, como yo hacía antes, pasáis de esos sitios porque ahí solo hay gente "que entra para follar, echar un polvo y ya". Esa era la idea que entre unos y otros me habían asentado en la cabeza, y aunque así de primeras me pareciese perfecto (allá cada cual con sus cosas, mientras no se engañe a nadie) a mí la idea de quedar con un señor desconocido para que me atusara las lanas no me atraía nada. Encima tenemos que añadir el hecho de que cuando comenzó el año yo estaba hecha un gurruñito pocho: me dolía el corazón, me dolía el alma, me dolía la barriga de tanto comer burger king y beber para olvidar. Así que como vosotros comprenderéis, no estaba yo como para darme una alegría con gente extraña... pero aún así, como decía, tenía curiosidad y me metí en Tinder.

Lo primero que me llamó la atención es que la gente pasaba del chat. Yo, que soy de la generación del Irc, cuando conseguía un match con algún muchacho apañao me ponía a chatear y a contarle mis cosas, a decir payasadas y demás, pero casi siempre me cortaban el rollo  a los cinco minutos soltándome eso de -bueno, ¿vamos a quedar para un café o qué, Beatriz?. Y yo es que con esas presiones no funciono, eh. A ver, que yo necesito saber un poquitín más sobre ti para quedar. Que no es que crea que te voy a conocer por el chat, pero no sé... seré una antigua, pero yo quedando así tan de golpe me siento muy incómoda. ¿De qué hablas con alguien del que sólo sabes que  es "amigo de sus amigos"? Es más, ¿y si te das cuenta de que has quedado con un gilipollas? Porque si eso te puede pasar después de chatear tres meses, imaginad a los 5 minutos del match. 
Efectivamente mis elucubraciones eran certeras: en 365 días he quedado con 9 chicos a los que "conocí" en esas webs, - la verdad es que tampoco es tanto, visto con perspectiva- y tan sólo he conectado un poco más con aquellos con los que chateé un mínimo antes de vernos cara a cara.  Comunicación, señores. No se trata de pasarte seis meses hablando e idealizando a la persona, pero si antes de quedar para un café al menos dejáis claro quiénes sois, qué buscáis y qué cosas os molan, os ahorraréis perder el tiempo y muchos disgustos.

Más cosas que me llamaron la atención de Tinder: lo de que la gente entra para follar es MENTIRA, y me da igual lo que digáis. El 90% de los hombres que están en Tinder son personas que están cansadas de sexo esporádico, de citas superficiales y de estar solos. Gente que busca una relación, un poco de cariño, un mimo, un algo amoroso. Gente que viene rota de otras relaciones. Recién divorciados que sienten que su mundo se desploma sin una mujer. Incluso los que en su perfil te plantan un "no quiero compromisos, quiero vivir la vida" también buscan pareja en lo más profundo de su corasóns, así que de primeras te echarán un polvo y justo después ya se pondrán a planear vuestro futuro juntos. 
Me ha sorprendido mucho lo sola que está la gente, la verdad. Lo mal que llevamos esa soledad. Ese sentimiento de yo es que quiero ser feliz y sólo seré feliz cuando encuentre a la persona. El problema es que estás buscando amor en un lugar donde quedas a los 5 minutos de encontrar a alguien. Donde decides si hay química o no con la otra persona en una cita de media hora. Donde probablemente tengas sexo con esa persona antes de saber cuál es su película favorita o cuál es su apellido materno.
Tinder es pura contracción, es un oxímoron en sí mismo: queremos amor inmediato con un desconocido. Que salten chispas con el primer café. Te ríes tres veces con alguien y ya crees haber encontrado tu media naranja. Y por el contrario, si esa persona no te remueve por dentro desde el minuto uno, no es la persona y la bloqueamos ipso facto porque no queremos perder el tiempo en nuestra búsqueda del santo grial sentimental. Vamos, vamos, a por más matches.

Es un arma de doble filo, porque esta facilidad que tenemos ahora para conocer gente gracias a las redes sociales de ligar es, en realidad, una mentira: creemos que encontrar esa conexión real con la otra persona es igual de fácil y rápido que conseguir un match, y no. Tinder en realidad es el equivalente a una señora sentada en el súper que, cuando llegas con tu carrito buscando tomates y lechugas, te dice que te sientes con ella en una mesa un momento y te planta delante a un maromo que también ha venido a comprar, a ver si conectáis. Pero ya está, no crea la magia ni te provee de lo que realmente necesitas; eso tienes que tenerlo bien clarito tú antes de crearte un perfil, porque de lo contrario estarás mareando a otras personas y vagando sin rumbo en un mar de fotos de abdominales y casados adúlteros. 

Y yo ya. Un año de match  ha sido suficiente para mí. Un año en el que  mi estado de ánimo ha pasado por todas las fases posibles del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Un año en el que empecé con ansia de cariño, con una necesidad irracional de que me abrazaran y no sentirme tan vacía por dentro... que ha terminado con un ansia de paz que me lleva a disfrutar de mi soledad y a sentirme bien conmigo misma. Me he liberado de prejuicios, he mejorado mi autoestima, he conocido a gente maravillosa, gente menos maravillosa y gente imbécil.  Se alinearon los planetas y he hecho dos amigos nuevos en un lugar hostil y muy poco dado a crear vínculos de amistad real y sin dobleces.

Un año en el que he aprendido la lección: no voy a encontrar el amor en Tinder, pero no porque esté lleno de gente que no merezca la pena, sino porque nadie encuentra el amor mientras lo busca. 

Y yo dejo de buscarlo oficialmente; que llegue cuando tenga que llegar. El 31 de diciembre daré de baja todos mis perfiles en las redes de ligar, sin pena ni arrepentimiento. No sé si 2017 será el año de mi soledad, de mi clausura casta haciendo rosquillas con las carmelitas, pero ya no siento la necesidad de conocer a nadie que me sacuda por dentro porque por fin vuelvo  a ser consciente de que ese alguien soy yo.




Recordarás, nuestros días felices. 
Recordarás, el sabor de mis besos. 
Y entenderás, en un solo momento 
qué significa 
un año de maaaaatch.




05 septiembre 2016

Cita a ciegas


Se puso su vestido rojo; sabía que ese color le favorecía mucho y esta tarde quería impresionar de verdad.
Tenía una cita. Desde que su mejor amiga le instaló Tinder en el móvil, Lucía había rechazado a la gran mayoría de chicos cuyo perfil no hubiese conseguido llamar su atención por uno u otro motivo: casados, picaflores, infantiles, soberbios, simples. Pero Marcos era –parecía- diferente, y cuando las charlas vía chat derivaron en un posible encuentro real, ella aceptó.

Llegó diez minutos antes de lo acordado. Quería tantear el terreno y relajarse sentada antes de que llegara él. Eligió una mesa algo apartada del resto, junto a la cristalera, y pidió un café.
Marcos llegó un poco después, justo a la hora acordada. Llevaba una camisa muy bonita impecablemente planchada y unos vaqueros que le favorecían mucho. Guau, pensó ella. Tenía que reconocer que era guapo, al menos no muy diferente a su foto de perfil.

-¿Laura? -preguntó el chico, acercándose a ella-. Soy Marcos.

Lucía asintió y le invitó a sentarse, sonriendo. La primera impresión había sido buena: era educado, agradable, tenía el pelo brillante y la voz bonita. Por fin.

-Siento que hayas tenido que esperar, he venido en autobús y no he calculado bien el tiempo…

La camarera se acercó en ese instante y depositó con suavidad el café frente a Lucía.

-No te preocupes, yo acabo de llegar. ¿Quieres tomar algo tú también?

-Sí. Una cerveza, por favor.

La camarera asintió con la cabeza y volvió a la barra canturreando en voz baja. Los dos muchachos se observaron en silencio durante diez o quince segundos, hasta que ambos empezaron a reír.

-La verdad es que estoy un poco nerviosa -admitió ella-. Es mi primera cita a ciegas.

-¿En serio? Yo llevo ya usando Tinder varios meses, pero tengo que reconocer que eres la chica más interesante que he conocido por ahí.

La chica más interesante parpadeó lentamente y se sonrojó mientras la camarera traía la cerveza y el muchacho le daba un sorbo largo, ruidoso, dejando un rastro casi imperceptible de espuma que se le quedó adherido al labio superior. Ella pudo notarlo justo antes de que Marcos se limpiara y continuara hablando:
-¿A qué te dedicas? Me comentaste algo sobre unas clases…

-Soy profesora de español para extranjeros en una academia. Ya sabes, trabajo con alemanes, ingleses...

-¡Con guiris! Entonces te pasarás el día enseñando la receta de la paella y bailando flamenco, ¿no? Jajaja…

Exactamente, pensó ella. Por desgracia su trabajo estaba repleto de clichés y tópicos, pero se sentía bien desempeñando la docencia y haciendo de Cicerone en su ciudad. 

-A mí me gusta. Es divertido y reconfortante. 

Marcos intuyó que había metido la pata y trató de cambiar de tema rápidamente. Le habló de su familia, de su trabajo, - era monitor de Crossfit en un gimnasio- de su perro y de sus últimas vacaciones en Tailandia. Ella le escuchaba en silencio, atenta, haciéndole alguna pregunta de vez en cuando y bromeando con coquetería. Había química entre ellos y estuvieron charlando animadamente durante un buen rato, así que la tarde pasó y dio paso a otro tipo de bullicio en la cafetería, más íntimo y menos familiar.

Poco a poco Lucía había ido perdiendo la vergüenza y había empezado a tomar las riendas de la conversación, aprovechando también que el chico empezaba a mostrarse un poco más callado -probablemente más relajado-.

-¿Cuánto tiempo llevas soltero, Marcos? Porque como dices que llevas en Tinder ya varios meses…

-Jajaja… sí… Mi ex y yo lo dejamos el año pasado. Fue una decisión de ambos, aunque suene a excusa típica.

-Claaaaro, aquello no funcionaba, no es por ti, es por mí y todo eso, ¿no?

Marcos tomó aire y se mantuvo en silencio un minuto, justo antes de responder con la voz un poco más ronca de lo normal, como si estuviese cansado y arrastrara las palabras:

-Exactamente. Ella es un cielo, no pasó pada malo entre nosotros… simplemente sentimos que como pareja no funcionábamos.

Ella comprendió al instante. Sabía bien lo que era no encajar con casi nadie. 



-Oye, se hace tarde para otro café. Si te apetece podemos ir a cenar a algún sitio,- sugirió Marcos armándose de valor pero sin poder evitar desviar la mirada hacia la cristalera- conozco un italiano muy bueno aquí cerca.

-¿Un italiano? Demasiado romántico para una primera cita, pero me parece bien.

Ambos sonrieron a la vez. Lucía le hizo el gesto típico de pedir la cuenta a la chica de la barra y fue a sacar su cartera del bolso, cuando Marcos se lo impidió:

-Ni hablar, yo te invito. Al copazo de después ya invitas tú… –ella se lo agradeció con la cabeza y él continuó: -oye, perdona pero tengo que ir al servicio un momento. No me encuentro muy bien, igual he bebido demasiada cerveza con el estómago vacío, jeje.

-Sin problema, te espero.

El chico se levantó y se acercó a la barra.

-Tome, cóbrese de aquí. ¿El baño dónde está?

La camarera señaló a unas escaleras que bajaban:

-Abajo, al lado del almacén.

Marcos asintió y bajó los escalones muy despacio. Estaba mareado y tenía ganas de vomitar.

Entró en el baño de caballeros y se acercó a los lavabos. La imagen del espejo le devolvió un rostro pálido, enfermo. Se apoyó en el lavabo consciente de que algo no iba bien y se echó agua helada por la cara, tratando de calmarse. 
Lo último que pudo ver antes de desmayarse fue a la camarera apoyada en el marco de la puerta, tras él, observándole en silencio.





-Te dije que era un imbécil, Luci. Espera, agarra bien que el cachas éste pesa mucho.

Las dos chicas arrastraban al chico para sacarlo del baño, una sujetándole por las axilas y la otra tirando de las piernas. Abrieron con llave la puerta del almacén y entraron. Estaba en penumbras.

-No era imbécil, sólo un mentiroso y un tonto que no sabe cuándo una bebida sabe rara –respondió Lucía-. Pero este era muy guapo, no me lo puedes negar. 

La camarera encendió la luz y volvió a sujetar a Marcos por las piernas tirando de él como pudo hasta el fondo de la habitación, donde tenía las cámaras frigoríficas. Abrió una de ellas.

-Uy, en esta no, que la tenemos llena con los del mes pasado. Deberíamos ir pensando en poner más filtros, que desde que te enseñé lo del Tinder no paras…

-Un tío que se pide una cerveza en su primera cita ya merece morir, Cata, pero si quieres le añadimos algo más. 

Catalina miró a su mejor amiga sonriendo con malicia para decir:

-Ok. Pues lo dejamos en que se pida una caña y que además te cuente la milonga esa del no es por ti, es por mí.

Entre las dos consiguieron meter al chico en otro refrigerador vacío, casi a empujones, y tras cerrarlo bien y barrer y fregar el almacén, el baño y la cafetería se dispusieron a salir a cenar. Cata dejó el delantal tras la barra, se soltó la melena y preguntó, guiñando un ojo:

-¿Vamos al italiano? 

-Vamos.



 

06 noviembre 2015

Por qué Tinder es un pozo del mal

Tinder, esa app del demonio en la que todas mis amigas tienen perfil y de la que todo el mundo habla. Esa herramienta mágica que parece solucionar los problemas de toda persona solitaria y con ganas de calor humano. 
Esa aplicación que, para los que no la conozcan, te permite conocer personas cercanas a ti siguiendo tus criterios de búsqueda. 

Yo la conocí gracias a mi amiga Leti, que siempre estaba contándome lo guay que era y lo bien que funcionaba. Me imaginé aquello como una especie de IRC moderno, donde muchas personas se conectan para charlar y pasar el rato y donde podías encontrar gente con tus aficiones y sentirte menos solo. Leti me aseguraba que había de todo: gente guapa, gente fea, gente que iba a lo que iba y gente que sólo quería charlar. Y yo que soy una gata curiosa y ahora que vuelvo a estar en el mercado de la carne no quise perder la oportunidad de oler por mí misma de qué iba todo aquello...

MAL, BEA, MAL. Pero por entonces yo no lo sabía. 

Lo primero que tienes que hacer después de descargarte la aplicación es crearte el perfil. Tinder se fusiona con tu cuenta de Feisbu (la verdad es que no sé si puedes registrarte sin tener cuenta en FB) y por defecto pone como tu primera foto del perfil la que tengas actualmente en Feisbu. Y esto es importante, amigos, aunque parezca que no. Esa foto que tengas en la red social de Zuckerberg, donde tienes a tus amigos, a tu madre y a tu cuñao, marcará la imagen que vas a dar en una aplicación para ligar, que parece que hay que decirlo todo. 

Después eliges si quieres añadir más fotos, si quieres escribir una descripción de tu persona y listo, ya tienes perfil. Ahora pasamos a tus criterios de búsqueda: ¿a quién quieres conocer? Hombres, mujeres, rango de edad y a un rango de distancia de tantos kilómetros. Yo elegí hombres cercanos de un rango de edad razonable teniendo en cuenta que ya soy una señora de mediana edad, que tampoco era plan de ponernos exóticas así de primeras.


Ya estaba lista para empezar con el tema, así que le di a OK y ale, al lío: un chorreón de hombres aparecieron ante mis ojos. Al principio parece divertido porque te van saliendo en plan catálogo, como si estuvieses eligiendo sofá pal salón. 
Debajo de cada perfil (en el que la foto es lo más importante, no os vayáis a creer que nos movemos por terrenos intelectuales) te dan tres opciones: descartar, aceptar o super like. La diferencia entre aceptar o el super like es que cuando aceptas a alguien, esa persona nunca lo sabrá si no te acepta a ti también. Pero si le das a super like, Tinder le avisa y le dice: "oye, mira, que esta chica tan mona de rizos que parece lerdilla dice que le molas un huevo y que por favor le des a like a su perfil". Por eso hay que tener mucho cuidado y ser muy consciente de a quién le das tus super likes, que con los me gusta o los descartes te puedes equivocar, pero un super like es para siempre.


Como os decía, cuando le das a "me gusta" a una persona hay dos opciones: que no pase absolutamente nada y no vuelvas a saber de ella, o que de pronto Tinder te avise de que ha habido un "match", es decir, que esa persona también te ha visto y le has gustado. Entonces es cuando se abre la veda: Tinder abre el chat entre vosotros y ya podéis foll hablar.
Fácil, sencillo y para toda la familia.

Y debo decir que como sistema es cojonudo, sobre todo para las personas que van a lo que van y no se andan con chorradas. Pero yo, que soy Bambi y me fijo en todo, no sólo en la foto del perfil, pues... En fin, os explico para que me entendáis.

El primer hombre que me salió tenía de foto de perfil un yate. Su segunda foto era él en el yate, con un gorro de marinerito, bronceado naranja de bote y una botella de champán al lao. Inmediatamente me sentí perroflauta y a él lo descarté porque no me veía yo en Puerto Banús diciendo oshea.

El segundo que me salió fue mi ex. A tope y sin vaselina. Instadescarte.

El tercero fue un jefe que tuve.

Entonces fue cuando me propuse limar aún más mis criterios de búsqueda, porque esto no estaba saliendo como yo esperaba. Quité un par de años para abajo, un par de años para arriba, y me dije a mí misma que no le daría a like ni me fijaría en ningún hombre que no tuviese una bio graciosa. 

Y así fue como me salieron los primeros casados, los optimistas que tienen de foto de perfil a su novia, los que ponen la foto de su boda o de sus hijos, los que salen tocándole el culo a una tetona o los que conducen un cochazo con una pegatina de esas de "bebé a bordo". Que yo lo veo correctísimo, ojo, porque al menos con estos ya sabes lo que hay de primeras y las chicas que busquen darle una alegría al cuerpo sin compromisos sin duda se decantarán por ellos.  Pero para mí, como ya supondréis, estos chicos son un descarte seguro.

También me salieron los aventureros cuyas fotos sólo muestran deportes de riesgo, el Himalaya, selvas amazónicas y playas exóticas con olas enormes. Este tipo de chicos suele escribir en su perfil cosas como "be free" "be wild" o "sport for life", y seguro seguro que tienen alguna foto con un tigre de bengala abrazao. Otro descarte por mi parte, ya que para mí la verdadera aventura está en entrar en el Ikea y conseguir salir la misma tarde, no escalar. 

Luego están los guapos, que están buenorros y lo saben. Ni biografía ni nada, que aquí hemos venido a hablar de nuestro libro: abdominales. Fotos en calzones rollo modelo de Calvin Klein, por si quedaba alguna duda de que  tienen buen paquete and you know it. Muchas veces me pregunto qué leches harán estos muchachos en Tinder si podrían tener a la que quisieran chasqueando los dedos, pero luego recuerdo que es todo mentira y se me pasa la curiosidad. Otro descarte. 

Después tenemos a los millonarios, que es un grupo en sí mismo. Es curioso porque en el Tinder de Málaga hay una gran cantidad de hombres de Marbella, y todos son pijos, pijos, pijos. Obviamente con ellos no tengo nada que hacer porque nuestra conversación se acabaría cuando les dijese que yo me compro las bragas en el Carrefour.

Un colectivo tinderiano que me hace mucha gracia es el de los hombres de paso. Al poner en los criterios de búsqueda el rango de distancia al que tienen que estar y funcionar por gps, Tinder no te muestra a los hombres que vivan cerca de ti, sino a los que estén cerca de ti en ese momento. Por eso a veces también te pueden salir guiris que están turismo en tu ciudad o chicos que vienen una semana por trabajo y buscan chicas para salir y tomar algo y hacer turismo sexual. A estos chicos no los descarto a priori porque algunos son majos y me gusta conocer gente diferente, pero no me gustaría encariñarme de alguien que se va en tres días ni estoy en esa etapa social de quedar para un café y lo que surja, la verdad. 

Luego están los frikis. Pero frikis chungos, eh, no friki guay. Me refiero a los hombres que quieren parecer románticos y sensibles y ponen de perfil una foto morreándose con su perrito, del osito de peluche con el que duermen  o de un atardecer desde su ventana. Algunos tienen, incluso, frases de Coelho en su bio... que ya es un WTF en toda regla. Los chicos sensibles no son ya "buena gente y amigo de mis amigos", sino que yo he llegado a ver -y no os miento- "leal y amante de mis amigos". Puro amor. Yo de estos no me creo nada y además de ser cierto que les va el rollo osito conmigo no tienen nada que hacer, así que otro descarte.

Y por último están los divertidos, que son  los únicos a los que les doy like. De momento he hablado con muy pocos pero son los más normales porque parto de la base de que para tener sentido del humor hay que ser inteligente, y eso me mola. Podría deciros que el chico más normal que me he encontrado y al que meto en esta categoría tiene un burro llamado Bastardo, así que ya os hacéis una idea xDDD
Y bueno,  entre que los chicos normales y sin yates ni fotos de esposas no abundan y que los demás también tienen que darle al like en mi perfil, he tenido pocos matches hasta ahora y he hablado con poca gente.

Y con menos que hablaré, que me da a mí que mis aventuras por Tinder van a durar poco. Ni me he metido aquí buscando conocer a nadie realmente, ni creo que pudiese encontrar nada interesante rascando entre esta fauna. No sé si es por ti, Tinder, o es por mí, que soy especialita, pero no sirvo para este mundo frívolo de apariencias y postureo en el que o tienes una vida super interesante o tienes que mentir como una perra para ligar. La idea de quedar con un chico de estos me aterroriza, no sé por qué. Igual mi yo de 23 años hubiese quedado con todos y se habría echado unas risas, pero yo es que ya no estoy para estos trotes. Supongo que sigo siendo una romántica que sigue creyendo en relaciones que se forjan poco a poco, ahí con su esfuerzo, sus nervios, su emoción.
Así me va.


Y así es como tienen que quererme.