Los designios del destino nunca dejarán de sorprenderme.
Después de sequías e inviernos cálidos e hidrópicos, anoche estábamos en la moraga pre-feria,con la barbacoa a pleno gas y los pies enterrados en la arena de la playa malagueña... y se puso a llover. Pero no llovieron estrellas, ni café, ni dinero. Cayó una tormenta de verano lo suficientemente fuerte como para hacer que la selección natural de Darwin se reflejase a nuestro alrededor: en la playa sólo permanecimos los más fuertes.
Menos mal que no he lavado el coche desde hace milenios.
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14 agosto 2010
18 junio 2008
Que empiece la temporada playera, WEEE
Por fin, coñe. Por fin amanece un día soleado y caluroso, de esos húmedos en los que te duchas y en diez minutos vuelves a estar sudando. Por fin puedo ponerme sandalias sin temor a pillar una pulmonía, dejar el paragüas en casa y caminar tranquila por la calle sin temor a meter la pata en un charco. Gracias al cielo (nunca mejor dicho) finalmente ha amanecido un día típico de Junio y no de Marzo, las gaviolitas pían y la brisilla cálida huele a mar y no me hace estornudar.
Porque sí, ya estaba hartísima de tanta lluvia... que vale que hiciese falta pero todo tiene un límite, que no había día que no lloviese justo cuando tenía que salir a trabajar.
Sé que nos quejamos por vicio, y que otros años cuando no hay agua y hace un calor de la leche nos pasamos el día soñando con estar en tierras menos áridas...
Pero este año es este año. Y digo yo que debemos tener agua para tres milenios, por lo menos.
Porque sí, ya estaba hartísima de tanta lluvia... que vale que hiciese falta pero todo tiene un límite, que no había día que no lloviese justo cuando tenía que salir a trabajar.
Sé que nos quejamos por vicio, y que otros años cuando no hay agua y hace un calor de la leche nos pasamos el día soñando con estar en tierras menos áridas...
Pero este año es este año. Y digo yo que debemos tener agua para tres milenios, por lo menos.
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