05 diciembre 2018

Relojes.


Cuando yo tenía doce o trece años pasaba las tardes sentada en las escaleras del bloque de mi urbanización. Allí nos reuníamos todos los niños del barrio sin necesidad de whatsapp ni mensajes por facebook, simplemente íbamos bajando de forma escalonada cuando terminábamos de comer y de hacer los deberes.
Nos dedicábamos a charlar, contar historias de miedo y, si acaso, vaciar paquetes de pipas o devorar poloflashes Kelia de los de dos sabores, que eran los mejores. Disfrutábamos simplemente de nuestra compañía, y se podría decir que aquellas fueron las tardes más felices de mi vida.

En aquellas estábamos un viernes después del colegio cuando se me acercó un chico (llamémosle Adolfo, del bloque dos) y me dijo, muy serio: "Bea, ¿quieres que intercambiemos los relojes este finde?". Yo tenía un Casio súper molón que me había traído mi padre de sus viajes por los Mares del Sur, así que aquella pregunta no me chocó tanto y me pareció natural que el chico quisiera presumir con mi reloj delante de sus amigos de tenis. 


-Vale, - contesté yo, sonriente- pero el lunes me lo devuelves.


Todos los demás niños se giraron hacia nosotros con los ojos muy abiertos para no perderse detalle de nuestra conversación, cosa que yo no terminaba de comprender muy bien pero que me hizo feliz por ser el centro de atención aunque fuera por un ratito.

El intercambio se llevó a cabo, pasó la noche del viernes y el sábado por la mañana ya me había arrepentido. El reloj de Adolfo era grande, demasiado para mi muñeca minúscula y debilucha. Además era negro, feo y con unos botoncitos que se me enganchaban en la ropa y en el pelo cada vez que yo me movía, por lo que decidí guardarlo en un cajón hasta el lunes. Total, Adolfo no se iba a enterar.
Me puse a ver los dibujos animados y de pronto llamaron a la puerta y mi mejor amiga entró corriendo en mi habitación, saltando histérica. Le pregunté que a qué venía tanto alboroto y ella me respondió, mirándome como si fuese lo más evidente del mundo: "PUES QUE TIENES NOVIO".


- ¿Pero qué novio?,- respondí yo, divertida y extrañada. -si a mí no me gusta nadie. 
Ya lo tenía yo  todo cristalino por entonces. 

- ¿Pero no te ha dado Adolfo su reloj?".


Me quedé pasmada con esa cara de estupor idiota ante lo sorprendente que me caracteriza, 
y entonces algo hizo clic en mi mente y lo comprendí. El intercambio de relojes era en realidad una táctica ancestral de acercamiento romántico de la que yo no había sido consciente hasta ese momento, y de la que había participado sin querer tan sólo por ser maja.


Así que encima a Adolfo ni siquiera le gustaba mi reloj.

Estuve un rato pensando en cómo me enfrentaría al problema el lunes, cuando viese al chaval. ¿Le digo que nuestros mundos son muy diferentes y que nuestro amor nos haría desdichados? ¿Que quiero centrarme en mi carrera y sacar todo sobresalientes? ¿Que nuestras familias no verían bien nuestra historia?
Al final opté por decirle la verdad: que no sabía lo del intercambio y que me parecía fatal que no hubiese sido claro, porque encima yo no quería para nada su reloj.  O sea que además de romperle el corazón, le eché la bronca.

Y aunque ahora me entre la risa floja cuando me acuerdo y piense que fui un poco cabrona, la verdad es que no me arrepiento. Me sigue gustando muy poco que me mareen.


Y así me va. Ya nadie quiere intercambiarme nada.




PD: Adolfo, si me lees, espero que encontrases a una chica maravillosa que quisiera llevar tu horroroso reloj. No fui digna, de verdad.



05 agosto 2018

Doce velas

Hola, primorses.
Hoy es un día triste y feliz a la vez para Una de Rizos... Triste, porque el Mierdiario de Al ha cerrado sus puertas después de 12 añazos. Ese blog que siempre ha acompañado al mío, igual que mi colega Al ha sido mi constante desde hace ya un huevo de tiempo. Se echará de menos, aunque ahora sus miserias brillen con más fuerza que nunca en instagram.


Y feliz, porque este, mi humilde blog, cumple  también doce añazos como doce ovejas moradas. DO CE. Que lo pienso y me siento super mayor, que yo esto lo empecé cuando era una criaja :_)

Y doce años siguen sin ser nada en la historia de la humanidad, pero han supuesto mil aventuras en la mía que espero que sean sólo las primeras de muchas más.

Ando a tope con mi nuevo curro últimamente y sé que tengo esto medio abandonado, pero volveré, porque este verano está siendo tan intenso y me están pasando tantas cosas que voy a necesitar varios posts para poneros al día :)

Un besazo gigante para todos y nos leemos muy pronto.
Os echo de menos. A la mayoría.

06 julio 2018

Cómo conseguir que la gente te tenga manía.


Sé feliz. O, si no lo eres todavía, finge. Fake it until you make it. Sé todo lo feliz que sepas independientemente de tus posibilidades y, sobre todo, no te lo quedes para ti: que tu dicha se te escurra por los poros de tu piel y rebote en la cara de tus amigos, de tu familia, de tus compañeros de trabajo, de los colegas de cañas, de cada cita de Tinder. Escribe posts en tu blog hablando de tu felicidad, es más, ni siquiera es necesario que digas nada. Sube fotos en instagram en la playa, en el campo, tomándote un helado, sonriendo, besando, abrazando, saltando frente a un atardecer, sentado junto a tus flores favoritas, jugando con tu perro, cogiendo piedrecitas de colores, viajando, haciendo senderismo, jugando al LOL. No importa lo que sea que te haga feliz... no lo escondas.

Nunca te metas en discusiones inútiles, y si las puedes evitar todas, mejor. ¿Que todo se resquebraja a tu alrededor entre peleas políticas y ver quién la tiene más grande? Pues a ti plim. Tú sigue subiendo fotos de la playa en instagram. ¿Que te dejan comentarios llenos de odio y resquemor en cualquiera de tus redes sociales? No respondas. Borra. ¿Que te llaman guarra en facebook? Bloquea. ¿Que no te entienden ni te dan la razón? Pues que no te entiendan, que tampoco pasa nada y aquí no hemos venido a entender a todo el mundo, sino a estar de acuerdo con nosotros mismos.

Quiérete. Mímate. Date todos los caprichos que puedas. No escuches a los que te digan que eres irresponsable sólo porque ellos no puedan hacer algo que tú sí. Haz lo que te apetezca cuando te apetezca siempre que no perjudiques a nadie. Aprende a reconocer tus puntos fuertes y ensálzalos. Sé un pro-cosas, no un anti-cosas, y más si hablamos de ti. De tu cuerpo. De tus cualidades. De lo que puedes conseguir. Jamás te avergüences de cómo eres. Céntrate en tus puntos positivos pero no te compares con nadie más.

No odies, porque es un gasto innecesario de energía,  pero tampoco pierdas el tiempo con gente que no lo merezca ni en lugares donde te sientes mal.

Aprende a escuchar mejor, que quiere decir con más atención pero a menos personas. Intenta desarollar el superpoder de la escucha selectiva. Esos que te aconsejan algo por tu bien no te hacen ningún bien ni tienen por qué conocer la verdad universal.  Quédate sólo con los consejos que te sirvan, pero no te agobies con los que no. Recuerda: no pierdas el tiempo con algo que te hace sentir mal. 

No esperes nada de nadie. No te lamentes cuando los demás no cubren tus expectativas. No vayas de víctima. Respira hondo y sigue adelante; eres autosuficiente y cuanto más tiempo pases solo más fácil te resultará. Todos tenemos problemas y nos sentimos dolidos a veces, pero cuanta menos información pública des sobre tus problemas, mejor. Sé que es tentador recibir feedback de consuelo pero créeme cuando te digo que no lo sienten por ti de verdad.

Aprende a reconocer la envidia y la inseguridad y a que ambas te resbalen como el agua por las alas del pato. No te conviertas nunca en una persona amargada. Rodéate de gente que te haga reír y ríe a carcajadas, sobre todo de ti mismo.

Si estás enamorado, disfrútalo. Si no, también.

Aprende de los más grandes. El Rubius, Leticia Sabater, Rafa Mora, Dalas, la Acapulca, Lolito, Dulceida, Reverte. Tienen millones de haters y de trolls que les son fieles a lo largo de los años y ahí los tienes, en la cresta de la ola.

No centres tus esfuerzos en ser una persona maravillosa, sino en sentirte bien contigo mismo. Que si lo que te hace sentir bien es mutilar gatitos igual no, pero tú me entiendes.




Te aseguro que después de hacer todo lo que te describo en esta guía conseguirás tu meta y caerás fatal y tendrás muchos haters . Más que yo, que es decir. Meh, lo que pasa es que yo también soy un poco pava y además a veces soy débil y me quejo por cosas y eso "une", pero poco a poco. Poco a poco.



13 junio 2018

WAIT

Cuando llevas mucho tiempo soñando con algo, ese algo se hace tan grande, tan sumamente mágico y trascendente, que puede que cuando lo consigas y deje de ser un sueño te des cuenta de que no era para tanto.

Pues con Nueva York no pasa eso. 


Puede que el impacto inicial que te producen otros lugares en los que te adentras por primera vez no lo sientas al pisar la gran manzana, porque estás harto de ver fotos, vídeos, series donde te hacen mil spoilers. La primera vez que pisas la isla sientes un extraño dèjá vu y parece que ya conoces cada calle, cada monumento, cada parque.

Pero te sigues quedando sin aliento. Todo en Manhattan es tan espectacular, tan enorme, tan majestuoso, que por muchas veces que te inundes las retinas con su mar de asfalto nunca te acostumbrarás y seguirás teniendo tortícolis de tanto mirar hacia arriba.


Nuestra historia comienza regular. Después de 7 horas de lidiar con un frío polar en el avión, de una escala más larga de lo esperado en Madrid y de quizá demasiadas horas sin dormir, nosotras (mi señora madre y yo) llegamos un viernes por la noche, derrotadas. Ya en el taxi empecé a olvidarme de todo lo demás cuando pasábamos Queens y nos acercábamos a los rascacielos, pero es que cuando salimos del túnel (¿habéis visto Pánico en el Túnel?) y enfilamos la 34 yo empecé a flotar.


Flotar. Creo que es el verbo con el que mejor describo estos 8 días que he pasado en la isla: flotando de allá para acá. Como en un sueño.

Nuestro hotel era pequeño y un tanto... clásico, pero me encantó. El recepcionista de noche era muy majo (y muy mono, con su barbita hipster y su sempiterna sonrisa) y nos explicó el funcionamiento de todo con una paciencia infinita (el desayuno, de 6:30 a 10. La habitación, la 623). Yo con mi inglés de Texas lo entendí a la perfección, claro.

Nuestra habitación tenía dos camas gigantes. Pero gigantes de verdad. Que yo en Málaga duermo en una cama de 90 - y con gato- desde siempre, que allí me estiraba a lo ancho y no tocaba los bordes.  
El baño bien, correctísimo. Las ventanas cerradas para siempre, por algún extraño motivo. Igual era para que la gente no se suicidara desde un piso 23, yo qué sé.  
El caso es que la primera noche dormimos de un tirón y profundamente, que ni escuché roncar a mi madre. (Nota obligada: que no, que ella no ronca, que es una florecilla delicada del campo de Blancanieves)


A la mañana siguiente empezó nuestro periplo. Yo llevaba una guía perfectamente estructurada y planificada al detalle con todas las cosas que quería ver en Manhattan, y durante todo el viaje nos fuimos adaptando a ella en la medida de lo posible. 
Hicimos un Tour de Contrastes que nos llevó por cuatro de los cinco distritos: Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn.  
Fuimos a dos musicales, Wicked y Waitress, y todos me vieron llorar como una lerda y cantar a grito pelao y sentirme la oveja más afortunada del mundo.  A pesar de que Wicked  es espectacular y parece un cuento,  yo iría cada día de mi vida a ver Waitress en bucle, os lo aseguro. 
Cenamos en Ellen's Sturdust Dinner, el restaurante donde los camareros son aspirantes a Broadway y te cantan subidos a las mesas mientras cenas. Salí a bailar con uno de ellos :D
 Visitamos Bryant Park, la Biblioteca Pública de Nueva York, la Estación Central (y me compré la cookie más deliciosa del mundo en su panadería) Central Park (y corrí como Phoebe), el Mercado de Chelsea, nos subimos al Top of the Rock al atardecer, nos fuimos de tiendas por la Quinta Avenida, nos zampamos una hamburguesa en el Shake Shack del Madison Square Park, pillamos el ferry gratis a Staten Island para ver a Miss Liberty, le toqué los huevos al toro de Wall Street, me emocioné con el peral superviviente de la Zona 0,  flipé con las luces de Times Square y su chorreo de gente continuo,  contemplamos Manhattan desde el paseo del río bajo los puentes de Manhattan y Brooklyn y bailé cómeme el donut contemplando la zona 0 desde la distancia.


Me sorprendí gratamente con lo preparadas que están las calles de Manhattan para el turista, con sus mesas  y sillas para descansar por doquier, sus fuentes de agua potable, sus baños públicos super limpios. 
Me peleé con los semáforos americanos que no te dejan cruzar porque no les sale de los huevos. 

Flipé con el pasillito de la fama que te hacen en Macys cuando abren las puertas, por la mañana. Es como si te hicieran palmas para que te gastes mejor los dineros, y tú entraras ya encantada de la vida. Son listos, estos americanos.
Nos comimos 28,263.534 perritos en puestos callejeros.  

Me maravillé al encontrarme Tortas Ramos en el Whole Foods de Columbus Circle, y aún más cuando vi los precios  a los que las vendían (casi 11 euros una bolsita roñosa de 6 tortas) AQUÍ HAY NEGOCIO, YO LO DEJO CAER)
Cogimos el metro infinidad de veces, el autobús otras cuantas y caminamos más en 8 días que lo que suelo caminar en un año entero en Málaga.
Me compré unos vaqueros que, por primera vez en mi vida, me quedan bien de largo porque en América tienen tallas también de largo y yo soy SHORT.

Me partí de risa con mi madre en un par de ocasiones. Por ejemplo, cuando una tarde ella vino toda emocionada a la habitación, después de haber estado un momento fumando en la calle, y me dijo "CORRE BEA, VAMOS A BAJAR QUE CREO QUE HAY FUEGOS ARTIFICIALES EN TIMES SQUARE PORQUE OIGO RUIDOS Y VEO MUCHAS LUCES". Y yo ahí en pijama,  vistiéndome a toda prisa para pillar los fuegos, que bajé medio asfixiada a la calle. Y me asomo y me encuentro con que los ruidos que había oído mi madre son unos señores de mudanza descargando un camión al lado del hotel, y que las luces eran un neón gigante del Hard Rock Café.  
O cuando la pobre mujer, que aprendió un inglés británico de Oxford central, intentaba comunicarse con los true americans sin éxito. (-"lady, how many bags do you have?" -"at two o clock")


Eso sí. El único momento incómodo que vivimos fue cuando quisimos ir a tomar algo a la terraza del POD 39, un hotelito que en internet califican como "encantador y familiar". Tiene un rooftop de estos en los que te puedes tomar un margarita contemplando los rascacielos al atardecer y según las guías el código de vestuario es informal, así que encaminamos nuestros pasos felices y emocionadas y con el trípode a cuestas para hacer fotacas.  Y ya al llegar nos pusieron en una fila para hablar con no sé qué señor, que a su vez me puso en espera en una lista de 20 minutos y que luego me hizo ir a otro señor y le dijera la contraseña (os lo prometo, LA CONTRASEÑA) para poder pillar el ascensor y subir a lo alto. Y después de hacer el tonto con la contraseña -mi madre se quería morir del corte- y que nos pidieran los pasaportes y todo, nos montamos en el ascensor con otros dos chavales que subían a tomar algo. Iban muy arregladitos, muy fashion ellos, y me sueltan: ¿sois extranjeras? Yo, sonriente, les digo que sí, que somos españolas, y me responden, divertidos: -Anda, sois españolas y venís a mezclaros con los locales?. 

Me quedé cortada y en silencio y ahora me arrepiento. Yo soy de la Costa del Sol, donde los turistas se conocen mejor que yo cada rincón y donde se les trata como si fueran de la familia. Donde los japoneses inundan las ferias y bailan flamenco, donde los ingleses crean verdaderas colonias. Fue muy desagradable sentirme tan fuera de lugar, así que no duramos ni 5 minutos en aquella terraza.


Supongo que fue un caso aislado, pero yo a los hoteles POD ya les he puesto la cruz. 


Pero en fin, que ha sido un viaje maravilloso que ha cumplido casi todas mis expectativas. Me han faltado un par de cosas por hacer y además el clima ha truncado algunos de mis planes, pero en general he tenido una suerte enorme porque todo ha salido fenomenal y no me he puesto mala ni me han raptado en el Bronx ni han vendido mis órganos.
¿Volvería otra vez? Sin duda; hay mil cosas más por hacer y ver y mil musicales más cada año. Pero de momento voy a dejar asentarse la experiencia, que aún no me creo que haya estado allí después de media vida soñando con este viaje. 

He decidido proponerme viajes cada cierto tiempo, porque es lo que más feliz me hace y más alegría le da a mi vida. El no tener hijos ni marido tiene muchas ventajas y una de ellas es poder gastarme mi dinero en lo que me salga del rizo, y así haré. En 2020 quiero que haya otro viajazo. No sé a dónde aún, ya veremos, pero me gustaría alguna playa paradisíaca, por variar la temática.  Se admiten sugerencias :)

Os dejo con algunos momentazos de la #OperaciónNY2018. Gracias por tanto, New York.



Así iba yo en el avión para combatir el frío. Un burka por amor.







Soy flojjer de moda. Sufre, Dulceida.














Aquí ya me camuflo perfectamente entre los americanos.















El loot de la #OperaciónNY2018














24 mayo 2018

Morder la manzana


Hace exactamente dos años yo escribí esto. Hace algunos años más yo empecé a soñar con un viaje que por entonces me parecía irreal e imposible, con visitar la ciudad en la que nunca he estado pero que mejor conozco del mundo.  Y han pasado muchas cosas desde entonces, muchos giros en mi vida y muchas ilusiones y decepciones nuevas, (y muchos habéis ido antes que yo, malditos, y me habéis dado mucha envidia)  pero la promesa de la #operaciónNY2018 siempre ha permanecido ahí.

Mañana pillo el avión para Nueva York y la verdad es que todavía no me lo creo del todo. Supongo que hasta que no me zampe tres perritos en Times Square y mis arterias pidan socorro no terminaré de hacerme a la idea...


Podréis seguir mis andanzas por tuiter con el hashtag oficial del evento (#operaciónNy2018) o esperar a que vuelva y os fría a fotos y vídeos.  Porque os voy a freír y lo sabéis, que diría Julio Iglesias.


Voy a cumplir uno de los sueños de mi vida. 

Después tendré que buscarme otro, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.