Para unirme al carro de las más nuevas tecnologías y actualizar mi blog lo máximo posible, he añadido Una de Rizos... a FeedBlitz. Así, si queréis mayor comodidad todavía a la hora de saber si mi blog tiene nuevos posts o no, podéis recibir un mail informativo cada vez que yo actualice. ¿Cómo? Suscribiéndoos ahí abajo, en la columna de la derecha. Recibiréis un correo para daros de alta en los Feeds y listo.
De esta forma no tendréis que entrar en mi blog para ver las novedades, sino que os llegará un mail donde podréis leer un adelanto de mis nuevos posts y desde el cual podréis entrar pinchando un link directo. Sé que tengo pocos lectores, y por eso intentaré cuidarlos al máximo facilitándoles las cosas todo lo que pueda XD
Besotesss ^_^
16 febrero 2007
13 febrero 2007
Manifiesto del mal blogger
¡Bloggers del mundo, únanse a este manifesto!
¿Están hartos de que les recuerden lo mal que llevamos nuestro blog?¿Están hartos de los viejos consejos de siempre? (escribe regularmente, ten una temática definida, haz entradas concisas, etc…)
Porque teniendo en cuenta que:
I.Nunca vamos a conseguir miles y miles de visitas ni, muchísimo menos, vivir de nuestro blog, ni conseguir el Pulitzer…
II. No creemos que la calidad de un blog venga marcada por su número de visitas ni por la cantidad de páginas que lo enlacen.
III. Sabemos y aceptamos que el 80% de nuestras visitas procederán de los buscadores, y estamos felices con ello. (O como mínimo, nos conformamos)
Y, sobre todo:
IV. No escribimos para satisfacer al lector, sino para satisfacer nuestras ansias de escribir y comunicar. Si sólo a diez personas les gusta nuestro blog, estaremos tan felices como si les gusta a mil.
Manifestamos que:
V. El miedo a que un post no guste provoca una retorcida forma de autocensura. Una autocensura que coarta nuestra libertad artística y comunicativa. Nosotros no somos medios de comunicación forzados a vigilar nuestra popularidad. Tenemos el privilegio de no tener miedo al mercado ni a las críticas… ni al olvido. ¡No lo tengamos!
VI. Es posible que seamos felices si uno de nuestros posts se hace popular y se difunde por la blogósfera. Pero nos comprometemos a no buscarlo, ni escribiendo lo que consideráremos más popular, ni de ninguna otra forma.
VII. Somos personas complejas, no maquinas especializadas. Por ello, escribiremos aquello que nos parezca interesante compartir, sin importar su temática ni su idoneidad.
Y, en resumidas cuentas:
VIII. Este es mi blog.
IX. Yo me lo guiso y yo me lo como.
X. Si a alguien no le gusta, que no lo lea.
¡Si eres un blogger auténtico haz de este manifiesto algo tuyo!
a. Si no te gusta parte del texto o te apetece añadir algo, cámbialo sin complejos.
b. No cites de donde has sacado este manifiesto. (A menos que sea de mi blog... esto es aportación personal xD)
c. No digas quien ha escrito este manifiesto.
d. Ni se te ocurra poner un link a este post que estás leyendo, a no ser que sea para criticarlo o para anunciarlo sin hacerlo tuyo.
e.Es posible que estés leyendo este manifiesto en un blog y no sepas si lo ha escrito el dueño o no del blog. ¿Acaso importa?
Porque todo blogger tiene derecho a ser mal blogger, y estar orgulloso de ello.
--------------------------------------------------------------------------
Por cierto, aprovecho este tono de denuncia para informar al mundo entero de que aún existen muchísimas injusticias y trabajadores que promueven el machismo en el Corte Inglés.
Lo digo porque la otra tarde paseaba yo con mi amigo J. por el piso inferior, el de las colonias y los cosméticos, y nos abordó un caballero ataviado con el típico traje de chaqueta de dependiente. Bueno, no nos abordó. El buen señor pasó de mí literalmente como si yo fuese invisible, y se plantó delante de mi amigo con su mejor sonrisa Profident para decirle de corrido: "Buenas tardes, caballero, ¿tienen ustedes nuestra tarjeta del Corte Inglés? Con ella podrán disfrutar de todas nuestras ventajas y descuentos y podrá hacerle un gran bien a su economía familiar" ...
El pobre J. se quedó de piedra, pero yo reaccioné fugaz cual gacela que huye y, frunciendo el ceño, le dije al tío trajeado "no, gracias" y tiré del brazo de mi amigo para alejarnos de allí lo antes posible. Estaba tremendamente indignada, cabreada y repleta de furia. ¿Acaso yo no puedo poseer su tarjeta? ¿Es que no tengo pinta de trabajar y ganar dinero sólo por tener tetas? O, ya proponiéndome a ampliar el campo de sus insinuaciones, ¿es que J. y yo parecemos una típica familia feliz en la que él es el que tiene pinta de traer el dinero a casa, y yo de preparar la comida con delantal y rulos?
Desde luego no pienso solicitar su maldita tarjeta y, si alguna vez lo hiciese, me dirigiría yo sola expresamente a ese dependiente para decirle que no me dé una tarjeta, que me dé dos o tres... una para cada cuenta multimillonaria suiza de las que soy única titular.
¿Están hartos de que les recuerden lo mal que llevamos nuestro blog?¿Están hartos de los viejos consejos de siempre? (escribe regularmente, ten una temática definida, haz entradas concisas, etc…)
Porque teniendo en cuenta que:
I.Nunca vamos a conseguir miles y miles de visitas ni, muchísimo menos, vivir de nuestro blog, ni conseguir el Pulitzer…
II. No creemos que la calidad de un blog venga marcada por su número de visitas ni por la cantidad de páginas que lo enlacen.
III. Sabemos y aceptamos que el 80% de nuestras visitas procederán de los buscadores, y estamos felices con ello. (O como mínimo, nos conformamos)
Y, sobre todo:
IV. No escribimos para satisfacer al lector, sino para satisfacer nuestras ansias de escribir y comunicar. Si sólo a diez personas les gusta nuestro blog, estaremos tan felices como si les gusta a mil.
Manifestamos que:
V. El miedo a que un post no guste provoca una retorcida forma de autocensura. Una autocensura que coarta nuestra libertad artística y comunicativa. Nosotros no somos medios de comunicación forzados a vigilar nuestra popularidad. Tenemos el privilegio de no tener miedo al mercado ni a las críticas… ni al olvido. ¡No lo tengamos!
VI. Es posible que seamos felices si uno de nuestros posts se hace popular y se difunde por la blogósfera. Pero nos comprometemos a no buscarlo, ni escribiendo lo que consideráremos más popular, ni de ninguna otra forma.
VII. Somos personas complejas, no maquinas especializadas. Por ello, escribiremos aquello que nos parezca interesante compartir, sin importar su temática ni su idoneidad.
Y, en resumidas cuentas:
VIII. Este es mi blog.
IX. Yo me lo guiso y yo me lo como.
X. Si a alguien no le gusta, que no lo lea.
¡Si eres un blogger auténtico haz de este manifiesto algo tuyo!
a. Si no te gusta parte del texto o te apetece añadir algo, cámbialo sin complejos.
b. No cites de donde has sacado este manifiesto. (A menos que sea de mi blog... esto es aportación personal xD)
c. No digas quien ha escrito este manifiesto.
d. Ni se te ocurra poner un link a este post que estás leyendo, a no ser que sea para criticarlo o para anunciarlo sin hacerlo tuyo.
e.Es posible que estés leyendo este manifiesto en un blog y no sepas si lo ha escrito el dueño o no del blog. ¿Acaso importa?
Porque todo blogger tiene derecho a ser mal blogger, y estar orgulloso de ello.
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Por cierto, aprovecho este tono de denuncia para informar al mundo entero de que aún existen muchísimas injusticias y trabajadores que promueven el machismo en el Corte Inglés.
Lo digo porque la otra tarde paseaba yo con mi amigo J. por el piso inferior, el de las colonias y los cosméticos, y nos abordó un caballero ataviado con el típico traje de chaqueta de dependiente. Bueno, no nos abordó. El buen señor pasó de mí literalmente como si yo fuese invisible, y se plantó delante de mi amigo con su mejor sonrisa Profident para decirle de corrido: "Buenas tardes, caballero, ¿tienen ustedes nuestra tarjeta del Corte Inglés? Con ella podrán disfrutar de todas nuestras ventajas y descuentos y podrá hacerle un gran bien a su economía familiar" ...
El pobre J. se quedó de piedra, pero yo reaccioné fugaz cual gacela que huye y, frunciendo el ceño, le dije al tío trajeado "no, gracias" y tiré del brazo de mi amigo para alejarnos de allí lo antes posible. Estaba tremendamente indignada, cabreada y repleta de furia. ¿Acaso yo no puedo poseer su tarjeta? ¿Es que no tengo pinta de trabajar y ganar dinero sólo por tener tetas? O, ya proponiéndome a ampliar el campo de sus insinuaciones, ¿es que J. y yo parecemos una típica familia feliz en la que él es el que tiene pinta de traer el dinero a casa, y yo de preparar la comida con delantal y rulos?
Desde luego no pienso solicitar su maldita tarjeta y, si alguna vez lo hiciese, me dirigiría yo sola expresamente a ese dependiente para decirle que no me dé una tarjeta, que me dé dos o tres... una para cada cuenta multimillonaria suiza de las que soy única titular.
11 febrero 2007
San Valentín vs la Rizos
Se acerca el día. El aire ya me huele a azufre y las calles están repletas de carteles estúpidos y escaparates inundados de corazones y bombones. Es algo inevitable y además sucede cada 14 de Febrero pero, me temo, jamás conseguiré acostumbrarme.
San Valentín es defendido por millones de parejas pastelosas y cursis que se regalan cosas este día "porque sí, porque es romántico". Otra gente lo defiende incluso estando soltero/a, que es todavía más imperdonable por eso de que dicen que el amor te atonta y no te deja pensar con claridad. Pero joder, ¿estando solo también te llenas la cabeza de corazoncitos? Así va el país, ciertamente.
Por cierto, y antes de que los felizmente casados o ennoviados me salten al cuello... Yo también he tenido pareja aunque ahora esté soltera, y nunca me ha gustado este día. Considero mucho más romántico regalar el mismo ramo de flores cualquier otro día, simplemente por el placer de regalar, y no porque toque.
Desde este blog hago público mi manifiesto Anti-San valentín. Si, como yo, no soportas este fatídico día... déjanos tu historia o tus razones anti-pasteladas en los comentarios, para intentar hacer entrar en razón a aquellos que siguen abducidos por Cupido. Entre todos quizá lo consigamos xD
San Valentín es defendido por millones de parejas pastelosas y cursis que se regalan cosas este día "porque sí, porque es romántico". Otra gente lo defiende incluso estando soltero/a, que es todavía más imperdonable por eso de que dicen que el amor te atonta y no te deja pensar con claridad. Pero joder, ¿estando solo también te llenas la cabeza de corazoncitos? Así va el país, ciertamente.
Por cierto, y antes de que los felizmente casados o ennoviados me salten al cuello... Yo también he tenido pareja aunque ahora esté soltera, y nunca me ha gustado este día. Considero mucho más romántico regalar el mismo ramo de flores cualquier otro día, simplemente por el placer de regalar, y no porque toque.
Desde este blog hago público mi manifiesto Anti-San valentín. Si, como yo, no soportas este fatídico día... déjanos tu historia o tus razones anti-pasteladas en los comentarios, para intentar hacer entrar en razón a aquellos que siguen abducidos por Cupido. Entre todos quizá lo consigamos xD

02 febrero 2007
27 enero 2007
A las 7:05 exactamente
Todas las mañanas repito los mismos movimientos como un ritual, como si mi cuerpo fuese una máquina cuya labor fuese ejecutar las mismas acciones a diario. Es una de mis manías: ponerme siempre primero el calcetín y el zapato derecho, guardar el móvil en el bolso nada mas ponerme en pie, recogerme el pelo antes de lavarme los dientes, tomarme el café justo antes de ponerme el abrigo y salir zumbando o intentar llegar siempre a la parada del autobús a las 7:05 a.m. exactamente.
Y a veces me gusta comprobar que no soy el único animal de costumbres del planeta. Cada mañana, (a las 7:05 exactamente) en la parada donde cojo el autobús hay una pareja de novios que, supongo, tienen la manía de intentar llegar a las 7:04 todos los días.
Como ya somos casi conocidos, cuando paso junto a ellos para colocarme en la fila de gente que espera les saludo con la mano y les sonrío, puesto que no hay nada que me alegre más el día que la primera sonrisa de la mañana. Ellos me devuelven la sonrisa y continuan charlando ajenos al resto del mundo hasta que llega el autobús. Entonces el muchacho le coje de la mano con los ojos tristes, le da un beso dulce y sincero en los labios y le dice: "hasta luego"... Ella se gira mirando hacia el suelo, se monta en el autobús y le observa por la ventanilla hasta que el autocar está demasiado lejos como para verle.
Reconozco que soy un poco cotilla y que la primera mañana que les vi despedirse, con tanto amor y tanto cariño, pensé que no se volverían a encontrar en mucho tiempo y que por eso los dos tenían esas miradas tan mustias. Pero a la mañana siguiente allí estaban otra vez, puntuales, así que tuve que quedarme con la idea de que quizá, cuando se ama, cualquier despedida es triste.
Ayer hacía mucho frío. 2 grados centígrados, dijo el señor del tiempo por la radio mientras me ponía dos pares de calcetines uno sobre otro (el derecho primero y después el izquierdo). Me puse el chaquetón y salí de camino a la parada pensando en lo bonita que estaría Málaga si nevase alguna vez y todo se cubriese de blanco, como en las películas. Y cuando mi reloj marcó las 7:05 y me coloqué al final de la cola de la parada del autobús... les vi. Bueno, en realidad le vi a él, rodeando con su propio abrigo a la chica que, acurrucada en su regazo e inmóvil, tan sólo enseñaba los pies por debajo. Los dos quietos y en silencio, ausentes, como si la vida que giraba y paseaba a su alrededor no tuviese nada que ver con ellos. Tan sólo estaban él, ella y los 2 grados de temperatura tras el abrigo.
Le saludé a él con la mano y la sonrisa, como de costumbre, y me devolvió el saludo esta vez con un ligero castañeteo de dientes. Ella no me vio, claro, puesto que seguía envuelta por el abrigo y los brazos de su novio y no parecía dispuesta a volver a la fría realidad matutina.
El autobús tardó cinco minutos más de lo habitual, y con éllos todos los que estábamos allí nos pusimos a protestar, a quejarnos por el frío y a poner verde el sistema de transporte público malagueño. Todos menos ellos dos, que hubiesen podido continuar en su posición de estatua cariñosa hasta el fin de los tiempos, bajo nieve o huracán.
Cuando por fin el autobús llegó y los presentes fuimos entrando uno a uno, me giré para observar cómo él besaba a su amada en la frente para sacarla de su estado de hibernación, le decía algo al oído con los ojos más cariñosos que he visto jamás y le abrochaba el último botón de la chaqueta. Ella le dio un beso en los labios, agradecida, y le regaló el "hasta luego" más triste de la Galaxia justo antes de separarse.
La chica subió al autobús detrás de mí y se sentó a mi lado, en la ventanilla, para poder seguir observándole mientras nos alejábamos camino del centro. Él todavía tuvo tiempo de lanzarle otro beso antes de cerrarse su abrigo y volver a donde quiera que pase su día.... sin ella.
No lo saben y seguramente ni sospechen ser importantes para nadie... pero gracias a ellos vuelvo a tener fe en el amor.
Y a veces me gusta comprobar que no soy el único animal de costumbres del planeta. Cada mañana, (a las 7:05 exactamente) en la parada donde cojo el autobús hay una pareja de novios que, supongo, tienen la manía de intentar llegar a las 7:04 todos los días.
Como ya somos casi conocidos, cuando paso junto a ellos para colocarme en la fila de gente que espera les saludo con la mano y les sonrío, puesto que no hay nada que me alegre más el día que la primera sonrisa de la mañana. Ellos me devuelven la sonrisa y continuan charlando ajenos al resto del mundo hasta que llega el autobús. Entonces el muchacho le coje de la mano con los ojos tristes, le da un beso dulce y sincero en los labios y le dice: "hasta luego"... Ella se gira mirando hacia el suelo, se monta en el autobús y le observa por la ventanilla hasta que el autocar está demasiado lejos como para verle.
Reconozco que soy un poco cotilla y que la primera mañana que les vi despedirse, con tanto amor y tanto cariño, pensé que no se volverían a encontrar en mucho tiempo y que por eso los dos tenían esas miradas tan mustias. Pero a la mañana siguiente allí estaban otra vez, puntuales, así que tuve que quedarme con la idea de que quizá, cuando se ama, cualquier despedida es triste.
Ayer hacía mucho frío. 2 grados centígrados, dijo el señor del tiempo por la radio mientras me ponía dos pares de calcetines uno sobre otro (el derecho primero y después el izquierdo). Me puse el chaquetón y salí de camino a la parada pensando en lo bonita que estaría Málaga si nevase alguna vez y todo se cubriese de blanco, como en las películas. Y cuando mi reloj marcó las 7:05 y me coloqué al final de la cola de la parada del autobús... les vi. Bueno, en realidad le vi a él, rodeando con su propio abrigo a la chica que, acurrucada en su regazo e inmóvil, tan sólo enseñaba los pies por debajo. Los dos quietos y en silencio, ausentes, como si la vida que giraba y paseaba a su alrededor no tuviese nada que ver con ellos. Tan sólo estaban él, ella y los 2 grados de temperatura tras el abrigo.
Le saludé a él con la mano y la sonrisa, como de costumbre, y me devolvió el saludo esta vez con un ligero castañeteo de dientes. Ella no me vio, claro, puesto que seguía envuelta por el abrigo y los brazos de su novio y no parecía dispuesta a volver a la fría realidad matutina.
El autobús tardó cinco minutos más de lo habitual, y con éllos todos los que estábamos allí nos pusimos a protestar, a quejarnos por el frío y a poner verde el sistema de transporte público malagueño. Todos menos ellos dos, que hubiesen podido continuar en su posición de estatua cariñosa hasta el fin de los tiempos, bajo nieve o huracán.
Cuando por fin el autobús llegó y los presentes fuimos entrando uno a uno, me giré para observar cómo él besaba a su amada en la frente para sacarla de su estado de hibernación, le decía algo al oído con los ojos más cariñosos que he visto jamás y le abrochaba el último botón de la chaqueta. Ella le dio un beso en los labios, agradecida, y le regaló el "hasta luego" más triste de la Galaxia justo antes de separarse.
La chica subió al autobús detrás de mí y se sentó a mi lado, en la ventanilla, para poder seguir observándole mientras nos alejábamos camino del centro. Él todavía tuvo tiempo de lanzarle otro beso antes de cerrarse su abrigo y volver a donde quiera que pase su día.... sin ella.
No lo saben y seguramente ni sospechen ser importantes para nadie... pero gracias a ellos vuelvo a tener fe en el amor.
15 enero 2007
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